¿Cuánto cuesta salir en el DF?

Entre las propinas a los franeleros y las limosnas en cada semáforo se erogan en promedio 50 pe los payasitos, limpia parabrisas y graneleros pueden ganar un promedio de 262 pesos diario.
Los derivados han demostrado proteger a las empresas, cuando  (Foto: )
CIUDAD DE MÉXICO (Notimex) -

Involuntariamente y muchas veces forzados, automovilistas llegan a desembolsar más de un salario mínimo al día (52.59 pesos) en propinas, limosnas y "servicios", como pago del derecho a circular tranquilamente y dejar estacionados sus vehículos en la vía pública.

El salir a la calle con automóvil implica tener que lidiar en cada semáforo con limpiaparabrisas, payasitos, malabaristas, tragafuegos, pedigüeños explotando lastimosamente su discapacidad, vejez y pobreza de sus hijos pequeños para obtener una moneda.

Ello, sin contar los famosos y a veces temibles "viene viene" o "franeleros", que exigen una cuota de 10 a 50 pesos diarios por un espacio en la vía pública que estratégicamente se encuentra en las zonas donde es más difícil estacionarse y que acaparan con botes y cajas, aunque esté prohibido hacerlo.

Su proliferación ha llegado hasta la tiendita de barrio, la panadería, la tintorería, la taquería y antojería, la farmacia, e incluso entregando el boleto electrónico en la entrada de los estacionamientos de centros comerciales, donde por lo menos se les da un peso.

Martha Contreras Hernández, ama de casa de 33 años, sale de su hogar a las 7:30 horas de la mañana a dejar a sus hijos a la escuela; deja el automóvil a una calle del plantel, a su regreso ya está al pendiente el "franelero" y le da cinco pesos a la entrada y otros cinco cuando regrese por sus hijos.

Cerca del plantel está el parque donde acostumbra hacer ejercicio todos los días; nuevamente aparece el "viene, viene", aparta un cajón y le da "permiso" de estacionarse; a su salida sabe que tendrá que desembolsar 10 pesos y en esta ocasión 30 más, por la lavada.

Sale aprisa del parque para ir a comprar la comida y despensa al centro comercial, ahí pagará tres pesos por estacionarse, a pesar de que el reglamento de establecimientos comerciales es obligación de los dueños proporcionar este servicio gratuito.

Además, tiene que darle su propina al cuidador y al "cerillo", quienes recibirán de dos a cinco pesos. Para media mañana ya gastó 63 pesos.

De regreso a su casa, en una esquina, dos pequeños medio disfrazados de payasitos mueven sus enormes caderas con poca gracia; unos automovilistas los ignoran, otros, como Martha, les dan uno o dos pesos.

Al siguiente semáforo ve venir, como un gran pulpo amenazando atacar con su tinta, a dos limpiaparabrisas que lanzan sorpresivamente su jabonoso líquido sobre el vidrio recién lavado.

Les advierte que no tiene dinero, no cooperará por ese abuso, lo que provoca insultos y que dejen su vidrio sucio.

Este grupo de personas que trabajan en las calles sin ninguna regulación crece desmedidamente en avenidas, centros comerciales y zonas de gran afluencia vehicular con ingresos, de acuerdo con el diputado local Tomás Pliego, del PRD, de por lo menos cinco salarios mínimos.

El legislador capitalino señaló que el origen de ese grupo de personas está relacionado con el desempleo, los bajos salarios, la poca preparación, la falta de oportunidades, que las orilla a tomar las calles ante la complacencia de las autoridades.

Advirtió que esa ingobernabilidad es un foco rojo que el gobierno capitalino tiene que atender urgentemente porque ya no son suficientes los programas sociales, como el de los adultos mayores y madres solteras, para mantenerse en el poder y ganar casi todas las delegaciones y la ALDF.

"Aunque los programas sociales tuvieron un impacto positivo, y son respetados y reconocidos por mucha gente, en este momento la ciudadanía también reclama gobernabilidad", dijo.

Sobre todo, subrayó, porque los ordenamientos jurídicos vigentes prohíben esas prácticas, pero nadie las respeta, situación que ha hecho que la gente demande al gobierno, "que sí está obligado a que se respeten", ejercer la autoridad para frenarlos.

Para Alejandro e Ismael, "franeleros" desde hace más de 15 años, no tiene nada de malo apartar los lugares de la vía pública, y darse el lujo incluso de elegir a quién darle la oportunidad de estacionarse.

Ellos trabajan en las inmediaciones de la Cámara de Diputados y exigen una tarifa fija de 30 pesos por lugar, aprovechando la necesidad de quienes acuden a ese recinto legislativo y no hay dónde más dejar los automóviles, por lo que los "franeleros" han privatizado las calles.

Por ser una pregunta "confidencial", se negaron a decir lo que ganan al día, sin embargo admitieron que reciben cada uno por lo menos 30 automóviles al día, de los cuales lavan por lo menos 10, es decir, unos mil 200 pesos diarios.

Nadie sabe cuántos son, porque no existe un censo actual y confiable para saber de dónde vienen y quiénes son, pero están ahí, con el consentimiento de las autoridades que les permiten apropiarse de la vía pública.

En otros lugares de la ciudad, como los alrededores del hospital del IMSS en La Raza, cobran 20 pesos por carro, pero hay zonas como La Condesa que durante la semana piden de 10 a 20 pesos y el viernes aumenta a 50 pesos.

Datos reales sobre esta situación no existen, pero según un estudio de un estudiante en Práctica de Ingeniería, publicado en Internet, en el caso de quienes se han apoderado de los semáforos, en minuto y medio que dura el alto, pueden lograr recibir mínimo dos pesos.

Con ese esquema, quienes "trabajan" y piden dinero en los semáforos, en una hora de trabajo recaudan 120 pesos, que de lunes a viernes, su mes representa dos mil 400 pesos.

El académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Daniel Márquez, señaló que ese tipo de actividades que le representan a los automovilistas un fuerte desembolso son ilegales, pues de acuerdo con la Ley General de Bienes Nacionales las calles son de uso común y nadie tiene derecho de cobrar un servicio.


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