El G20, un arma de doble filo para Bush

Si la reunión no aporta nada, la imagen del presidente de EU se habrá deteriorado aún más; si se llega a un acuerdo, dejaría el cargo convencido de que dio el primer paso contra la crisi
Bush ofreció una cena en la Casa Blanca a los mandatarios de  (Foto: )
WASHINGTON (AP) -

La cumbre financiera del G20, que inicia este sábado tendrá para el presidente George W. Bush, su promotor, el efecto de una navaja de doble filo sobre cómo la historia recordará los días finales de su gestión en medio de una crisis que prácticamente ha paralizado las finanzas globales.

Si los países más ricos y las más poderosas economías emergentes que conforman el grupo llegasen a algún acuerdo, por mínimo que fuera, Bush tal vez no aumentaría su popularidad, pero dejaría el cargo convencido, cuando menos él mismo, de que dio el primer paso para empezar a resolverla.

Si la reunión no aporta nada, la imagen del presidente republicano se habrá deteriorado aún más, nacional e internacionalmente, y los mercados globales reaccionarían con nuevas caídas, agravando no sólo la impopularidad del presidente sino también la realidad financiera que encontrará el presidente electo, Barack Obama, cuando lo reemplace el 20 de enero.

Obama, quien para muchos asistentes a la cumbre de un día debiera ser uno de los protagonistas estratégicos para sentar bases creíbles de acción en el futuro inmediato, no estará presente.

"Una muestra de desentendimiento, de desunión, sería un impulso poderoso para el agravamiento", dijo Steven Schrage, economista que trabajó en varias dependencias en el actual gobierno.

"Si los mercados, que están sumamente inestables, ven que las principales economías de Europa y Estados Unidos están en desacuerdo sobre el camino a seguir, el efecto sería devastador en el corto plazo".

Charles Freeman, ex funcionario de comercio exterior durante el actual gobierno, cree que Obama tiene razones para no estar presente.

"Si yo fuera Obama, desearía poner los pies en cualquier otra parte menos en esta cumbre", dijo.

En la reunión participarán tres presidentes latinoamericanos: Felipe Calderón, de México; Luiz Inacio Lula da Silva, de Brasil, y Cristina Fernández, de Argentina.

Los tres son los únicos miembros del G-20, creado por el G-7 de las naciones ricas hace ocho años como foro de un diálogo de intereses más amplios.

Se prevé que en sus discursos de este sábado, los tres criticarán a los países ricos, especialmente Estados Unidos, culpándolos de la crisis por su falta de supervisión y fracaso de sus reguladores.

Las expectativas de lo que podría lograrse en esta cumbre han sido más optimistas en Europa que en Estados Unidos, pese a que Bush ha dicho desde el comienzo que toda acción hacia la reforma de los mercados financieros del mundo no será producto de una sola cumbre.

Para demostrarlo, la próxima semana estará en Lima en la cumbre de la APEC, el foro económico Asia-Pacífico, llevando solamente el mismo mensaje, porque allí no se espera una acción concreta para la reactivación financiera global.

El primer ministro británico Gordon Brown ha dicho que deseaba ver que las naciones coordinen en Washington planes de estímulo, supervisen mejor sus sistemas bancarios y acentúan el papel de centinela del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha pedido una "rápida respuesta" a los gobiernos asistentes aunque ha visto debilitarse su interés de asumir el liderazgo de la cumbre debido a que Bush estaba ya concluyendo su gobierno.

Cuando las puertas del National Building Newsseum, sede de la cumbre, se cierren el sábado antes del atardecer se habrá cerrado también un capítulo que adelantadamente se desconoce su contenido. Pero, allí mismo se habrá abierto la expectativa de qué será lo que Obama decida cuando se instale en la Casa Blanca dentro de 9 semanas: continuar la agenda o virar.

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