Los excéntricos son más felices

Quo explica que hay un excéntrico entre 10 mil y éstos son más felices y saludables que el resto; son sujetos insultantemente creativos, inconformistas y con sentido del humor, ¿eres uno de ellos?
Yolanda Ruiz Ruiz

La frontera entre el loco, el raro y el extravagante ha sido siempre difícil de definir. De hecho, la ciencia no había puesto demasiado empeño en buscar las diferencias o similitudes, hasta que David Weeks, un neuropsicólogo del Hospital Real de Edimburgo (Reino Unido), tomó cartas en el asunto. Se topó con el caso de un paciente que exhibía una vida y hábitos fuera de lo común, pero que no podía ser diagnosticado con ninguna dolencia mental. Weeks intentó indagar en literatura médica al respecto y encontró que nadie había indagado este tipo de comportamientos fuera de la norma. Así que puso un anuncio en bares y supermercados. Quería conocer más sobre la originalidad del pensamiento, cómo se produce y qué perfil respondía realmente a los excéntricos. Entrevistó a más de mil personas durante 10 años y sus conclusiones no dejaron lugar a dudas. Encontró 15 adjetivos que se pueden usar para estas personas: inconformistas sociales, creativos desmesurados, conscientes de sus rarezas sin sufrir por ello, idealistas, y además, más sanos y felices que el común de los mortales.

Y claro, no están locos. Saben lo que quieren, se obsesionan por conseguirlo y no temen la crítica social ni los convencionalismos.

De carne y hueso

Todo esto aparece publicado en el libro que Weeks firmó junto a Jamie James en 1995: Eccentrics: A Study of Sanity and Strangeness.

Casi todos los estudiados eran blancos, de clase media, occidentales y procedentes de Estados Unidos y Gran Bretaña; sólo 25 eran afroamericanos. Un hallazgo curioso fue que estas personas son menos consumistas que el promedio de la población general. Además, observó que menos de 30 individuos de los más de mil que entrevistó eran alcohólicos o adictos a drogas. Y son reconocibles desde la infancia. Desde los 8 años ya se perciben como inconformistas y hay mucha coincidencia entre niños excéntricos y superdotados.

En concreto, Weeks se aventuró a establecer una estadística: "Excéntricos de tiempo completo se cuentan uno entre 10 mil".

Junto a casos de famosos como Isaac Newton, Albert Einstein, Glenn Gould, William Blake, Michael Jackson, el Príncipe Carlos de Inglaterra, Brigitte Bardot, Howard Hughes, Katherine Hepburn o Patch Adams, el investigador Weeks describe en su libro casos de carne y hueso, anónimos con extravagancias resaltables. Como Marvin Staples, un indio Chippewa de Minnesota que camina hacia atrás porque "esto le hace sentir más joven y lo ha curado de un dolor crónico de espalda y de artritis".

El equipo del Hospital Real de Edimburgo estableció que los artistas y los científicos, adictos a la creatividad, son los perfiles humanos donde se concentra la mayoría de excéntricos. Los científicos, repletos de inventores, se entregan a ideas tanto brillantes como absurdas. Y aunque no todos los artistas ni todos los científicos son excéntricos, se les tolera mucho más la extravagancia; forma parte de su idiosincrasia y de la creatividad fuera de lo normal que desarrollan como un don.

La clave de la felicidad

Después de terminar su investigación, Weeks se planteó si realmente acatar la norma era sinónimo de felicidad. Sobre todo, porque estos individuos le demostraron que sus rarezas redundaban en seres más felices y sanos.

¿Lo son porque eligen ser distintos a pesar de los convencionalismos sociales? ¿Es la libertad y el uso de la misma la que redunda en una vida más plena? Sin duda alguna, piensa Weeks, al igual que Alfonso Chávez, psicoterapeuta y psicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica de México.

No obstante, Chávez asegura que la excentricidad se reprime en muchas ocasiones y cuando esto ocurre, hay más frustración. Weeks reconoce que no es fácil, pues implica separarse de las convenciones y eso genera gran presión social. "Si se es singular y único, la gente se ríe de uno, lo cual hace que el excéntrico se inhiba más y más", añade.

Él mismo ha desarrollado lo que ha bautizado como terapia de pensamiento excéntrico. Su idea es que la gente recupere su yo excéntrico reprimido. Quiere reeducar su sentido del humor (les pone películas de "Buster" Keaton, Abbott y Costello, y otros) y hacerlos conscientes de las bondades de su creatividad y curiosidad. Su objetivo, cuenta él mismo, es que "se interesen por su pensamiento y sean coherentes con él, sin temor", y así, sostiene el investigador,  serán más felices.

"Si los excéntricos no dan rienda suelta a su impulso creativo, pueden deprimirse. Es una privación de la mente y el espíritu, más fuerte que la pobreza", escribe Weeks. Y concluye: "Los hábitos impulsados por la cultura popular han generado tanto aburrimiento e ineficacia, que haríamos bien si pudiéramos cambiar la codicia material por la curiosidad interior de los excéntricos".

Otro experto, el Dr. Louis J. West, psiquiatra de la Universidad de California en Los Angeles (EU), coincide con los beneficios del pensamiento excéntrico. "El propósito de la terapia de Weeks es hacer libre a la gente, que se cultive la excentricidad como una vía especial de comunicación que necesita la gente para tener más libertad de acción y pensamiento".

Locura con o sin trastorno

Hubo un tiempo en que la extravagancia se asoció con la aristocracia, y predominó sobre todo en el siglo XVII. Muchos tenían trastornos mentales, otros no, sin embargo, quedó patente la máxima de que un loco rico es un excéntrico y un enfermo mental pobre es un loco.

Obviamente, esto no es real. Por encima de clases sociales, la mayoría de expertos coinciden en que excentricidad no es igual a locura. Tanto en uno como en otro caso hay un alejamiento radical de la norma, pero la diferencia entre un neurótico, psicótico u otro trastornado mental y un excéntrico, es que los primeros son infelices, carecen de juicio de realidad, padecen fobias, ansiedad y sufren enormemente con sus síntomas. El excéntrico es feliz y, aunque es consciente de su personalidad extraordinaria, está apegado a la realidad y se integra de alguna manera en la sociedad.

Chávez afirma que a veces es difícil establecer la frontera entre ambos, pero los extravagantes conocen el mundo, aunque disientan de él con frecuencia. Conocen la realidad aunque vivan en un universo propio. Weeks explica: "Estos seres particulares tienden a ser justo lo contrario de quienes sufren desórdenes crónicos de la personalidad. Generalmente disfrutan de buena salud, e incluso su promedio de esperanza de vida es mayor al resto de la población. Y tienen mucho menos estrés, ya que no sienten la necesidad de acatar la norma".

También encontró que hay una respuesta bioquímica que le da la razón. "Formas positivas de estrés como el sexo, el deporte y el entusiasmo intelectual, cuando se tienen nuevas ideas, liberan mayores cantidades de la hormona del crecimiento, que ayuda a mantenernos jóvenes".

En cualquier caso, hay veces en que los rasgos del excéntrico pueden confundirse con ciertos trastornos como los complejos de Edipo y Napoleón, el síndrome de Peter Pan, desórdenes obsesivos o síndrome de Asperger (un tipo de autismo), sin embargo Weeks también ha querido desmontar el mito que vincula creatividad y enfermedad mental: "Por lo que he visto en mi práctica clínica, las dolencias mentales severas interfieren con la creatividad. La gente que es creativa lo es, independientemente de si está o no enferma".

Otros expertos mencionan que hay otros padecimientos, como el déficit de atención, que puede confundirse con un excéntrico en potencia. El psiquiatra Peter Breggin sostiene que muchos niños con este diagnóstico son rebeldes que sucumben ante el sistema de educación, que no busca la convención por encima de la individuación. "Muchos encajarían en el perfil de excéntrico de Weeks", apunta.

Y es que los manuales de diagnóstico están llenos de comportamientos estigmatizados. De hecho, hay regímenes políticos y religiones que permiten más que otras el comportamiento excéntrico. Lo que se considera normal en los círculos liberales de Londres puede ser tachado de locura en alguna tribu de Ruanda, o al revés. Weeks también tiene respuesta al respecto: "La excentricidad florece más donde hay libertad de expresión. Por eso, es difícil encontrar extravagantes tolerados en regímenes represivos o totalitarios, o países donde el conformismo social es el bien más supremo". Un ejemplo es Japón. Allí, afirma, ni siquiera existe la palabra excéntrico, y cuando la traducen lo hacen por criminal o débil.

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En definitiva, los excéntricos están encantados de darse a conocer, gusten o no a los demás. No están vacunados contra trastornos mentales ni otras dolencias, pero las padecen en menor medida. ¿Será que habrá que hacer un esfuerzo por practicar la libertad de elección y pensamiento? Agrega un poco de extravagancia a tu vida y observa.

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