Una experiencia mexicana en China

Megumi Terui comparte su experiencia como mexicana que habita el país asiático; asegura que no ha sufrido discriminación alguna en China debido a la epidemia de influenza A.
China  (Foto: Archivo)
Eliane Megumi Terui Villegas*

Seguramente con este título imaginaría usted que se trata de una queja más sobre las más recientes acciones del gobierno chino respecto a nacionales mexicanos. No es así. Esta es una carta abierta que espero no caiga en saco roto, un llamado a la cordura y al reestablecimiento de relaciones cordiales entre el pueblo mexicano y el chino. Especialmente, es un llamado al pueblo mexicano.

He seguido con atención las noticias sobre la influenza A H1N1. Los primeros reportes que leía en periódicos internacionales y mexicanos sobre la situación me hablaban de caos y muerte. Estuve con un nudo en el estómago hasta que me pude comunicar con mi familia y amigos y ver que, si bien no hay que bajar la guardia ante una enfermedad desconocida, la situación está muy lejana de alcanzar dimensiones apocalípticas. Aún en este momento, un simple cálculo nos indica que en la población mexicana, apenas 0.0009% ha sufrido esta enfermedad, causando la muerte de 0.000028% de nuestra población[1].

Mi más sentido pésame a los familiares de los fallecidos hasta el momento, y mis mejores deseos y esperanzas a aquellos que aún se encuentran combatiendo esta enfermedad. Les pido una disculpa si el mostrar estas estadísticas les causa dolor, pues no pretendo aminorar la pena y angustia que estén sufriendo, es simplemente mi forma de mostrar que la magnitud del problema, mientras incalculable en lo personal, en términos de la población entera aún hay muchas esperanzas.

Estando geográficamente tan lejos de México, no creí que la situación me fuese afectar de manera directa. Veía a chinos con tapabocas (algo que he visto siempre, desde la primera vez que vine a China en el 2005) y me preguntaba qué iba a hacer la gente en México con la escasez de los mismos.

Quiero señalar que en este momento ya me había enfrentado a la ignorancia y desinformación de la problemática, saludos negados debido a la "influenza mexicana", de chinos y de otros extranjeros también, quienes temerosos de lo "terriblemente contagioso" de la enfermedad, obviamente reaccionan con miedo, pero entiendo ahora que no es discriminación.

En ese momento, leí acerca del donativo que China le haría a mi país, y me sentí profundamente agradecida de esta muestra de solidaridad, la primera y por la nada despreciable cantidad de 5 millones de dólares en material y en efectivo. Las heridas de China respecto al SARS y la gripe aviar estaban aún muy recientes cuando yo llegué aquí, y no se han borrado de la mente de la gente aún con el tiempo

La llegada del último vuelo de Aeroméxico a Shanghai, y el posterior descubrimiento del caso de un mexicano que se encontraba enfermo del virus, detectado en Hong Kong, cambió el panorama. Amanecí el sábado 2 de mayo a una ola de rumores de mexicanos detenidos y perseguidos por todo China, y a lo largo del día, las cosas se fueron aclarando. En efecto, las autoridades sanitarias se pusieron a buscar y a aislar a todos los pasajeros que habían estado en ese mismo vuelo, a fin de poner en acción un plan de contingencia diseñado para el control de epidemias, una lección aprendida a un costo muy alto en China.

También han aislado a algunas de las personas que tuvieron un contacto directo con los pasajeros del avión, ya sea también en hoteles o bien, en sus propios departamentos. Conozco personalmente a cuatro de ellos, y afortunadamente todos se encuentran muy bien de salud, por lo que pronto podrán reiniciar sus actividades de manera cotidiana.

Por eso es que me saca de quicio ver las noticias sobre la situación en México. Algunos reportes (los más dramáticos) hablan de una búsqueda sistematizada de mexicanos por parte del gobierno chino para meternos a hospitales en condiciones infrahumanas. Esto no es cierto. Si bien en algunos casos particulares la situación no ha sido la ideal, se debe tener en cuenta que esto se trata de una emergencia sanitaria, en las que la responsabilidad principal del gobierno chino es evitar que se propague la enfermedad entre su población.

Yo no esperaría menos de mi propio gobierno de ser el caso. Si China presentase la misma tasa de mortandad que México tiene en este momento, estaríamos hablando de 11,700 muertes por influenza H1N1. En lo personal, me parece más racional incomodar a 70 mexicanos antes que responderle a los familiares de esas potenciales 11,700. No le estoy dando la espalda a mi país, y no estoy de acuerdo con las injusticias cometidas (y las protesto), pero hay que ser claros en que esto ha sido la excepción y no la regla en el manejo de la situación.

He leído como muchos acerca de las condiciones en las que se pretendía poner (y en algunos casos, se puso) bajo aislamiento a muchos de mis compatriotas. No todos contaron con la suerte de que se les pusiera en un hotel de cinco estrellas, ni en un hospital de clase mundial, pero tampoco hay que hacerlo parecer como si los mandaran a un campo de concentración. Nada más pregúntese usted sobre las condiciones de algunos de nuestros hospitales en México, no muy distantes de las carencias de los hospitales aquí. En esos mismos hospitales los chinos tratan a sus nacionales, por lo que no es en ningún momento una expresión de xenofobia en contra de mexicanos el que los quieran mandar ahí.

Las diferencias entre nuestros países son muchas, y quizá por eso también tantos malos entendidos. Una de las detenidas se quejaba de que el cuarto en donde la habían metido no había papel sanitario, que eso era infrahumano. Es obvio para mí que esta persona es una turista que no sabe que en China, la norma es que no haya papel sanitario en los baños (quienes ya lleven algo de tiempo aquí sabrán de lo que hablo). En cuanto a los alimentos, puedo comentar que he ido a banquetes en donde la comida, si bien costosa y de primera calidad, tiene un sabor que para mi paladar y el de muchos extranjeros es casi intolerable, pero que dentro del gusto chino es un platillo de lujo, por lo que no me sorprendería que si a alguien bajo una situación por sí misma estresante le sirven uno de estos platillos, le parecerá una violación a sus derechos humanos. Piense nada más en lo que opinan en otros países de nuestros tacos de chicharrón y platos de menudo que a nosotros tanto nos gustan.

Estas diferencias, aunadas al amarillismo de algunos de los medios de comunicación, han hecho parecer la situación muy diferente de lo que realmente es.

Lo que más me preocupa en este momento, son las reacciones que veo por parte de gente en México, a raíz de las quejas de aquellos desafortunados que han llevado la peor parte de esta experiencia. He leído peticiones de venganza en contra de chinos por "el trato que nos están dando", siendo que en la mayor parte de los casos este "trato" no ha sido más que medidas preventivas por la seguridad de todos y muestras de solidaridad. Me da tristeza y vergüenza leer acerca de las groserías que les han hecho a mis amigos chinos en México, siendo que son personas que viven allá porque aman nuestra cultura, nuestra comida, y quieren conocer más acerca de nosotros.

Es una pena que su experiencia esté siendo amargada de esta manera, justo en un momento en que México necesita un acercamiento con China, por motivos no solamente sociales y culturales, sino también económicos.
Es por ello que escribo estas líneas, para plasmar mi perspectiva sobre esta situación. Los mexicanos en China no estamos siendo discriminados, ni estamos siendo perseguidos por el gobierno chino. Algunas (pocas) personas aquí están reaccionando con miedo ante nosotros, ¿y cómo no van a hacerlo si saben que el país se tuvo que paralizar por varios días como medida para detener la propagación de la enfermedad? Es entonces comprensible que te eviten o te dejen la mano extendida al saludar. De la misma manera, entiendo que en México haya reacciones tan fuertes en contra de China si se imaginan un escenario en donde todos los mexicanos están siendo detenidos y perseguidos.

Hasta el momento han sido sólo chinos los únicos extranjeros que se han preocupado por preguntarme sobre el bienestar de mi familia en México ante esta contingencia. Ellos saben por lo que estamos pasando. Como dije ya, en ese sentido la experiencia china con el SARS sigue estando muy reciente.

Es por ello que decidí finalmente expresar mi opinión (compartida por muchos otros mexicanos en este lado del Pacífico que ya están haciendo llegar sus opiniones a otros), para que sepan que estamos bien, que en ningún momento hemos sido agredidos, y que mientras apreciamos su preocupación y sus muestras de solidaridad, vean que la situación en lo general es muy tranquila aunque de prevención.

En lo personal, quiero pedir que se detenga toda muestra de odio a China y a los chinos, quienes a pesar de lo diferente de nuestras culturas, me han abierto las puertas de sus hogares y de su cultura. ¡Pido un alto a la discriminación, un alto a la xenofobia en todas sus formas!

Nota: En esta carta refleja mi opinión personal, y de ninguna manera puede ser tomado como declaración oficial por parte de ninguna institución ni dependencia alguna.

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[1] De acuerdo al Conteo de Población y Vivienda 2005, del INEGI, la población mexicana en ese momento era de 103.3 millones de personas. En cuanto al número de afectados por el virus de la influenza A(H1N1), estos corresponden a los publicados por la Organización Mundial de la Salud el día 6 de mayo de 2009.

*La autora es una mexicana residente en China desde febrero de 2007.

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