Canonizarán a primer santo de Brasil

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SAO PAULO (AP) -

Cada día miles de creyentes se apiñan en un viejo monasterio en el centro de Sao Paulo y esperan horas para recibir diminutas bolitas de papel que creen milagrosas.

En ellas está escrita una oración citada por un monje franciscano del siglo XVIII y que está a punto de convertirse en el primer santo nacido en Brasil, el país con mayor número de católicos en el mundo.

Se calcula que más de un millón de personas asistirán el 11 de mayo a la misa en la que el papa Benedicto XVI canonizará a Antonio de Sant'Anna Galvao, el primer santo nacido en Brasil y conocido aquí simplemente como ''Frei Galvao'' (1739-1822).

Las ''pastillas de Frei Galvao'', que según sus creyentes curan desde la infertilidad hasta el mal de Alzheimer, están hechas de papel de arroz y en ellas está escrita en latín la siguiente oración: ''Después del parto, la virgen permaneció intacta. Madre de Dios, intercede por nosotros''.

Para ser bendecido por un milagro los devotos deben tragar tres de esas píldoras en un período de nueve días o una novena.

''Hace tres años, a mi madre le diagnosticaron el mal de Alzheimer y poco después ya no podía cuidarse a sí misma'', dijo Antonio Celso Poltronieri bajo el ardiente sol y mientras estaba parado en la fila frente al Monasterio Luz, donde se distribuyen las pastillas.

''Esta es la tercera vez que estoy aquí por las píldoras y todo lo que puedo decir es que dan resultado. Mi madre ahora se cuida, cocina, lava, pero su memoria aún es débil y por eso es que estoy aquí hoy'', agregó.

Pero para los médicos, e incluso algunos miembros de la Iglesia, las pastillas y su poder de curación no son más que un efecto placebo y superstición alimentada por un pedazo de papel.

Según los creyentes, entre 1785 y 1788 Galvao fue buscado por dos hombres que le pidieron rezar por la salud de sus familiares, uno enfermo de los riñones y otra mujer que tenía dificultades al dar a luz. El franciscano no pudo ir personalmente a ver a los enfermos, pero envió la oración escrita en un pedazo de papel y recomendó que lo hicieran tomar como remedio a los enfermos. Según la historia, ambas personas sanaron y desde entonces comenzó a extenderse por el país la fama de ''las pastillas de Frei Galvao''.

Monjas de clausura de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción preparan las más de 5.000 pastillas distribuidas diaria y gratuitamente en el monasterio.

La hermana Celia Cadorin, responsable de supervisar la vida, obra y santidad del candidato a los altares, dijo que el primer milagro atribuido a las pastillas de Galvao fue reportado en 1780 ''y hasta hoy siguen llegando tales reportes''.

El Vaticano exige por los menos dos milagros confirmados para la beatificación y posterior canonización.

Cadorin seleccionó dos casos, entre 5.000, los cuales fueron revisados por un equipo designado por el Vaticano. Galvao fue beatificado en 1998.

El primer caso se registró en 1990: Daniela Cristina da Silva, de cuatro años, entró en coma y tuvo un ataque cardíaco tras fallas en los riñones y el hígado provocadas por hepatitis A en la unidad de terapia intensiva del Hospital Emilio Ribas, en Sao Paulo.

''Los doctores me dijeron que rezara porque sólo un milagro la podría salvar'', dijo su madre Jacyra en una entrevista a la AP. ''Recé y mi hermana se metió en la unidad de cuidados intensivos e hizo tragar a mi hija las pastillas de Galvao'', relató.

Pocos días después una Daniela completamente curada fue dada de alta del hospital.

''Eso no fue un milagro'', aseguró Roberto Focaccia, un experto en enfermedades infecciosas en el Hospital Emilio Ribas. ''Las estadísticas muestran que un promedio de 50% de estos pacientes mueren y otro 50% se recupera completamente... ella tuvo suerte de estar entre el 50% que sobrevive a la enfermedad y sus complicaciones letales'', indicó.

El médico expresó preocupación por el hecho de que ''tantas personas piensen que pequeños pedazos de papel pueden reemplazar el tratamiento disponible en cualquier hospital decente en Brasil''.

El milagro que confirmó la santidad de Galvao se produjo en Sao Paulo en 1999, cuando Sandra Grossi de Almeida dio a luz a su hijo Enzo, pese a que una malformación congénita del útero le impedía albergar a un bebé por más de cuatro meses.

Sandra sufrió dos abortos, uno en 1993 y otro en 1994. En su tercer intento decidió seguir el consejo de una amiga de su madre y tomó las pastillas de Galvao y 32 semanas después, el 11 de diciembre de 1999, nació su hijo por cesárea.

''Nació muy morado, como torcido, como si no hubiera tenido espacio (en el útero), pero estaba perfecto de salud'', dijo Sandra, una química de 37 años.

''Existe la fe y yo creo que existe Dios allá arriba. Yo tuve la prueba'', agregó la mujer señalando a su hijo Enzo, ahora de siete años, mientras hablaba sentada en un banco de la iglesia Don Bosco, en Brasilia, donde reside.

La obstetra y ginecóloga de Almeida, Vera Lucia Delascio Lopes, dijo a la AP que ''el exitoso embarazo y el nacimiento de Enzo fueron un milagro... desde un punto de vista médico, su embarazo no debió haber ido más allá de la semana 28''.

''Por supuesto, las pastillas son placebo'', añadió. ''Pero los placebos ayudan a a fortalecer la determinación de los pacientes para mejorar o, en el caso de Sandra, a su embarazo. El poder de la mente puede curar a la gente''.

Una de las pocas personas que siempre se opuso enérgicamente a las pastillas fue el ex arzobispo Aloisio Lorscheider, uno de los más influyentes jerarcas de la iglesia católica de Brasil.

Poco después de la beatificación de Galvao en 1998, Lorscheider emitió una orden prohibiendo a las monjas hacer las píldoras que calificó de ''pequeños pedazos de papel que estimulan la superstición''.

''Si yo fuera hoy arzobispo, prohibiría esas pastillas de nuevo porque todo para lo que sirven es para engañar a la gente... pero, como en 1998, no creo que nada de lo que yo pueda decir parará su producción'', afirmó el prelado de 82 años.

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