México incorpora tecnología en las aulas

Las escuelas se ‘tecnologizan’ con nuevos pizarrones que abren y crean otros caminos digitales; el país ha designado 1,800 mdd para este proyecto que pretende mejorar la educación.
Los pizarrones interactivos ayudan a que la atención de los  (Foto: )
Alejandro Ángeles

La instrucción es el punto de partida: “Tu dedo es como el mouse”, dice la profesora. A un lado, el alumno sigue atento la indicación; toca la pantalla y, como por arte de magia, en una sección del pizarrón se despliega una ficha relativa a la fisiología de la jirafa. En el salón se escucha un ¡guauuu! colectivo, seguido de manos levantadas con el índice agitándose. Es la clase de ciencias naturales de quinto grado en una escuela pública de la colonia Del Valle, en el DF.

Como en otras 70,000 aulas en escuelas de todo el país, una generación es testigo de un nuevo paradigma: el uso de pizarrones inteligentes como herramienta de enseñanza. “Son una especie de caballo de Troya que introduce la tecnología a los salones”, dice a Expansión Nancy Knowlton, fundadora y directora general de SMART Technologies, una firma canadiense que desarrolla esos pizarrones interactivos.

El aparato se instala al centro del salón de clases. Pero, a diferencia de los pizarrones verdes (o negros, e, incluso, blancos, donde se escribe con plumón), en los interactivos es posible utilizar diferentes medios alternativos. En escuelas públicas y privadas, los maestros y los alumnos escriben a través de sensores o con sus propios dedos. La información la pueden editar, salvar, imprimir o mandar por correo electrónico si el pizarrón está conectado.

A la fecha, y como uno de los pocos resultados acreditados al polémico programa Enciclomedia, en el país se han instalado aproximadamente 80,000 pizarrones de SMART Technologies, la mayoría en escuelas públicas (55,000, y 15,000 en planteles privados), sobre todo en aulas para grupos de quinto y sexto grados. Es apenas una fracción del total de salones en el país. Según la Secretaría de Educación Pública, hay 850,000 de niveles primaria y secundaria.

El proyecto Enciclomedia se ha topado con problemas sindicales y operativos, pero la instalación de pizarrones interactivos sigue. De acuerdo con Roberto Himmelbauer, director general de VideoNet, representante de SMART Technologies en México, el objetivo es instalar 140,000 pizarrones en primarias y 42,500 en secundarias.

Recientemente, VideoNet participó en la licitación para vender al gobierno 41,000 pizarrones interactivos para la segunda fase de Enciclomedia, junto con empresas como Theos (un integrador de sistemas mexicano) y el fabricante de computadoras Lanix.

Nancy Knowlton señala que el cambio de gobierno no ha impedido que SMART Technologies continúe siendo un proveedor para Enciclomedia. “México ha designado una inversión de 1,800 mdd para este proyecto”, puntualiza. “Con las licitaciones en que participamos estaremos llegando a casi 180,000 pizarrones interactivos en los salones del país. México es un mercado muy importante para nosotros”.

Más que dedos

Básicamente, un aparato interactivo como los de SMART Technologies es una pantalla sensible al tacto que se conecta a un equipo de cómputo. Dependiendo del modelo, el proyector (que puede ser montado frente a la pantalla o detrás de ésta) despliega las imágenes de la computadora en la pantalla. El usuario simplemente toca la superficie, ya sea con un dedo o algún dispositivo especial, para controlar las aplicaciones y escribir.

“Es una ventana a un universo de recursos digitales”, asegura Knowlton. “Los usuarios tienen acceso a los contenidos a través de internet o por la información en el disco duro de la computadora”.

La empresa canadiense es privada, por lo que no revela sus ventas, pero según la directiva, la firma terminará 2006 con una base instalada de un millón de pizarrones, emplea a 1,000 personas y ha recibido inversión por parte de Intel (socio estratégico en tecnología, desarrollo de contenido y capacitación a maestros).

La solución típica que ofrece para un salón de clases consta de tres partes de hardware: una computadora, un proyector de datos y el pizarrón. Además, hay que considerar software, dispositivos de señalización inalámbrica y bocinas. Además, requiere una PC.

El costo del hardware y software educativo básico es de unos 22,000 pesos, pero siempre se puede escalar, de acuerdo con las necesidades de cada escuela, o empresa, que también hay soluciones para corporativos. “Ya trabajamos con empresas privadas y públicas, como Pemex”, dice Himmelbauer.

El reto

Un obstáculo para el uso de nuevas tecnologías en los salones de clase es la raquítica inversión destinada a la educación en el país.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el gasto anual por estudiante de primaria en México es de 1,096 dólares, cuando la media en los otros países miembros es de 4,148 dólares.

Si se extiende a todo el ciclo, de primaria hasta la educación superior, el país invierte al año 2,128 dólares por estudiante, contra 7,572 del promedio en la OCDE.

Esto es consecuencia de que casi 85% del presupuesto educativo, por lo menos en lo que respecta a la educación básica, se destina al pago de los profesores.

Con ello será difícil pensar en tener en México los llamados “salones de clase del siglo XXI”. De acuerdo con Anne Show, directora de 21st Century Schools, una fundación que promueve la adopción de nuevas tecnologías educativas en todo el mundo, el nuevo paradigma educativo se debe basar en “múltiples habilidades más allá de leer, escribir y sumar”.

La especialista dice que el modelo educativo que se necesita en un mundo más globalizado requiere mantener la atención de los estudiantes en la clase y su contenido, pero respetando su libertad, individualidad y creatividad.

Pero aparte de las cualidades pedagógicas requeridas, los salones del siglo XXI, en cualquier país, demandan mayor inversión. Michael Hall, un experto en la revolución educativa, asevera que el salón del siglo XXI, con tecnología, capacitación para los profesores y contenidos dinámicos y actualizados, requiere una inversión de por lo menos 250 dólares por estudiante.

Es decir, un poco más de 20% de lo que, según la OCDE, se destina al gasto per cápita por alumno en México.

“Hasta en los países emergentes se puede conseguir”, dice Hall. Asegura que la inversión más fuerte es en la parte tecnológica, pero es de una sola vez. “A medida que la penetración de computadoras y dispositivos interactivos aumente en las escuelas, su costo bajará y sólo se tendrá que pagar el mantenimiento y las actualizaciones del software educativo”, asegura.

En México, el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE) es quien lleva la batuta en la capacitación de profesores para convertir las casi 200,000 escuelas a nivel básico del país en ambientes de aprendizaje interactivos. Una pieza fundamental son los pizarrones, que, señalan directivos del instituto, contribuyen a comprender mejor los conceptos vistos en clase.

Al infinito y más allá

De acuerdo con Knowlton, considerada como una de las mujeres más poderosas en los negocios de Canadá, los salones de clases son un universo donde las nuevas tecnologías pueden desarrollarse a plenitud, rebasando los límites en que fueron concebidas.

No es remoto, dice, que cada superficie que se encuentre en el aula pueda funcionar como una estación interactiva. La directiva explica que cuentan con testimonios de profesores que utilizan los pizarrones con reproductores de MP3, sobre todo en niveles universitarios. Además, hay una ubicuidad en medios, pues los SMART han salido en programas como CSI.

“Probablemente la era del gis y el pizarrón no terminará, pero sí la forma en que los niños aprenden. Las imágenes y la interacción traerán al futuro por medio de las nuevas paredes mágicas”, asegura Nancy Knowlton.

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