Las empresas reforestan al país

Cada vez más compañías impulsan a sus empleados para contribuir con el medio ambiente; este año 400,000 árboles fueron sembrados por la inciativa privada.
Empresas en la capital y Guadalajara hicieron excursiones pa

Al entrar a su oficina ese lunes de septiembre, lo primero que vio fue una decena de caras enrojecidas, cómplices y sonrientes, como el rostro que notó esa mañana en el espejo de casa.

El sábado anterior, Gustavo Pérez Berlanga, sus dos hijas y unos 40 empleados de Toks con sus familias viajaron ‘como vacas’, en camiones de redilas, hasta unas laderas pelonas cerca del Nevado de Toluca, para pasar la mañana plantando la especie de pino nativa del lugar.

Una vez ahí, a 3,800 metros sobre el nivel del mar, los voluntarios del grupo Manos a la Tierra les enseñaron a preparar la tierra, a proteger las frágiles raíces del viento helado y la manera correcta de colocar el joven árbol de vivero en su nuevo hogar. “Es curioso, lo planeamos como una actividad de responsabilidad social y de manera adicional logramos una integración maravillosa”, cuenta Pérez Berlanga, director comercial de la cadena de restaurantes. La empresa puso a la gente, el transporte y la comida, y Manos a la Tierra aportó los árboles y la experiencia.

El grupo de Toks fue uno de entre decenas de otras empresas que este año salieron a reforestar. La iniciativa privada plantó cerca de 400,000 árboles, estima el gobierno federal. Si todo va bien y hay seguimiento, habrán ayudado a recuperar 400 hectáreas de bosque, concentradas sobre todo en el Valle de México y Jalisco.

Bimbo, Wal-Mart, Coca-Cola, Ford, Scotiabank, Holcim Apasco, Tokio Marine, Nutresa, Beisa, hsbc, kpmg, Televisa y TV Azteca, también se lanzaron al bosque este verano, y sus árboles comienzan a nutrirse de la húmeda tierra de la Sierra de Guadalupe, del Ajusco, del Parque Izta-Popo, del Nevado de Toluca y del bosque La Primavera, en Jalisco.

Obras son amores y buenas razones

El tsunami en Asia impulsó la cultura ambiental mundial tanto como el 11 de septiembre alimentó el miedo al terrorismo. Hoy el calentamiento global está de moda, y su fantasma, vestido de inundaciones y huracanes, estremece a todos desde la explícita pantalla del televisor. “Ha habido mucha publicidad sobre el cambio climático; hay un auge por hacer algo y me parece un interés auténtico”, opina Ernesto Herrera, director general de Reforestamos México, asociación civil de Grupo Bimbo, que desde 2002 trabaja para recuperar bosques, selvas y manglares.

Scotiabank inició un programa de reciclaje de papel este año y contactó a la organización civil Naturalia para que la ayudara a organizar su primera reforestación, en respuesta a la inquietud que sus empleados manifestaron en una encuesta, cuenta Rodrigo Villaseñor, ejecutivo de Responsabilidad Social del banco. “Teníamos descuidado el tema ambiental, a pesar de que las organizaciones financieras utilizamos una gran cantidad de papel”, explica Elsa Mercado, directora adjunta de Comunicación Corporativa de Scotiabank en México.

Unas 400 personas, entre trabajadores, ejecutivos y familias, plantaron cerca de 1,000 árboles en las faldas del Ajusco. Gran parte del mérito, dice Villaseñor, fue de Naturalia, “porque nosotros tenemos la buena voluntad, pero no sabíamos hacerlo”.

Financiada con el ahorro en energía que logran las fábricas de Bimbo, Reforestamos México desarrolla y ejecuta medio centenar de programas de recuperación en todo el país. Y, además, invita y asesora a otras empresas a colaborar con la causa.

Este año, la mayor colaboración la logró con Wal-Mart. Con apoyo de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), plantaron 150,000 árboles en todo el país, durante la temporada de lluvias. “Fueron varias jornadas y entre ambas empresas llevamos 10,000 voluntarios”, cuenta Herrera.

Labor hormiga

Otras asociaciones, más modestas en recursos y logística, pero con el mismo afán por conservar el medio ambiente, también ganan del apoyo de las empresas para alcanzar sus objetivos. Con apenas 14 personas en su directorio, Naturalia mueve cada año a miles de voluntarios a través de su programa Reforesta con las empresas. Rara vez hemos tocado puertas, asegura Héctor Marcelli, coordinador de Reforestación de la organización. “Son las empresas las que nos buscan y se pasan la voz de lo bueno que resulta como actividad corporativa y de responsabilidad social. Nutresa, Beisa, Novartis o hsbc reforestan cada año”, comenta Marcelli. El mantenimiento de las zonas reforestadas corre a cargo de Naturalia durante su primer año. Luego, queda en manos de la Conafor.

“No es muy común que una empresa dé seguimiento, pero nos preocupa más contar con las manos para plantar mientras es temporada. Sólo son cuatro meses y hay que trabajar fuerte”, explica Marcelli, quien tiene diversos proyectos para extender las acciones de Naturalia fuera del Valle de México.

Con 1,000 voluntarios independientes y acciones con empresas que han llevado a entre 100 y 4,000 personas, Naturalia ha plantado en cinco años unos 55,000 árboles. De ésos, sobreviven entre 50 y 80%, asegura Marcelli.

Por la asesoría, la herramienta y los árboles, Naturalia recibe de las compañías una aportación de 45,000 pesos por cada 100 personas que participan en la reforestación. Las empresas se hacen cargo del transporte de su gente y, si lo desean, organizan un convivio posterior.

Este año, Naturalia se unió a Reforestamos México, al Gobierno del Distrito Federal, a la Asociación de Scouts y a empresas como Wal-Mart, hsbc y Nutresa para formar el Cinturón Verde Valle de México, programa de cinco años para recuperar las áreas verdes protegidas de la zona. Estas excursiones al campo no sólo benefician las laderas y los llanos. Las empresas que las hacen han hallado también una manera para mejorar su clima de trabajo. “Se crea el mismo sentido de pertenencia que en otro tipo de convivios, como el de fin de año, pero es menos oneroso”, señala Ricardo Sainz, del departamento de Recursos Humanos de la compañía de seguros Tokio Marine, una firma con 120 empleados en México y la séptima más grande del mundo. “Se gasta más con los árboles, pero es un donativo y sus beneficios en todos sentidos son mayores”, dice Sainz.

Otras empresas como Beisa (Beneficiadora e Industrializadora S.A.) asumen, además, que toda acción a favor del medio ambiente “no debe verse como un gasto, sino como una inversión”, señala Guillermo Pérez Salicrup, gerente general de esta compañía, una filial de Schering Plough, a la que dota de materia prima.

Por un México verde

Según datos de la Conafor, este 2007 la iniciativa privada plantó alrededor de 400,000 árboles. La cifra se desvanece ante la meta gubernamental de sembrar 250 millones.

Sin embargo, sus acciones adquieren relevancia en términos educativos. “Es un error medir su impacto en forma numérica, no es papel de las empresas hacer este trabajo”, comenta Vicente Arriaga, coordinador general de Conservación y Restauración de la dependencia. El aporte real está en fomentar entre los empleados y sus familias una cultura de respeto al ambiente, comenta.

En este sentido, afirma Arriaga, para recuperar nuestros bosques como lo hizo Europa, es clave “impulsar una cultura de la reforestación efectiva”, en la que tanto la sociedad civil como las empresas no sólo se llenen las manos de tierra un día al año, sino que se hagan responsables de sus árboles o zonas recuperadas.

“Reforestar no basta, hay que adoptar la zona. Ir de tanto en tanto a darle mantenimiento y protección al menos por cinco años, cuando los árboles ya estarán fuertes. El impacto sería más real y contundente”, explica.

El gobierno federal se comprometió con la onu a sembrar 250 millones de árboles este año en todo el país. La Conafor no invitó a la iniciativa privada a trabajar en ello. “No teníamos disponible plantas más que para cumplir ese programa”, dice Arriaga. Sin embargo, la dependencia colaboró con las acciones de algunas firmas con las que ha trabajado por años.

Entre ellas están Bimbo, Wal-Mart, Ford, Televisa, American Express, Cemex, Televisa y tv Azteca o Coca-Cola. Además de llevar a sus empleados al campo, “financian proyectos completos, aportan recursos económicos para que especialistas hagan todo lo necesario para restaurar una zona. Ese esquema funciona muy bien”, asegura el funcionario.

Para Arriaga es clara la división entre las empresas “comprometidas con la causa” y las que sólo “quieren dar un golpe publicitario y vestirse de verde un día”. Y opina que “sería bueno que adoptaran un esquema de reforestación-mantenimiento más comprometido y honesto”.

Con todo, al final agradece cada árbol plantado, pues la deuda forestal de México asciende a casi 18 millones de hectáreas (unos 18,000 millones de árboles), que, estima, llevará no menos de seis décadas subsanar.

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