La Condesa, un fantasma frente al virus

La epidemia de influenza porcina ha vaciado a los bares y restaurantes de la capital mexicana; la colonia Condesa, una de las zonas de moda en la Ciudad de México, sufre por falta de clientes.
Condesa-mujer-influenza  (Foto: AP)
CIUDAD DE MÉXICO (CNN) -
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Una de las zonas de moda en la capital mexicana había logrado sobrevivir con dificultades a la crisis global y a una ley antitabacos. Pero ahora, con una mortal epidemia de influenza, la Condesa parece un barrio fantasma.
Donde antes costaba conseguir una mesa entre decenas de restaurantes y bares, sólo se ven sillas apiladas y rostros desconcertados de encargados y trabajadores después del cierre dispuesto por las autoridades.
El gobierno de la populosa Ciudad de México decretó que los cerca de 35,000 restaurantes de la capital bajaran sus cortinas entre las medidas para intentar frenar la epidemia, que habría causado la muerte de 159 personas en el país.
"Hemos tenido un año difícil, eso es muy evidente en todos los restaurantes y bares. Pero no creo que haya, hasta el momento, un problema tan serio como el de hoy", dijo Francisco Gallardo, gerente de Café La Gloria, que también funciona como galería de arte.
"No queremos perder la tranquilidad ni pensar sólo cosas negativas. Estamos todos pensando que este problema dure lo menos posible", agregó Gallardo en el restaurante vacío y que, como muchos otros, sólo puede ofrece comida para llevar, de acuerdo a las disposiciones oficiales.
La gripe también ha hecho huir a los turistas y la ocupación de los hoteles se fue al suelo, de acuerdo con algunos establecimientos.
Tiro de gracia
La Condesa es uno de los barrios de moda para los jóvenes, por sus tiendas de moda, de diseño, ropa de estilo "alternativo", foros culturales y modernos restaurantes internacionales.
Según los cálculos de las tiendas de Condesa, el fin de semana la clientela se redujo a la mitad en este barrio rodeado de parques, luego que México anunció los primeros casos de la mortal influenza, que se está extendiendo por el mundo.
Y con las nuevas disposiciones que permiten sólo la comida para llevar, las ventas en los restaurantes se desplomaron un 20%.
Nadie habla aún de despidos en Condesa, pero la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados ha dicho que las medidas para atacar la expansión del virus afectarían a 450,000 trabajadores del sector en la ciudad.
"Ojalá que todas estas medidas sean para normalizar la situación durante la próxima semana, aunque hasta ahora no es claro eso", dijo Arturo Rodríguez, de 38 años y gerente de El Péndulo, una "cafebrería" que debió cerrar su área de cafetería y sólo funciona como librería.
Millones de mexicanos se han recluido en sus casas siguiendo los llamados de las autoridades capitalinas y federales -que cerraron escuelas, estadios, iglesias y museos- a evitar los lugares congestionados.
"Nosotros también lo sentimos porque es la misma clientela. Tanto a los restaurantes como a nosotros nos afecta. Antes, al día, entraban de 50 a 60 personas. Hoy sólo atendimos a entre 5 a 10", dijo José Antonio Monroy, de 30 años, vendedor de la tienda de calzado deportivo Converse en Condesa.
Pueblo fantasma
El alcalde de la capital, Marcelo Ebrard, aseguró el miércoles que el número de casos de una mortal epidemia de influenza porcina parece estar estabilizándose, aunque aún es prematuro para levantar una alerta máxima.
La Ciudad de México, en cuya área urbana viven casi 20 millones de personas, tiene hasta el momento el mayor número de personas contagiadas con el virus.
En el distrito Roma, vecino a Condesa, muchos compararon la situación de calles desoladas con un devastador terremoto.
"Yo viví en esta colonia en el temblor de 1985, y es una situación similar", dijo Rodrigo Ponce, un ilustrador de 31 años.
En una capital usualmente energética y vibrante, la desolación ocasionada por la influenza porcina se deja sentir por toda la ciudad.
"Yo tenía ganas de festejar el cumpleaños de mi novia a un bar, pero nos vamos a quedar con las ganas. Ni los cafés están abiertos", dijo Claudia, una universitaria de 21 años, mientras abrazaba a su pareja Illiana en la Zona Rosa, una tolerante área en el corazón de la capital y muy cerca de Condesa.

 

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