Fonoteca prepara mapa sonoro de México

La Fonoteca Nacional realiza el Paisaje Sonoro México para documentar ‘soundmarks’, informa Quo; las marcas acústicas son los sonidos que dan identidad a una comunidad y son patrimonio de su país.
Quo  (Foto: Fotoarte: Jaime Ortiz / Retoque digital: Luis Delfín)
Lariza Montero

La FonotecaNacional tiene un reto: capturar el Paisaje Sonoro de México. Para ello, deberá recolectar los sonidos que distinguen a cada estado de la República Mexicana (www.fonotecanacional.gob.mx). ¡Silencio! Respira, escucha... ¿Qué oyes a tu alrededor? ¿A qué suena este momento? ¿Recuerdas a qué sonó cuando te enamoraste, cuando nació tu hijo o al despedirte de alguien a quien no volviste a ver? ¿Sabes cómo suena tu calle, tu colonia, tu país?

Cuando se piensa en un paisaje generalmente se evocan imágenes o escenas como en una fotografía estática; visualmente se disfruta de él, pero se deja de lado el aspecto acústico, el sonido, la parte sonora del paisaje.

La primera definición de paisaje sonoro la aportó el compositor canadiense R. Murray Schafer bajo el término soundscape, y la usó para denominar "el entorno acústico... el campo total de los sonidos donde quiera que estemos. Es una palabra que se deriva del paisaje, aunque a diferencia de ésta no se limita estrictamente a los exteriores".

Para Andrea Polli, directora del Programa Interdisciplinario de Cine y Medios Digitales de la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos, un paisaje sonoro es "una manifestación acústica del lugar con sonidos que da a sus habitantes un sentido del sitio. La calidad acústica del área toma la forma de las actividades y el comportamiento de sus habitantes. Los significados del lugar se crean a través de la interacción entre un paisaje sonoro y los oyentes".

La interacción entre la naturaleza, las diversas actividades humanas y de otras más, sonidos incidentales o creados, que se dan en exclusiva en alguna región por fenómenos sociales propios o por características físicas del lugar, conforman un paisaje sonoro.

La identidad del sonido

En Vancouver, Canadá, cada vez que una embarcación entraba al muelle se escuchaba un silbido muy característico que anunciaba el arribo. El alcalde de la ciudad lo mandó eliminar con el argumento de que era muy ruidoso, pero los vancuveritas emprendieron una campaña para que se permitiera nuevamente. Muchos habitantes desconocieron la ciudad sin el cotidiano y familiar silbato y pidieron a las autoridades que se le considerara como parte de la identidad de la región. Ejemplos como éste se pueden encontrar en todos los países, estados, regiones y pequeñas localidades. En general, América Latina tiene una enorme riqueza de sonidos ambientales, animales, marinos, vegetales; ritmos, lenguas y música que, en conjunto y reciprocidad, conforman los elementos de un gran paisaje sonoro. México, en particular, es fundamentalmente sonoro (para muchos extranjeros, ruidoso). Basta pensar en lo que nos identifica, auditivamente hablando, en otros países: el sonido del mariachi, la jarana, los gritos característicos de ¡Viva México!, el zapateado, la campana del camión de la basura o el grito del gasero, entre muchos ejemplos.

De manera que, como la arquitectura y la comida típica, el sonido es un elemento que conforma el paisaje de una región y la diferencia de otra; es parte de su identidad.

Al respecto, la especialista en sonido, Luz María Sánchez, de la Universidad de Guadalajara, dice que si por identidad entendemos el conjunto de rasgos propios de un individuo o una colectividad que los caracteriza frente a los demás y la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a otros, "los sonidos producidos por este individuo y esta colectividad, así como la conciencia de estos, puede y debe conformar la identidad sonora".

Se trata de información, valores y rasgos que crean una memoria emotiva y de pertenencia a lugares, grupos sociales o diferencias entre individuos. Ejemplo de esto puede ser el repicar de las campanas de un pueblo, el pregonar de un vendedor, el estruendo de una cascada, el habla de las personas o el ruido que producen sus medios de transporte típicos; todos son objetos sonoros que distinguen a un lugar.

Nuestro paisaje Desde la década de los 80, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconoce el sonido como un patrimonio intangible de los países, que da identidad a los pueblos por reflejar sus aspectos sociales, culturales, políticos y hasta económicos.

En México, la Fonoteca Nacional, inaugurada en diciembre de 2008, se ha entregado a la realización de un proyecto llamado Paisaje Sonoro México, con un objetivo ambicioso: encontrar los soundmarks de la República Mexicana y concluir en 2010 un mapa de ellos. Este término, de acuerdo con Kendall Wrightson, abarca los sonidos más significativos, tónicas, señales o marcas sonoras. Para Luz María Sánchez, las "marcas acústicas" son los sonidos considerados por una comunidad y sus visitantes.

Poco antes de dejar el puesto de directora de la Fonoteca Nacional, Lidia Camacho concedió una entrevista a Quo sobre el proyecto. Uno de sus objetivos principales es el de crear un archivo de documentos sonoros con fichas catalográficas muy precisas sobre el levantamiento de las marcas, para conformar un acervo público con el paisaje sonoro de las 32 entidades federativas, con miras a realizar una guía turística, editar discos con las sonoridades de cada uno, enriquecer constantemente un mapa digital y un sitio web de consulta.

Para ella, lo más importante es preservar el patrimonio sonoro del país. "Hoy no podemos saber cómo sonaba México en la época de la Revolución, pero sí podremos saber cómo se escucha en el Bicentenario para dejar un registro, un legado sonoro para las generaciones actuales y venideras". 

El mapa

El paisaje sonoro de un lugar se reconstruye a partir de grabaciones de campo y registros pormenorizados de su comportamiento acústico. El pionero en esta materia es Murray Schafer, al realizar el "World Soundscape Project" en la década de los 70.

La conformación de un paisaje también tiene que ver con la investigación (acerca del significado y la relevancia de los sonidos) y la creación artística de diseñadores de audio (la creación de piezas sonoras).

La realización en México de paisajes sonoros comenzó en 2004 con un proyecto de Radio Educación, en colaboración con Radio Berlin Brandenburgo y Deutschland Radio, con el propósito de realizar piezas de creación sonora a partir de la grabación, con técnicas y tecnologías de vanguardia, de los aspectos más característicos de diferentes regiones de la República Mexicana.

Hacer el mapa sonoro mexicano ha llevado varios años; se concluyó ya el de cinco estados: Chiapas, San Luis Potosí, Veracruz, Michoacán y el Distrito Federal.

Francisco Rivas, jefe del Departamento de Investigación y Experimentación Sonora de la Fonoteca Nacional, explica cómo se lleva a cabo el proceso: se forma un equipo de trabajo, se hace una investigación previa de cada entidad, se buscan recursos y convenios con las secretarías de cultura estatales para obtener facilidades de grabación y recopilar información, y luego se presenta un proyecto. Después realizan viajes de exploración sonora con una ruta logística en cada región para recoger y capturar con técnicas de grabación profesional como las de cine (para grabaciones de campo) y un sistema multicanal de grabación sorround (envolvente de cinco bocinas) y micrófonos que captan el sonido de manera espacial. Con la ayuda del ingeniero alemán Peter Avar (especialista en "levantar" sonido) se graban las manifestaciones sonoras más representativas.

Según el fenómeno sonoro que se quiera grabar, se utilizan micrófonos bidireccionales y omnidireccionales (que graban en 360 grados), y se instalan los equipos estratégicamente. Por ejemplo, cuando se grabó el sonido del Sótano de las Golondrinas, en San Luis Potosí, se introdujeron micrófonos en el cráter, a 30 metros de profundidad, se colocó un sistema de grabación a la entrada del mismo y otro en una loma aledaña. Así se logró capturar el sonido de los pájaros desde su salida hasta que emprenden el vuelo.

La elección final de los sonidos grabados se hace a partir de la etapa de investigación, que implica conocer la música tradicional del lugar, fiestas, celebraciones comunitarias, lenguas, el habla cotidiana, oficios y entornos naturales, y en colaboración con los pobladores e instituciones del lugar se acuerda cuáles representarán la identidad del estado. Posteriormente, los artistas, ingenieros de audio y diseñadores sonoros, recrean los paisajes sonoros con composiciones hechas con una postproducción específica. Al término del proceso se hace una colección de documentos sonoros catalogados que forman parte del acervo de la Fonoteca.

La existencia del sonido es efímera, se encuentra en constante cambio y movimiento; existe en tanto se escucha. El sonido genera memoria, aprendizaje e identidad permanente. El proyecto de la Fonoteca Nacional permitirá conocer el bullicio de las tonadas tricolor, los vívidos ritmos de selvas y desiertos, la intensidad de lenguas y cánticos.

¡Silencio! ¿A qué te suena este momento? Pronto sabrás a qué suena tu colonia, tu calle, tu país...

 

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