Auténticas promotoras de la milpa

Dos asociaciones promueven la siembra ecológica en Guerrero y ya duplicaron su rendimiento; la erosión, sobrepastoreo y la falta de dinero hicieron poco productivas a las tierras guerrere
La autosustentabilidad es una de las claves del proyecto SAS
Diana Teresa Pérez

Las iglesias evangélicas de Alemania sobrevuelan los campos mexicanos desde hace al menos cinco años. No recorren los campos con Biblia ni buscan fieles que dispersen su palabra. Más bien aportan dinero para promover la siembra de semillas nativas que se están perdiendo en Guerrero debido a una bajísima producción.

La organización Evangelischer Entwicklungsdienst (EED, por sus siglas en alemán), dedicada a temas de desarrollo, aporta 360,000 pesos anuales y la asociación civil Grupo de Estudios Ambientales (GEA) lleva la coordinación y da asistencia técnica a 100 campesinos.

Esta última coordina, desde 2001, Sistemas Alimentarios Sustentables (SAS), un programa para impulsar la producción agroecológica, la conservación y el rescate de semillas nativas. La asociación civil, junto con la organización Sansekan Tinem, supervisa una prueba piloto en cuatro municipios de Guerrero muy golpeados por la erosión, el sobrepastoreo y la desaparición de especies vegetales.

Este programa desarrolló en Chilapa un reservorio de semillas nativas alimentado por campesinos de 20 comunidades cercanas. El Fondo Colectivo de Semillas Nativas lleva acumuladas cinco razas y 28 variedades que los agricultores intercambian y estudian para obtener un mayor rendimiento.

La meta de este fondo es asegurar la permanencia de estas variedades, estudiar diversas maneras de mejorar su rendimiento y la posible influencia de transgénicos en ellas. La idea es duplicar o triplicar el rendimiento, con bajo uso de insumos de fuera, y volver a la autosustentabilidad de las comunidades.

Además de asistencia técnica para mejorar esos estándares, GEA le da seguimiento al cultivo de las parcelas de los 100 campesinos para que sustituyan agroquímicos por fertilizantes orgánicos. “Analizamos las prácticas aplicadas en cada parcela para observar cuáles elevan su rendimiento”, dice la agroecóloga Catherine Marielle, coordinadora del proyecto SAS.

Un obstáculo es la calidad de la tierra en esas zonas, algunas de ellas aisladas. El suelo está erosionado y 99% de las parcelas dependen de las bondades del clima (sólo 1% es de riego). A pesar de todo, a través de SAS los campesinos han podido duplicar el rendimiento de maíz por hectárea partiendo de 700 kilos.

En este momento, GEA analiza y concentra en un documento los resultados de la experiencia en Guerrero para difundirlos y fortalecer esta visión del manejo de recursos naturales y autonomía local. La idea, a mediano y largo plazo, es implementar el SAS en grupos más amplios para alcanzar a la población de la región, de unos 75,500 habitantes, y de otras zonas del país.

Con los resultados del SAS en mano, GEA también pretende influir en políticas públicas que sirvan para el desarrollo de la soberanía alimentaria y la sustentabilidad del país.

Modelo a seguir

GEA quiere desarrollar la experiencia de sustentabilidad que desarrolla en Guerrero en otros estados.

• Siembra de semillas nativas con mejores rendimientos.

• Producción agroecológica.

• Tienen un banco con semillas de cinco razas y 28 variedades de maíz.

• 100 campesinos participan en la protección y estudio.

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