México, tierra de celulares

Durante 2008 se venderán 25 millones de móviles en el país, o sea, uno por cada cuatro habitant el tiempo promedio de remplazo, de 18 meses, se reduce por la innovación tecnológica constante.
Durante su vida útil son casi parte de la vestimenta. (Bloom
Dino Rozenberg

Este año se venderán en México 25 millones de teléfonos celulares, y todo indica que la tendencia seguirá en aumento. ¿Un exceso? No. Es una señal de que se han vuelto parte del vestuario y que las nuevas costumbres los vuelven más y más necesarios. En contraste, serán desechados más de 20 millones de aparatos.

Las ventas crecen en dos frentes. Por un lado, el mercado de los jóvenes, que quieren carátulas intercambiables; música y archivos MP3; tonos y alarmas; cámaras; tarjetas extraíbles, y el infaltable ojal para colgar un dije o un peluche.

En el otro extremo están los de superlujo. Cuando se inauguró el centro comercial Antara, en Polanco, el primer celular que vendió la tienda Nokia de allí fue un Vertu –marca subsidiaria de Nokia que fabrica aparatos con oro, titanio y piedras preciosas–, de 7,000 dólares, que no es precisamente el tipo de teléfono que llevan los estudiantes en el Metrobús, comenta Manuel González, vocero de Nokia México.

Caros o baratos, sencillos o sofisticados, existen teléfonos celulares para todos los gustos. A fines de 2007 había en todo el mundo 3,300 millones de líneas y un número igual de dispositivos activos, señala la Organización Internacional de las Telecomunicaciones, es decir, dos celulares por cada computadora personal en activo. Sólo en 2007 se agregaron 1,100 millones.

En este negocio todos los números sorprenden: en India se incorporan seis millones de usuarios cada mes y, según Select, en México, este año habrá siete millones de nuevos suscriptores.

Explosión de segmentos
Sólo del Nokia 1110, uno de los teléfonos básicos, se han vendido 200 millones de piezas (aún se consigue en MercadoLibre.com por 450 pesos) y la masificación no se va a detener: las tarifas tienden a bajar y algunos modelos económicos se venden con más tiempo aire que su propio costo, lo que los convierte en productos desechables.

Hace unas semanas, un mayorista de Telcel ofrecía: teléfono Alcatel E101A de 249 pesos, con 300 pesos/aire; o Motorola F3, 299 pesos con 300 pesos/aire.

Analistas de Select aseguran que el tiempo promedio de remplazo, estimado en 18 meses, se reduce debido a la innovación tecnológica y las agresivas ofertas de los operadores.

Aunque los teléfonos podrían durar mucho más sin descomponerse, hay quienes los cambian al cabo de un año o incluso antes.

El tema preocupa a las autoridades y ambientalistas, porque los aparatos descartados empiezan a convertirse en un problema de ‘basura electrónica’.

González acepta que los teléfonos celulares se pueden considerar un accesorio personal y que las estrategias de las empresas apuntan a satisfacer todas las expectativas de los consumidores. En el portafolio de Nokia hay cientos de modelos, teléfonos divertidos para niños y adolescentes; para las señoras; los techies y los hombres de negocios.

La gama comercial va de 500 a 6,000 pesos; nadie debería preguntar para qué quiere alguien un teléfono con una pantalla de 16 millones de colores, cámara fotográfica de cinco megapixeles y ocho Gigabites de memoria, localizador satelital y capacidad para desplegar archivos de Office y PDF.

Lo que para unos sería un despropósito, para otros es una oficina de bolsillo.

¿Quiénes son los ganadores en esta carrera de consumismo desaforado? Sin duda, la firma finlandesa Nokia, que según IDC tenía, a fines de 2007, casi 40% del mercado mundial. Le siguen Samsung (14%), Motorola (12%), Sony- Ericsson (9%) y LG Mobile (7%), que suman en conjunto 80% de las ventas.

Nokia calcula que 60% de los celulares vendidos en los mercados emergentes en 2007 fueron como remplazo de otros.

Fabricar, vender y atender millones de teléfonos no es sencillo, porque el aparato está siempre ligado al servicio del operador de la red. Uno no podría existir sin el otro.

González afirma que se trata de una relación de socios de negocios, de la cual se conoce poco la compleja mecánica para importar, distribuir y dar servicio a los aparatos, muchos de los cuales llegan al usuario con un subsidio de hasta 40%.

Las cuentas del teléfono
José Garcés Rosas, subdirector de Investigación de Telecom y Servicios de Comunicaciones y Tecnología de Select, apunta que el éxito arrollador de la telefonía celular en México se puede explicar por tres razones básicas: la pobre penetración de la telefonía fija, que en su momento era una de las más pobres de América Latina, la amplia cobertura celular y la disponibilidad de modelos, y la entrada del esquema ‘el que llama paga’.

“Todo mundo tiene necesidad de comunicarse por teléfono –dice–, y México llevaba un rezago importante respecto de economías equivalentes”.

Garcés opina que ese proceso está en desarrollo porque si bien la penetración actual es de 65%, equivalente a unos 68 millones de líneas, el servicio está concentrado en las zonas urbanas y entre las clases medias.

Si se considera que hay suscriptores con dos líneas o más, existen entre 50 y 60 millones de mexicanos sin servicio. Los mercadólogos calculan que en los próximos cinco años podrían incorporarse hasta 25 millones de usuarios. Select estima que para 2012 México tendrá una penetración de 100% y el mercado de venta de aparatos podría ser de casi 1,200 millones de pesos anuales.

Los fabricantes de teléfonos tienen que hacer sus propios cálculos. Si se considera, de manera conservadora, que los clientes renuevan los aparatos a un ritmo de 30% anual, cada año irán a la basura 20 millones de celulares.

Según el Centro de Estudios de Derecho e Investigaciones Parlamentarias de la Cámara de Diputados, la mitad de los teléfonos celulares que se usan en México son inservibles y sus componentes tóxicos, como las pilas, constituyen un gran riesgo para la salud.

Si se suman los nuevos clientes (en 2008 serán siete millones), este año se venderán más de 25 millones de celulares. Select no valida estos números, pero Garcés asegura que la venta de aparatos representa en México un negocio anual de 2,500 millones de dólares.

A los operadores no les interesa ganar dinero en el movimiento de los teléfonos, porque su verdadero negocio es la administración de las redes y la venta de tiempo aire. Pero el modelo de prepago les suministra un flujo tan grande que pueden poner de rodillas a cualquier fabricante o mayorista.

La logística, el servicio, los accesorios y el mantenimiento son tarea de los mayoristas. Un funcionario que solicitó el anonimato confirmó que rara vez se verá un tráiler descargando teléfonos en instalaciones de Telcel, Movistar o Iusacell: “Nosotros no movemos cajas ni inventarios, pero estamos al pendiente de las ventas y la preferencia de los consumidores. Los operadores toman las decisiones estratégicas y el resto queda en manos de los mayoristas”.

Hay importadores y mayoristas independientes que atienden canales más o menos informales, plazas comerciales y puestos callejeros. Así, este año podrían ocurrir algunos movimientos adicionales por la entrada de la portabilidad numérica, que permitirá que usuarios de teléfonos móviles cambien de compañía sin perder su número actual.

En cualquier caso, los fabricantes de celulares no pueden detenerse.

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