Geithner, mano firme contra los bancos

El secretario del Tesoro estadounidense debe dar un escarmiento a Citigroup y Bank of America; esto le ayudará a redimirse ante los contribuyentes y a construir una sólida reputación en su cargo.
Geithner Obama
Allan Sloan
NUEVA YORK -

Los problemas fiscales de Tim Geithner han sido un espectáculo interesante, pero secundario. La verdadera cuestión en torno al nuevo secretario del Tesoro no tiene que ver tanto con su torpeza (o descuido) al pagar impuestos, sino si tiene el carácter y la autoridad moral para cumplir su trabajo: asegurarles a los estadounidenses y a los mercados financieros que alguien en Washington sabe cómo proceder.

Esa sensación de seguridad nos la daban Alan Greenspan -cuando era presidente de la Reserva Federal- y Bob Rubin -secretario del Tesoro con Clinton-. Ambos han mostrado tener pies de barro, pero en momentos críticos, los mercados los trataban como dioses y sabían contener una crisis, un papel que ni Henry Paulson ni Ben Bernanke han sabido desempeñar.

En mi opinión, Geithner puede superar cualquier déficit si arremetiera contra Citi y  Bank of America, con todo y directivos. Juzgando por sus días en la Reserva Federal de Nueva York, Geithner puede cumplir ese duro trabajo.

Tanto Citi como Bank of America están en grandes apuros debido a los terribles errores que han cometido. Ambos han recibido un total de 90,000 millones de dólares (mdd) de dinero de los contribuyentes en un rescate bajo condiciones que les favorecen enormemente, y el dinero público también ha servido para respaldar muchas de sus pérdidas potenciales a cambio de 11,000 mdd en acciones preferentes. Esa cantidad es muy inferior a la que hubieran cobrado los mercados financieros.

Suele escucharse la queja de que los bancos están teniendo problemas para poner a funcionar el dinero del rescate porque éste consiste en acciones preferentes con dividendos que cuestan a los bancos entre el 5 y el 8% (netos), un porcentaje mucho mayor al retorno que se obtiene en este momento por estas operaciones. Pero el problema tiene una sencilla solución: dejar que el Tesoro convierta las acciones preferentes de los contribuyentes a acciones comunes, según los precios actuales. Eso reduciría el retorno, pero le daría al contribuyente participaciones accionarias del 70% (en el caso de Citi) y del 50% (en el caso de Bank of America).

Esa medida conseguiría lo que vengo aconsejando desde el año pasado: diluir las acciones comunes mientras los bancos siguen operativos, no sea que cerrándolos se provoque una "quiebra sistémico." La dilución dolerá a quienes debe doler -accionistas institucionales- y quizá les obligue a vigilar mejor en el futuro a los receptores de su inversión.

Los miembros de la junta directiva de Citi y Bank of America, responsables del curso desastroso de ambas instituciones, también deberían sentir algo de dolor. Miles de empleados están perdiendo su empleo, los gerentes han acordado renunciar a sus bonos...pero ¿qué pasa con los directivos? Nada, siguen embolsándose un mínimo de 225,000 dólares al año en Citi, y 240,000 dólares en Bank of America. (Esas son cifras del 2007, los portavoces de los bancos no quisieron informar si el salario de los directivos había sufrido recortes, por lo que me temo que no).

Para algunos no es tanto dinero, pero esos honorarios cuadruplican el ingreso promedio de una familia estadounidense. Eso significa que los directivos ganan cuatro veces más -por un trabajo de medio tiempo y mal hecho- que una familia promedio cuyo dinero está siendo usado para rescatar esas mismas instituciones. Algo escandaloso.

Como los directivos no han tenido la decencia de renunciar a sus honorarios, alguien tiene que inculcarles a la fuerza el sentido del sacrificio compartido, y Geithner es el hombre.

Tenemos que darnos cuenta de que la situación nos compete a todos, que el gobierno está haciendo todo lo posible por apuntalar a instituciones mal gestionadas, demasiado importantes para dejarlas quebrar. Y castigar a Citi y a Bank of America es una buena lección.

Una reflexión final: Los estadounidenses prudentes estamos pagando el doble para rescatar a los imprudentes: a través del dinero de los impuestos y al aceptar que nuestros beneficios por intereses se reduzcan por los recortes a la tasa de interés. Luego, sería bueno ver que los imprudentes también paguen a lo grande.

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