Gobierno argentino se fractura por agro

El vicepresidente Julio Cobos votó en contra del proyecto promovido por la presidenta Fernández el Senado rechazó de esta manera la aplicación de un impuesto a las exportaciones agropecuarias
Julio Cobos, vicepresidente y presidente del Senado, votó co

El Senado argentino dio un duro golpe al Gobierno al rechazar un proyecto que aumentaba los impuestos a las exportaciones agrícolas, en una dramática definición en manos del vicepresidente de la nación que abre una enorme grieta en la cúpula política del país.

Tras 18 horas de debate la votación del proyecto entre los senadores quedó empatada en plena madrugada con 36 votos a favor y 36 en contra, y fue el vicepresidente de la nación, Julio Cobos -a la vez presidente del Senado-, quien debió definir la situación.

Tras media hora de suspenso, y visiblemente nervioso, Cobos decidió darle la espalda al proyecto impulsado desde el gobierno de la presidenta Cristina Fernández, quién asumió hace apenas siete meses.

"La presidenta va a entender. No puedo acompañar, estoy actuando conforme a mis convicciones", dijo Cobos con la voz entrecortada.

La decisión de Cobos podría marcar un antes y un después en el duro estilo de gestión de Fernández y de su esposo y ex presidente Néstor Kirchner -de gran influencia en el Gobierno-, que casi no han enfrentado una sólida oposición en los últimos cinco años.

Festejos

La definición fue festejada por decenas de representantes del agro en un parque de la ciudad, desde donde siguieron el debate en pantallas gigantes a lo largo del día. Los líderes de las entidades rurales agradecieron a los productores que desde marzo resistieron la medida con huelgas y bloqueos de rutas.

"Gracias a los miles de ciudadanos que nos ayudaron a escribir este momento (...) Ahora tranquilos, con madurez, con grandeza, vamos a aprovechar esta oportunidad", dijo un eufórico Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), líder de una de las cuatro entidades rurales que confrontaron con el Gobierno.

En un clima de tenso nerviosismo se especulaba con los votos a medida que los senadores exponían sus argumentos, hasta que al momento de la votación, con asistencia perfecta, hubo una paridad en 36 posturas a favor del proyecto y otras 36 por la negativa.

Ahí debió actuar Cobos e inclinó la balanza en contra de su compañera de fórmula presidencial en las elecciones de octubre pasado.

Los legisladores debatieron un día después de que cientos de miles de personas asistieron a dos masivos actos en Buenos Aires, uno en apoyo del Gobierno y otro del sector agropecuario, en los que se buscó influenciar a los senadores.

Los cientos de seguidores del Gobierno que estaban reunidos frente al Congreso para presionar a los legisladores terminaron arrojando algunas piedras contra el edificio.

La resolución gubernamental de aumentar los tributos a las exportaciones agropecuarias se firmó en el Poder Ejecutivo en marzo, y ahora se buscaba legitimarla en el Congreso por las contínuas protestas rurales. Con el rechazo legislativo, se debería derogar de inmediato.

Rechazo e incógnita

El quiebre en la relación entre presidente y vicepresidente no es nuevo en Argentina.

En el 2000, Carlos "Chacho" Alvarez renunció a la vicepresidencia, furioso por la tibia reacción del entonces presidente Fernando de la Rúa ante una denuncia de corrupción en la aprobación de una ley, y desató una crisis política que se aceleró en el 2001 y culminó con el colapso de la economía.

En el 2003, el ex vicepresidente Daniel Scioli quedó enfrentado con el ex presidente Néstor Kirchner y fue prácticamente "congelado" en su actuación política, aunque luego recompuso la relación y resultó elegido gobernador de la rica provincia de Buenos Aires.

Con la medida rechazada en el Senado -que buscaba subir los impuestos a las exportaciones de soja y derivados, que es el mayor complejo exportador del país- el Gobierno intentaba redistribuir entre toda la población la renta adicional que goza el sector rural por los altos precios internacionales.

Pero los productores vieron en la medida un intento del Gobierno de exprimir su rentabilidad para sostener un creciente gasto público, y desde marzo llevaron adelante un plan de huelgas y cortes de carreteras que generaron desabastecimiento de alimentos en las grandes ciudades.

La disputa comenzó siendo por dinero pero se transformó en una batalla política en la que el Gobierno aseguró que los productores responden a un plan para dar un golpe de Estado y destituir a la presidenta, lo que despertó el rechazo de las clases medias y altas, que decidieron apoyar al agro.

En su origen, el Gobierno buscó imponer el proyecto oficial desde el Ministerio de Economía, pero ante el rechazo de las entidades rurales decidió enviarlo al Congreso donde contaba con una amplia mayoría en ambas cámaras.

La economía argentina lleva cinco años de robusta expansión gracias a un fuerte rebote del consumo doméstico tras el colapso financiero del 2001, mientras que los altos precios de las materias primas también motorizaron la reactivación del país, uno de los mayores proveedores globales de alimentos.

Sin embargo, la larga crisis dañó el consumo doméstico y la incertidumbre envolvió a los inversores, que esperan una definición política que arroje claridad sobre el rumbo que tomará el país.

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