Micheletti acepta diálogo con Zelaya

El Gobierno hondureño sostendrá conversaciones con el presidente depuesto para solucionar la crisis; el mandatario de Costa Rica, Oscar Arias, será el mediador para evitar mayores conflictos.
Manuel Zelaya  (Foto: AP)
TEGUCIGALPA (CNN) -

El derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, y el Gobierno interino que tomó el poder tras el golpe de Estado se sentarán a dialogar a partir del jueves, generando expectativas en una población dividida por la crisis política en el empobrecido país centroamericano.

El presidente de Costa Rica, Oscar Arias, será el mediador entre las partes para buscar una salida al conflicto, originado por el secuestro y expulsión de Zelaya por militares el 28 de junio, día en que había convocado una consulta popular para abrir el camino a su reelección.

La crisis se ha convertido en un desafío para el presidente estadounidense Barack Obama, cuya promesa de mejorar las relaciones con América Latina ha pesado en su decidido apoyo a la mediación de Arias para evitar una escalada de la violencia en una de las naciones más pobres del continente.

El nominado para secretario asistente para los Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Arturo Valenzuela, reiteró el miércoles la postura de Washington de que el golpe "fue inaceptable" y pidió enviar "un mensaje fuerte".

"La situación es grave (...) cuando un presidente es expulsado por militares y sacado del país sin un debido proceso legal, sin cargos por violar la Constitución, esto es una interrupción del orden constitucional", dijo Valenzuela en la audiencia de su nominación.

Sin embargo, tanto el depuesto mandatario hondureño como el presidente interino Roberto Micheletti han conservado sus posiciones inflexibles y ambos bandos hablan de diálogo, pero no de negociación.

"Lo que sí quiero es no dejarlos salir de aquí hasta que haya un acuerdo", dijo Arias, ganador del premio Nobel de la Paz por su trabajo para poner fin a conflictos militares y guerras civiles que asolaron la región durante la Guerra Fría.

Zelaya cuenta con un amplio respaldo internacional que ha condenado el golpe y exigido su restitución, pese a que en su contra se han unido políticos, empresarios y buena parte de la población, atemorizados por su alianza con el presidente venezolano, Hugo Chávez, en un país muy conservador.

"Estamos abiertos a todo menos al regreso de Mel Zelaya", dijo el martes el canciller interino, Enrique Ortez.

Los hondureños, que se han dividido entre dos presidentes que claman ser legítimos y constitucionales, han protagonizado desde el día del golpe masivas manifestaciones a favor y en contra de Zelaya, un empresario maderero que a mitad de su mandato adoptó un discurso de corte socialista.

El Gobierno interino ha quedado aislado internacionalmente y fue sancionado por la Organización de Estados Americanos (OEA) por su negativa a restituir al mandatario, al que ha amenazado con encarcelar si regresa al país acusándolo de traición a la patria, abuso de poder y corrupción.

Zelaya, cuya aprobación había caído a niveles del 30% en las semanas previas al golpe, insiste en que las autoridades están reprimiendo a la población y exige el castigo a los "usurpadores".

Las protestas han dejado un muerto y varios heridos de bala cuando seguidores de Zelaya se enfrentaron con soldados mientras esperaban su retorno en avión, que finalmente las autoridades impidieron bloqueando el aeropuerto.

Los analistas son escépticos sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo ante posturas tan enfrentadas.

"Es difícil una mediación exitosa mientras el gobierno golpista sabe que puede resistir lo que resta de mandato de Zelaya. Lo único que puede sacarlos del poder es una conjunción de protestas masivas y sanciones económicas reales", dijo Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación Política y Económica, con sede en Estados Unidos.

Otros, sin embargo, son más optimistas.

"Creo que estamos en el camino de construir un diálogo que puede ser extremadamente positivo y productivo para el país", dijo el ex presidente hondureño Ricardo Maduro en Washington.

A nueve días del golpe, muchos hondureños están exasperados por la incertidumbre, el toque de queda vigente, las calles cortadas por continuas marchas y la tensión reinante en el pequeño país exportador de café, textiles y banano.

"Ya está bien, lo que queremos es parar todo esto. Con las protestas diarias uno ya no puede ni ir a trabajar, ni salir por las noches. Que pongan a uno que no sea ni de un lado ni de otro. Uno que al menos gobierne bien", se quejó Vilma Barahona, una enfermera de 53 años.

 

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