La viuda de Mouriño cuenta su tragedia

A tres meses de la muerte de Juan Camilo, por primera vez Marigely habla para la revista Quién; cuenta de cómo se enteró del accidente y de qué forma le dio la difícil noticia a sus hijos.
marigely  (Foto: Uriel Santana)
Nuria Díaz Masó
CIUDAD DE MÉXICO (Quién.com) -

Ese trágico 4 de noviembre de 2008, Marigely esperaba a su hija María, de nueve años, a la salida de la clase de ballet junto con su chofer, Rodrigo, y sus otros dos hijos: Iván, de seis años (ahora siete), y Juan Camilo, de tres.

Jamás imaginó lo que el destino le deparaba. Ella misma platica que nunca presintió nada, "al revés de como pasa en las novelas". Eran aproximadamente las 6:50 p.m.

A las siete en punto la pequeña María salió por la puerta de la academia Dance Center, ubicada en las Lomas, y subió a la camioneta. Entonces Marigely (como le llaman de cariño) bajó del auto para comprarle dulces a los niños en la tiendita de junto. Escogió lo mismo de siempre: un Mamut para Juan Camilo, una barra de Rice Krispies para María y unos gusanitos de chile para Iván.

En el local sonaba la radio; daban alguna noticia a la que ella no prestaba atención. De pronto, cuando Marigely estaba por irse, el dependiente le preguntó si iba hacia Reforma y le comentó que tomara sus precauciones pues había un caos tremendo debido a que se había caído un helicóptero.

Ella se sorprendió -como era natural-, pero aún sin sospechar que su esposo estaría entre las víctimas del accidente. En ese momento el tendero completó: "Parece que venía de San Luis".

Y ahí sí, sintió un fuerte impacto; temblando, regresó velozmente al auto y sin pensarlo dos veces prendió la radio, en lo que ella describe como "un gran error", ya que no reparó en que los niños estaban con ella y oirían lo que no querrían escuchar.

Efectivamente, todos los noticiarios hablaban de un helicóptero procedente de San Luis Potosí que se había estrellado cerca de la Fuente de Petróleos. Mientras los dos niños jugaban en el asiento trasero, la pequeña María, alarmada, le preguntó: "¿Papá venía de San Luis, verdad?"

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Y se echó a llorar atemorizada. Marigely apagó la radio y la tranquilizó con la primera mentira que se le ocurrió: "Sí, hija, pero él ya está en la oficina". "¿Cómo sabes?", inquirió la niña. "Porque ya hablé con él desde hace rato".

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