Obama, ¿demócrata de centro izquierda?

El candidato a la Casa Blanca logra unificar las tendencias de su partido rumbo a las eleccione mientras realizan su convención, liberales, centristas y nuevos Demócratas definen un nuevo est
El candidato presidencial puede ser el elemento que unifique  (Foto: )
Nina Easton
DENVER -

Hace 16 años Bill Clinton llevó al partido demócrata a la Casa Blanca prometiendo “un nuevo estilo” de política demócrata. Pero hoy, mientras los delegados se reúnen en la Convención nacional, el partido demócrata ha cambiado el rumbo económico hacia un estilo de “centro izquierda.”

Han quedado atrás las fisuras -entre los Nuevos Demócratas de centro y los liberales al viejo estilo- que definieron al partido demócrata en los 90s. Hoy el partido se unifica detrás de Barack Obama y su agenda económica a favor de un sistema de salud universal, costosos programas federales y mayor regulación de los mercados financieros.

“El partido aún está orgulloso de la política fiscal de la administración Clinton. Pero no es la principal prioridad para Obama” apunta Thomas E. Mann del Brookings Institution.

Cuando Clinton gobernaba, las alas liberales e izquierdistas del partido disentían con ciertas decisiones “de centro” tomadas por el presidente. Con Obama el escenario es diferente, prácticamente toda la base del partido -desde intelectuales de la izquierda progresista y líderes sindicales hasta los activistas digitales- apoya su agenda económica que incluye un gobierno federal más activo.

La división que actualmente existe dentro del partido demócrata es de tipo emocional, debido a la exclusión de Hillary Clinton de la dupla presidencial. Sin embargo, este asunto tiene que ver más con la lealtad, y con la creencia de que Obama no tiene la suficiente experiencia para ser presidente. Por lo que no debe confundirse con una división de tipo político.

Estancamiento y crisis

Obama no se considera a si mismo como un liberal de la vieja escuela. Incluso elogia el antagonismo de Reagan contra las burocracias estatales, abraza el libre mercado y se define como “un pragmatista, no un ideólogo.”

El núcleo de la propuesta de Obama -elevar los impuestos a inversionistas y personas de altos ingresos y rebajárselos a la clase media- es atacado por los partidarios del libre mercado porque dicen que penaliza el éxito económico y podría estancar aún más el crecimiento económico. Pero Obama responde que sencillamente está volviendo a las tasas impositivas que se aplicaban en la era Clinton y desea corregir el código fiscal que ha agravado la brecha de la riqueza y ha estancado los ingresos de la clase media.

Sin embargo, la retórica populista y anti-corporativa de Obama, así como su condena a los tratados comerciales (incluido el TLCAN promovido por Clinton) lo colocan en el ala izquierda de los llamados Nuevos Demócratas de los 90s. Por ejemplo, quiere terminar con los estímulos fiscales para las empresas que envían empleos al extranjero y ofrecerlos a las compañías que se queden en el país.

Además, a diferencia de los Nuevos Demócratas, el candidato se siente mucho más cómodo que ellos cuando se trata de promover programas gubernamentales de amplio alcance, proponiendo gastar 50,000 millones de dólares para reconstruir la infraestructura del país, invertir en energía alternativa y apoyar la investigación científica.

¿Le molesta eso al ala central que peleó en primera línea durante la era Clinton? Perece que no, al menos así lo refleja uno de los más fieles Nuevos Demócratas, William Galston. El político afirma que el partido se ha movido a la izquierda –adoptando un gobierno federal más activo- porque las circunstancia han cambiado.

De acuerdo a Galston, la globalización ha extendido la ansiedad económica por todos lados y los ingresos de la clase media se han estancado mientras una nueva clase de super-ricos ha surgido. “Lo que casi toda la gente experimenta es estancamiento y crisis” y agrega “Ha habido una orgía de consumo privado y un déficit de la inversión pública.”

En cuanto a la retórica anti-corporativa de Obama, los teóricos del partido la ubican en el contexto de las últimas acciones empresariales con resultados negativos, desde Enron a la debacle de las hipotecas subprime.

Por encima de todo, los demócratas insisten en su unificación para las elecciones del 2008. Un partido sin fisuras, al menos hasta ahora.

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