¿Quién tiene la culpa del petróleo caro?

Un nuevo estudio sostiene que los especuladores son los responsables; pero sus argumentos son errados e incluso se apoyan en datos de Google.
El Congreso de EU investiga sobre la volatilidad del precio  (Foto: )
Jon Birger
NUEVA YORK -

Cualquier estudio que use una búsqueda de Google con el término “especulación petrolera” como prueba de que los corredores o comerciantes de futuros son responsables del sube y baja de los precios del crudo debe ser tomado, a lo menos, con escepticismo.

Pero, por loco que parezca, hay alguien que sí recurre a Google para defender su punto de vista en esta materia: mientras el Congreso estadounidense reanuda sus intentos por aprobar una ley energética, el gerente de manejadores de fondos Michael Masters realizó un estudio plagado de errores que utilizarán los legisladores que están a favor de limitar el mercado de futuros de petróleo y otros commodities, y de paso servirá para culpar a los inversionistas por el alza en los precios del crudo.

Como he señalado antes, los especuladores del petróleo no pueden afectar los precios de manera considerable, si lo único que hacen es comprar contratos de futuros (petróleo de papel) y no reciben barriles físicos (petróleo real), es decir, no acaparan crudo que de otra forma estaría disponible para los consumidores.

Creer que estos especuladores de papel (y sabemos que no reciben barriles porque el inventario de petróleo está cayendo) tienen control sobre los precios es como creer que tienen control sobre la velocidad del viento. Sus pérdidas o ganancias no dependen de la población que consume petróleo, obedecen más bien a las apuestas contrarias de otros inversionistas. Y la gran mayoría de los economistas están de acuerdo con esta idea.

Masters no piensa así. Este inversionista de capital riesgo con una amplia cartera en el sector transporte -muy perjudicado por los elevados precios del combustible-, ya ha comparecido dos veces ante el Congreso… y mientras Washington siga buscando un chivo expiatorio que  cargue con la culpa de la gasolina cara (y desvíe así la atención sobre el fracaso de los propios legisladores incapaces de elaborar una política energética real) Masters seguirá siendo escuchado en la Cámara de Representantes.

Su estudio, sin embargo, sólo magnifica los problemas. Dice por ejemplo: “¿Cómo explicarse un alza de 50 dólares en los precios y después una caída de 35 dólares, todo en pocos meses? ¿De verdad esta montaña rusa se explica por la oferta y la demanda o por un dólar débil?” Según Masters, la manera de explicar estos grandes cambios en los precios es observando el flujo de inversiones hacia y desde los futuros de materias primas.

Pero hay un problema con su argumento: otros commodities también han sufrido oscilaciones similares, y se trata de materias primas que no se comercian en el mercado de futuros, como la cebolla y el mineral de hierro. (El precio de la cebolla aumentó un 160% entre enero de 2007 y marzo de 2008, para después caer un 35%; el petróleo registró una trayectoria similar: subió un 93% de enero de 2007 a julio de 2008, y ahora descendió un 29%).

Por otro lado, el argumento de oferta/demanda -que Masters descarta- nunca ha sido tan contundente. Según la Administración de Información de Energía de EU (EIA por su siglas en inglés), la demanda de petróleo en el país cayó un 6% en junio, y en un mercado tan ajustado como ese cualquier cambio en la oferta o la demanda tiene un enorme impacto en el precio.

Masters tampoco cree que un dólar depreciado sea la causa de las fluctuaciones en los precios del crudo. Qué tontería, ningún experto alegaría que el alza en los petroprecios se debe en su totalidad a un dólar débil, así que eso no es nada nuevo.

Y por último ofrece como prueba su navegación por Google:

“Por lo general los inversionistas institucionales no desean mala publicidad. Según Google, el término ‘especulación petrolera’ -que no arrojaba registros a principios de año- alcanzó un pico máximo de búsquedas durante mayo y julio. Eso refleja que la población estadounidense estaba tomando conciencia del asunto. Y la amenaza de que el Congreso tomara acciones contra la especulación excesiva también cobró fuerza durante ese periodo”.

Y prosigue “Aunque los inversionistas institucionales suelen comprar y mantener sus inversiones por un plazo largo, es posible que muchos especuladores se sintieran preocupados por lo que ocurría en Washington y decidieran sacar su dinero del índice commodity. En julio hubo una huida en estampida de especuladores, que retiraron cerca de 39,000 millones de dólares del índice S&P Goldman Sachs Commodity”.

Una explicación más plausible es que los inversionistas se pusieron nerviosos cuando los precios comenzaron a bajar. Pero ignorar lo obvio no es el defecto más grande del argumento de Masters. Lo peor viene en una nota al pie de página: “El índice Dow Jones-AIG Commodity no experimentó descensos durante este periodo. Por el contrario, registró un flujo positivo de casi 7,000 millones de dólares”.

En otras palabras, Masters nos quiere hacer creer que, al mismo tiempo y por dios sabe qué razón, unos inversionistas sacaron su dinero del índice de commodities S&P mientras que otros lo metían al índice Dow Jones-AIG.

Sí, ¡claro!, sólo le falta decir que los manejadores de fondos son los culpables de la temporada de huracanes.

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