Nueva huelga agraria desafía a Kirchner

Productores iniciaron su tercer paro en los últimos 2 meses en contra de los impuestos al secto la huelga implica la suspensión de la compra y venta de granos para exportación a partir del ju
El gobierno argentino rompió el diálogo con los agricultores
BUENOS AIRES (CNN) -

El sector agropecuario argentino inició este miércoles su tercera huelga contra el gobierno en más de dos meses, dilatando un conflicto que tiene a la población agotada y que ha despertado incertidumbre porque no hay ninguna instancia de diálogo en el horizonte.

Un masivo acto realizado el domingo por los productores, en el que se atacó duramente a la presidenta Cristina Fernández, se convirtió en el acta de defunción de las negociaciones con el gobierno en cuanto a un polémico esquema de impuestos a las exportaciones de granos que enfureció al campo.

Luego de ese acto, las autoridades cancelaron una reunión prevista para el lunes con la cúpula de las cuatro entidades rurales y un día después el sector anunció una nueva huelga, que podría afectar las ventas externas de uno de los mayores proveedores de alimentos del planeta.

La protesta iniciada en la medianoche del martes implica la suspensión de la compra y venta de granos para exportación y la de hacienda a partir de las cero horas del jueves.

Los mercados globales de materias primas siguen al instante el conflicto en Argentina, que según analistas generará un aumento en las reservas globales de soja, cuyos futuros abrieron en alza el miércoles en Chicago ante el reinicio de la protesta.

El martes por la noche entró nuevamente en escena el ex presidente Néstor Kirchner -marido de Fernández y jefe del poderoso partido peronista- y su intervención dejó en claro que el gobierno decidió buscar una victoria plena en el conflicto.

"¿A dónde va a terminar esto? No lo sé. Pero conociendo el estilo de conducción de Néstor Kirchner, lo que está buscando es la claudicación de algún sector del campo o está buscando la rendición", dijo el analista político Ricardo Rouvier.

"Lo que estamos viendo es una lucha que ahora ha tomado un tono claramente político, una pulseada, que se ha convertido en una espiral", agregó.

El conflicto comenzó en marzo cuando el entonces ministro de Economía Martín Lousteau -que debió renunciar en medio de la disputa con el agro- anunció un cambio en los impuestos a las ventas externas de granos, que implicó un aumento en la presión fiscal sobre la soja, el mayor cultivo del país.

La primera huelga en marzo incluyó cortes de carreteras que desabastecieron de alimentos a algunas ciudades y provocaron momentos de violencia entre camioneros y productores.

En la segunda protesta este mes, las medidas de fuerza se limitaron a la no comercialización de granos para ventas al exterior, pero las grandes empresas exportadoras contaban con reservas suficientes como para cumplir con sus compromisos.

Durante las negociaciones se lograron preacuerdos en cuestiones técnicas.

Pero, siempre que un pacto parecía cercano, los aspectos políticos del conflicto congelaban las discusiones.

Ulises Forte, vicepresidente de la Federación Agraria, una de las entidades en conflicto, aún tiene esperanzas. "Esperamos que alguien recoja el guante y podamos instalar el diálogo maduro", aseguró a una radio.

Distintas encuestas mostraron que la población está cansada de la disputa y critica a la presidenta por no actuar con "grandeza" y buscar un acuerdo que evite nuevos desabastecimientos o actos de violencia. Su popularidad cayó 10 puntos porcentuales en mayo.

"La mayoría de la población que está fuera del conflicto se ha saturado con este problema y no quiere que los sectores ruralistas vuelvan a las medidas de fuerza por el temor al desabastecimiento, escenas de violencia", dijo Rouvier.

En el interior del país la protesta paralizó muchos sectores de la economía que dependen de los recursos del campo para funcionar.

Las cuatro entidades han sugerido a los productores, que se congregan en decenas de puntos en todo el país, que no corten carreteras, pero advierten que no tienen total control sobre lo que ocurre en cada lugar.

Por la mañana, los productores invitaban a camiones en las rutas a que detuvieran su marcha para recibir un folleto en el que explicaban su situación, mientras que los transportes de granos brillaban por su ausencia porque, ante el anuncio de la huelga, las empresas decidieron no cargar vehículos.

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