La evolución política de John McCain

Como senador rechazaba los recortes fiscales, y como candidato presidencial ahora los apoya; ¿qué otros cambios presenta su plan económico? Conoce las propuestas del republicano.
McCain señala que tiene muy claros sus principios, los cuale
David Whitford

Al preguntarle a John McCain cuál era la mayor amenaza a largo plazo para la economía de EU, el senador guardó silencio durante varios segundos y luego respondió “Creo que la amenaza más grave es la lucha contra el extremismo islámico, que de llegar a triunfar afectaría nuestra propia existencia. Otro ataque terrorista a EU tendría devastadoras consecuencias”.

Después amplió su respuesta y agregó otros temas como la dependencia en el petróleo extranjero, el cambio climático y los costos del sistema de salud. Pero su contestación inicial convirtió la economía en un tema de seguridad nacional ¿y por qué no? Ese es el punto más fuerte de su campaña, uno en el que no tiene rivales.

La elección presidencial del 2008 probablemente será un referéndum sobre dos temas que, de acuerdo a todos los sondeos publicados, preocupan especialmente a los votantes norteamericanos: la economía y la guerra en Irak (hoy dos tercios de los estadounidenses consideran que el conflicto bélico no sirvió para nada), acción que McCain ha apoyado con firmeza.

En cualquier caso, la misión del republicano es clara: tiene que convencer a los votantes de que él no es George Bush y que, por lo tanto, no es responsable del desajuste económico que vive el país, pero que sabe cómo solucionarlo, incluso admitiendo -como la ha hecho en campaña- que la economía no es su fuerte.

Cuando McCain habla de seguridad nacional transmite pasión, compromiso a la causa, y establece una fuerte conexión con la audiencia. Pero cuando el tema es la economía, su ardor no es el mismo.

En sus discursos ha destacado lo esencial de su postura: insistir en que “los fundamentos de la economía de EU son increíblemente fuertes”, creer que cuando se trata de intervención estatal “mientras menor sea, mejor”, apostar por los impuestos bajos y, sobre todo, su compromiso ante el libre comercio.

Pero el escenario económico es algo más complejo. Recortes a impuestos, créditos de inversión, estímulos fiscales, acuerdos comerciales, contratos gubernamentales, ayuda para las hipotecas, fondos para la investigación, todos buscan algo y se preguntan ¿cómo podrá un ex prisionero de guerra y reconocido disidente manejar las responsabilidades en un periodo difícil y al mismo tiempo mantener a raya a los ideólogos de su propio partido?

McCain usa un lenguaje directo, honesto, quizá un poco duro para el gusto republicano, pero con un trasfondo de respeto y humanidad. Pocas veces escuchamos palabras tan sinceras, menos de un político que busca nuestro voto. De allí que tantos reporteros se hayan enamorado de su carisma, de su valor.

McCain no se muerde la lengua, dice la verdad incluso si con ello pierde votantes. Su equipo cree que existe la posibilidad de que gane California, algo que ningún candidato republicano ha conseguido desde 1988.

La actual campaña de McCain es diferente a la que realizó en el 2000, pero en ciertas cuestiones su posición no se ha suavizado. El candidato, por ejemplo, no ha mostrado ningún interés por apoyar a las industrias que agonizan, incluso si eso significara un alivio económico de corto plazo.

Tampoco respalda las políticas comerciales proteccionistas. Sin embargo, otras actitudes son hoy más sensibles, al menos en cuanto a la transición: ha dicho que quiere que los trabajadores decidan cómo gastar los subsidios monetarios, además de otorgar incentivos para que se capaciten y consigan un mejor trabajo, preferentemente en una industria que tenga futuro. Asimismo, McCain ofrece “ayuda especial” a trabajadores mayores de 55 años.

El senador también recurre a temas populistas, como más “transparencia y responsabilidad” en el gobierno y en los mercados, y admite que “la brecha entre los ejecutivos y trabajadores ha aumentado”, aunque no está dispuesto a elevar los impuestos a los más ricos para reducir esa brecha.

“Creo que el mundo corporativo tiene que entender el enojo de la gente. Tienen que actuar para recuperar su reputación, así como los funcionarios públicos debemos restaurar la nuestra. El nivel de confianza que inspiran ambos sectores está increíblemente bajo” afirma McCain.

Quizá el punto en el que más ha cambiado McCain es el referente a los impuestos. Hace cuatro años se declaró en contra de una rebaja a los impuestos, “¿por qué tenemos que recortarle los impuestos a los americanos ricos cuando la brecha entre ricos y pobres está creciendo?” dijo entonces.

En 2001 y 2003 votó contra las reducciones fiscales promovidas por Bush. Pero hoy, McCain piensa diferente, quiere mantener los recortes tributarios de manera permanente. Revocará el impuesto mínimo alternativo, reducirá el impuesto corporativo y aumentará la exención fiscal de los infantes dependientes económicos, un plan que -según el Centro de Política Fiscal de EU- añadirá 4.5 billones de dólares a la deuda nacional.

La razón que da McCain para apoyar ahora los recortes tributarios es que contempla también reducir el gasto público, algo que Bush nunca quiso hacer. De manera que el presupuesto se equilibrará gracias a esa austeridad y a una mayor recaudación fiscal a medida que la economía crezca.

“Mis principios, mi práctica y mi voto son claros. Hoy la táctica favorita del oponente es decir que la persona ha cambiado de postura. Y ninguno de mis principios y valores ha cambiado. ¿He modificado mi postura sobre ciertos temas específicos porque las circunstancias también han cambiado? Así lo espero” afirma McCain sobre la evolución de sus opiniones justo cuando encara la última oportunidad para ganar la Casa Blanca.

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