Los planes de Frenk con Slim y Gates

El ex secretario de Salud Julio Frenk trabaja ahora para los hombres más ricos del mundo; Gates lo fichó para laborar en su fundación y con Slim expande del modelo del Seguro Popular en
Julio Frenk fue candidato a dirigir la Organización Mundial
Alma López

A finales del gobierno de Vicente Fox, los secretarios de Estado comenzaron a buscar empleo. Francisco Gil Díaz, titular de Hacienda, se colocó en HSBC como consejero; otros se metieron en política, como Javier Usabiaga, al buscar la gubernatura de Guanajuato. Pero la cereza del pastel se la llevó el que fuera secretario de Salud, Julio Frenk.

Bill Gates le llamó dos semanas antes del fin del sexenio para trabajar en la fundación donde Warren Buffett donó 1,600 mdd el año pasado. El siguiente llamado, casi simultáneo, fue de Carlos Slim.

Ahora tiene dos empleos. Para la fundación de Bill y Melinda Gates evaluará los resultados de las políticas y estrategias mundiales de salud pública. Será el auditor externo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la misma que intentó dirigir en dos ocasiones, sin éxito. Para Slim administrará la expansión del modelo mexicano del Seguro Popular en Latinoamérica. Las dos llamadas telefónicas fueron el fin de un largo viaje.

A los 26 años, en 1979, Julio Frenk se graduó de médico cirujano en la UNAM pero la práctica médica no estaba en sus planes. Lo suyo era la política.

Era un joven de familia intelectual. Su mamá fue autora de uno de los apuntes de la edición conmemorativa del Quijote de la Mancha para la Real Academia de la Lengua Española y su hermana, María Teresa, es parte del consejo académico de la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Frenk quería ser secretario de Salud, dirigir la OMS o ser un investigador reconocido en políticas públicas de salud.

La creación de un esquema para que todos los habitantes del mundo tuvieran acceso a la salud, idea impulsada por su ex profesor y consejero Guillermo Soberón, ex secretario de Salud en el sexenio de Miguel de la Madrid, era compartida por Frenk, y la realizaría 25 años después, con el controvertido Seguro Popular. Se fue a estudiar a la Universidad de Michigan para ampliar su conocimiento de la administración de sistemas de salud. En 1983, ya contaba con maestrías en salud pública y sociología y un doctorado conjunto en organización de la atención médica y en sociología.

Cobijado por Soberón, se desenvolvió en las altas esferas políticas y económicas del país. Fundó y dirigió el Centro de Investigación en Salud Pública de la Secretaría de Salud, en 1984, y el Instituto Nacional de Salud Pública, en 1987.

Sus relaciones en lo económico lo llevaron a la vicepresidencia y dirección de economía y salud de la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud), entidad civil creada por varios de los empresarios más poderosos de México, como Carlos Slim, Jerónimo Arango, Emilio Azcárraga, Alberto Baillères, Eugenio Garza Lagüera y Bernardo Quintana.

Sus simpatizantes y detractores coinciden en que, para Frenk, la gente a la que quiere beneficiar no es más que una estadística. La práctica médica permite el contacto con la gente y la sensibilidad, algo que el actual presidente del Instituto Carso de la Salud tuvo a medias.

Pero ya tiene dos chambas. Una tercera como médico podría ser demasiado, aun para el prolífico Frenk, quien, durante los ratos libres ha escrito 29 libros y monografías.

¿Cómo se incorporó a ambas fundaciones?

Primero recibí la invitación de la Fundación Gates para organizar el Instituto de Medición y Evaluación de la Salud. Acepté el puesto de presidente del consejo directivo, pero desde México y de tiempo parcial. Estoy allá una semana al mes, no quise mudarme de país. En julio de 2007 se estableció ese instituto, como organismo independiente financiado por la Fundación Gates, con 105 MDD, y la Universidad de Washington, con 20 MDD, un presupuesto total para 10 años.

Christopher Murray, que hizo la evaluación externa del Seguro Popular, es el director del instituto.

¿No es algo que le toca hacer a la OMS?

Tenemos el apoyo de la OMS. Cualquier empresa tiene su propia auditoría interna, pero también tiene una externa. La idea es evitar conflictos de interés o una tensión entre ser el que implementa el programa y el que lo evalúa.

El instituto (de Gates) no ejecuta programas. Evaluará y además diseñará indicadores que capturen mejor el tema de la salud y métodos para cuantificar los problemas de la salud. Por ejemplo, casi ningún país conoce bien cuánto gasta el salud y de dónde vienen esos fondos. México es la excepción, es de los primeros en vías de desarrollo que inventó un sistema de cuentas nacionales.

¿Cómo se involucró con Carlos Slim?

Casi al mismo tiempo que la invitación de la Fundación Gates. Quería ampliar significativamente su actividad filantrópica en salud y educación. En marzo de 2007 propuse crear el Instituto Carso de la Salud y lo aceptó. La Fundación Carso aportó 500 MDD y se contrató a 25 personas. Será una organización chica, eficiente y ágil.

Trabajar para los tres hombres más ricos del mundo ¿qué ventajas y retos tiene?

La filantropía es una forma de servicio público, aunque la fuente de financiamiento no proviene de los impuestos, sino de la generosidad de gente exitosa como Bill Gates o Carlos Slim. Las grandes ventajas son la flexibilidad en la disposición de los fondos y, por tanto, la capacidad de tomar riesgos informados pues se trata de que ese dinero rinda frutos.

Las prioridades y estrategias del Instituto Carso parecen similares a las funciones de la Secretaría de Salud.
Queremos contribuir a que la población tenga acceso a la salud pero enfocados en la gente más vulnerable, indígenas, zonas rurales y los que estén más rezagados.

Eso también lo persigue el IMSS Oportunidades y el Seguro Popular. ¿No es duplicar esfuerzos y recursos?
No, es apoyar y complementar el trabajo del gobierno; y llevar al resto de Latinoamérica los éxitos de México.

Echó a andar el Seguro Popular. ¿Hoy qué le cambiaría?
Dejamos el marco financiero general; la aplicación de recursos en los estados sí requiere de supervisión más estrecha.

¿Aciertos y errores en la Secretaría de Salud?
Los aciertos: crear el Seguro Popular y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios; reducir el gasto administrativo de 9 a 3% en la secretaría; darle base científica a las políticas públicas y dejar de definirlas con base en las opiniones y preferencias del secretario en turno. Errores, se cometen muchos todos los días, pero no puedo enfatizar alguno en particular.

Hubo varios señalamientos como el convenio que firmó con las tabacaleras (BAT y Philips Morris debían aportar un peso por cada cajetilla vendida).
No, nunca se comprobó nada.

¿Qué fue lo que más afectó su gestión?
Traté de avanzar contra administraciones que la propia burocracia impone. Se debe dar más espacio a la creatividad, introducir incentivos para que el personal de salud sea más productivo y de mejor trato.

Al no ser político ni militante en el PAN, en algún momento, ¿fueron coartadas sus iniciativas?
Tuve enorme libertad para introducir iniciativas y seleccionar a mis colaboradores. No me impusieron a nadie.

¿Y Juan Antonio Fernández, ex comisionado del Seguro Popular?
Se está defendiendo por los cauces legales... esperemos que resuelva su situación.

Por la controversia entre el Seguro Social y la Secretaría de Salud, parece haber una vieja pugna entre las instituciones de salud pública. ¿Es cuestión de liderazgo, control de recursos?
Depende del liderazgo y de la voluntad de trabajo que haya entre quienes encabecen la Secretaría de Salud y el instituto. En los últimos años, la rectoría de la Secretaría de Salud ya no se cuestiona. Ésa es una labor que empezó el doctor Soberón en los 80. Ya no es como en la época que el IMSS no seguía las pautas de salud en política pública.

¿Cuál fue su relación con el ex director general del IMSS Santiago Levy?
Tuvimos desacuerdos. Él no estaba de acuerdo con la creación del Seguro Popular, pero prevaleció la decisión del Presidente. No se podía mantener el modelo corporativista del siglo XIX, donde la sociedad no puede elegir dónde atenderse.

Dos veces fue nominado a la dirección general de la OMS. ¿Aún le interesa?
No. Mis dos nominaciones fueron inesperadas y coyunturales. En la primera, no hice una campaña en serio. En la siguiente, casi al final del sexenio anterior, me esforcé y quedé en segundo lugar. Creo que no es bueno hacer tantos planes al mismo tiempo. Las cosas se van dando cuando uno hace su trabajo actual y lo demás vendrá después.

Hubo mucha gente que me recomendó postularme para dirigir el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y el Paludismo, pero la verdad es que me gusta estar en México.

La combinación de la propuesta de la Fundación Gates para crear el Instituto de Medición y Evaluación en Salud, con la del ingeniero Slim, para crear una nueva fundación de salud para América Latina, ha sido una combinación insuperable. Me considero afortunado.

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