Ciberdoctores, la consulta a distancia

Especialistas en Mérida atienden a pacientes en comunidades remotas gracias a un teleconsultori el equipo de medicina se conecta a una pantalla que permite examinar a las personas en tiempo
La medicina de alta especialidad halla nuevo camino con los
Nelly Acosta Vázquez

Aunque aún no lo sabe, a sus seis meses de edad Francisco Moo Camal ya está haciendo historia, por lo menos en el estado de Yucatán, en donde la medicina y la tecnología de la información hacen mancuerna.

En tres ocasiones, el bebé Moo Camal ha sido atendido por un especialista en nutrición del Hospital O’Horan ubicado en Mérida, la capital de esa entidad. Esto no tendría nada de peculiar de no ser porque él y su madre son atendidos en el Hospital Comunitario de Ticul, que se encuentra a tres horas y media de camino de tierra de esa capital, en el sureste estado.

El bebé es atendido en un teleconsultorio, es decir, en una sala especial que cuenta con equipo de medicina conectado a una gran pantalla que, a su vez, está enchufado a un sistema de comunicación especial que permite que el médico lo examine y atienda en tiempo real, como si lo viera en persona.

“El especialista necesita explorar con un estetoscopio la cabecita del bebé para fundamentar bien su diagnóstico, pues llegó con un alto grado de desnutrición. Y puede hacerlo a través de un estetoscopio y una cama de auscultación especiales”, explica el doctor José Guadalupe Uicab Balam, coordinador de Telemedicina del hospital comunitario.

De manera remota, el especialista lo ‘toca’, lo mide, lo examina. Puede atender las dudas de la madre y escuchar sus comentarios, además de responderle. Y para que el paciente se sienta cómodo y en confianza, un médico general en Ticul lo acompaña todo el tiempo durante las ciberconsultas con el especialista, que lo ve desde Mérida.

“Al principio, la madre del bebé se sentía extraña, no hablaba. Hoy ya hasta hace bromas con el ciberdoctor y el bebé sonríe naturalmente hacia la pantalla”, agrega Uicab Balam.

No se trata de una historia insólita. Como éste, infinidad de casos le dan la vuelta al mundo en diversos medios, donde se destaca el milagro de la medicina utilizando sistemas de videoconferencia, conexiones a internet de alta velocidad y equipos médicos digitales.

Eso subraya la entrada a una nueva y creciente industria. De acuerdo con la División de Medicina de la Universidad de Texas, desde 1990 cada año aumenta 8% el número de personas en el mundo que viven la experiencia de la telemedicina. Esto incluye la prestación de servicios médicos a distancia, utilizando todo tipo de tecnologías para su realización: desde teléfono, fax e internet hasta robots, para realizar consultas, diagnósticos e, incluso, cirugías en tiempo real.

Según se explica, en la mayoría de los casos se trata de proyectos impulsados por los gobiernos con el uso de recursos federales en comunidades rurales y cárceles, y son además de Estados Unidos, India, Sudáfrica y América Latina, las regiones en donde más se está impulsando.

Caro pero barato

Aunque la popularidad de la telemedicina va en aumento, aún resulta difícil conocer con precisión el dinero que mueve esta industria, pues todavía se trata de algo muy nuevo que no ha sido medido a profundidad.

Sin embargo, hay pistas que ayudan a descifrar la situación: el equipo que se necesita para montar un teleconsultorio (o consultorio virtual) requiere de una inversión de entre 60,000 y 100,000 dólares, además del pago mensual de la conexión a internet a alta velocidad.

Los cálculos del Centro de Servicios Médicos de la Universidad de Virginia pintan una realidad muy ruda: que un teleconsultorio no puede funcionar en óptimas condiciones si no se le ‘destina’, como mínimo, una inversión de 1.2 millones de dólares anuales, pues además del equipo de videoconferencia (pantalla de alta definición, bocinas, micrófonos, cámara web y conexión web), se necesita invertir en equipo médico sofisticado: estetoscopios que tengan conexión a la computadora y a la pantalla, por ejemplo, sistemas de rayos X y cámaras de exploración digitales, cámaras de dermatología, equipos periféricos que permitan ver el expediente del paciente en tiempo real en una computadora (con imágenes de los estudios que se le hagan y los documentos y anotaciones de los doctores que lo atienden de manera presencial), etcétera.

A ello, habría que sumarle el costo para convencer y educar a los pacientes para que confíen en la telemedicina, que parece ser infinitamente superior. Por ejemplo, según confesó a The New York Times el doctor David J. Brailer, que formaba parte de la administración de George Bush, en sus dos periodos, Bush ha destinado 700,000 millones de dólares a propaganda y culturización de la medicina a distancia, tanto para pacientes como para médicos; un monto que equivale a tres cuartas partes del PIB de México. “La telemedicina promete mucho”, dijo Brailer, “pero también cuesta mucho”.

¿Por qué entonces se sigue impulsando? ¿Por qué infinidad de expertos y los mismos gobiernos parecen apostarle a esta práctica? La respuesta la dio el mismo Brailer: “Porque ha sido el remedio para atacar el gran mal de la medicina mundial: ¡la burocracia!”.

La Universidad de Texas, que dice haber sido la primera en impulsar esta práctica en Estados Unidos en el año de 1994, aun cuando las conexiones a internet eran un auténtico milagro, asegura que atender a un paciente vía remota ahorra tiempo, lo que, indudablemente, se traduce en ahorros monetarios.

Una cita entre un paciente y un médico cara a cara, según los registros de dicha universidad, puede llevar hasta una hora. Vía remota toma entre 15 y 25 minutos: no más. Esto equivale a que un ciberdoctor puede atender más casos en un día, perder menos tiempo registrando historiales clínicos, rechazando pacientes por no llevar los estudios correspondientes o por no detectarles algún mal. Asimismo, los hospitales logran salvar costos por recibir menos gente en sus salas: nada de sillones ocupados, habitaciones que utilizan electricidad, garrafones de agua, baños en servicio y recepcionistas malhumoradas que cobran sueldos y prestaciones.

“Un paciente puede costar a un hospital hasta 300,000 dólares anuales por pago de doctores y recursos. Imagine lo que significa que un par de ellos puedan ser atendidos a través de una pantalla, en la mitad del tiempo, con mayor eficacia y organización”, dice Gussen Bezard, analista de Celent Communications.

Prueba del ahorro que arroja la telemedicina se comprobó en la guerra de Bosnia, cuando las fuerzas armadas de Estados Unidos confesaron haber destinado 30 millones de dólares en equipos médicos remotos, que usaban los soldados para que los médicos, desde sus hospitales, atendieran a los heridos.

“Un doctor en guerra atiende a 15 pacientes por hora. Con telemedicina logra atender hasta 50. Y lo mejor, es que ninguno de ellos murió en la guerra”, cuenta Bezard.

Cuánto cuesta en México

Rubén Vargas, coordinador del programa de telemedicina del Hospital O’Horan en Mérida, explica que aún es difícil medir los costos y beneficios de los proyectos que se hacen en México. “Es algo demasiado nuevo. Vamos arrancando y aprendiendo”, dice, recordando que se trata de un presupuesto gubernamental, que no está aislado, pues forma parte de otros proyectos, como las Caravanas de Salud del estado.

Lo que ya se conoce es que desde junio de 2007 –cuando se realizó la primera ciberconsulta en Mérida– al mes de noviembre del mismo año se habían realizado 350 ciberconsultas.

“Claro, al principio nadie se animaba. Había días que sólo había una consulta, otros, ninguna. El primer mes sólo hubo 30 pacientes. Hoy las mismas personas preguntan por el sistema, porque pueden ahorrar tiempo trasladándose a la ciudad y porque se sienten más seguras viendo en pantalla todo lo que les hacen”, agrega Vargas.

¿Hacia dónde va esta práctica en México? Todo apunta a que seguirá impulsándose en las comunidades rurales, en el rubro de las especialidades médicas como la dermatología, la pediatría y la oftalmología, ya que hay pocos especialistas de dichas prácticas en las comunidades rurales y mucha demanda de sus servicios.

Vargas concluye: “No hay duda de que se trata de un proyecto caro. Pero toda práctica médica lo es. El ahorro no es sólo para los hospitales, también lo es para el paciente, que ya no invierte en trasladarse a la ciudad a ser atendido por un doctor, que ya no paga por radiografías que seguramente se le maltratarán en el camino… es la nueva medicina”.

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