Los retos de la ergonomía

Aunque es una de las carreras mejor pagadas, en México sólo hay 250 ergonomistas y 30 activos; de los 12 proyectos que se hacen en Estados Unidos al año, sólo uno o dos llegan al mundo comer
El modificar un objeto ya conocido implica la labor de vario
Nelly Acosta V.

Parece que fue ayer. Hace no más de 20 años, Carlos Espejo, presidente del Colegio Nacional de Ergonomía, en México, inició junto con unos 40 colegas el desarrollo de ese conocimiento que busca resolver el binomio entre la máquina y el hombre. Fue una hazaña, lograda con base en arduas sesiones de capacitación, en Estados Unidos y México, “porque, en aquellos tiempos, en las instituciones de estudios superiores no existía como licenciatura, mucho menos como maestría”, recuerda.

No es una situación exclusiva de México. De acuerdo con la Asociación Española de Ergonomía, hay apenas 500,000 ergónomos en todo el mundo. La Sociedad de Ergonomistas de México (SEMAC) tiene 250 miembros y apenas 30 de ellos están activos.

Y no se trata de falta de demanda, sino de costos. La Organización Internacional del Trabajo dice que ésta es una de las especialidades mejor pagadas (un promedio de 35 dólares al año) y una de las 19 profesiones que más incrementarán su popularidad en 10 años.

¿Habrá entonces mejores productos, considerando que una de las máximas de la ergonomía es crear objetos que sean seguros y fáciles de adaptar al comportamiento humano? No necesariamente. Según los expertos, hay demasiadas barreras culturales para crear y consumir objetos ergonómicos, aun cuando sean más cómodos y seguros.

En Estados Unidos se hacen al año sólo 12 proyectos ergonómicos, de los cuales quizás uno o dos llegan con éxito al mundo comercial. El área de hardware de Microsoft podría ser una de las que más ha impulsado ese tipo de objetos, pero han tenido escasa demanda, debido a que son hasta 500% más caros.

Además, modificar un objeto ya conocido (una silla de escritorio o el teclado de una PC) implica la labor de otros especialistas, como médicos, ingenieros, sociólogos y expertos en biomecánica y robótica, que hagan análisis funcionales, antropométricos, psicológicos y hasta fisiológicos. Un ejército para detectar las reacciones de la gente ante las cosas que comúnmente usa.

Quizás ésta sea la razón por la cual hasta el momento sólo entre 5 y 15% de los ergónomos que ejercen en el mundo se dedican a crear objetos nuevos, pues casi la mayoría de éstos (70%) se ha dado a la tarea de arreglar los problemas generados por la falta de condiciones ergonómicas.

Se calcula que, a nivel mundial, la ergonomía del diseño de objetos todavía tiene muchos retos que superar y, sobre todo, demostrar que puede ser redituable y competitiva, comercialmente hablando. Aun así, el optimismo es latente, incluso en México, pues como dice Espejo, “la ergonomía va en aumento, gracias al profesionalismo de quienes la practican y a los beneficios que arroja”.

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