El narco apunta a adictos mexicanos

Los cárteles de la droga mantienen una disputa por el mercado en las ciudades del norte del país; la crisis económica podría incrementar el número de adictos en esa región.
Narco  (Foto: Especial)
CIUDAD JUÁREZ, México (CNN) -

Los violentos cárteles de la droga de México han comenzado a pelearse por los adictos locales en los callejones de las ciudades del norte del país, desatando nuevas guerras territoriales que podrían dificultarle aún más el trabajo a las fuerzas de seguridad.

Encapuchados armados han asaltado al menos siete clínicas de rehabilitación en Ciudad Juárez y otras ciudades fronterizas con Estados Unidos desde comienzos del año, a la caza de vendedores de drogas de grupos rivales. El mes pasado, dos ataques de ese tipo dejaron 28 muertos.

Los sicarios han entrado en bares y fiestas familiares en Tijuana para matar a traficantes, arrastrado a otros a deshuesaderos de autos para torturarlos y matarlos, y han apilado los cadáveres de adolescentes adictos cerca de barrios conocidos como centros de tráfico.

El ejército, funcionarios fronterizos y trabajadores sociales dicen que el criminal más buscado de México, Joaquín "el Chapo" Guzmán, está también buscando el control del creciente grupo de adictos en la región fronteriza, junto con su batalla por controlar las rutas del tráfico hacia Estados Unidos.

"Es una nueva dinámica en la guerra de los cárteles. Guzmán está intentando dominar el mercado local pero otras células también quieren el control y está provocando un conflicto más intenso", dijo un jefe policial mexicano de alto nivel, quien prefirió no ser nombrado por lo sensible del tema.

Mientras los controles fronterizos dificultan el tráfico de drogas a Estados Unidos, los cárteles más grandes están buscando aumentar el consumo en México.

Los cárteles apuntan a la enorme fuerza de trabajo itinerante de las fábricas mexicanas en la frontera, ansiosos por hacer adictos a parte de los 56,500 trabajadores que perdieron sus plazas en Ciudad Juárez en los últimos dos años por la recesión.

Desde Tijuana a Reynosa en la frontera con Texas, los pistoleros de Guzmán están eliminando a los pequeños traficantes rivales -la mayoría adictos desempleados o jóvenes fuera del sistema educativo- en una nueva prueba para la lucha contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.

A pocos metros de la frontera estadounidense en Ciudad Juárez, un grupo de pistoleros asaltó el mes pasado una clínica de rehabilitación, formó a 17 pacientes en una hilera y los ejecutó.

"Nunca recibimos amenazas, dispararon porque sí, nunca escondimos a ninguna persona de ningún grupo de narcotraficantes, no tenemos nada que esconder", dijo un sobreviviente del ataque, quien no quiso ser identificado por temor a represalias.

Hasta el momento las autoridades antidrogas en ambos lados de la frontera se han concentrado en la lucha entre los cárteles por las rutas del tráfico de la cocaína sudamericana hacia Estados Unidos.

Los hombres de Guzmán, del estado de Sinaloa en la costa del Pacífico luchan con el rival Cártel del Golfo por el control de un negocio estimado en 40,000 millones de dólares anuales.

Más de 14,000 personas, principalmente traficantes y policías, han muerto a causa de la violencia del narcotráfico desde que Calderón declaró la guerra contra los narcos a finales del 2006.

Más de 10,000 soldados y policías federales en Ciudad Juárez no han logrado detener las muertes. El ejército está distribuido en todo el país, desde las rutas de entrada en el Caribe, las zonas montañosas productoras de marihuana y la frontera norte.

A algunos inversionistas y funcionarios en Washington les preocupa que la creciente violencia del narco supere a las fuerzas de seguridad en México, un importante productor de petróleo, metales y bienes manufacturados.

La pelea por los mercados locales complica aún más la guerra contra el tráfico, porque la violencia se ha vuelto anárquica. Puede ser confuso saber quién trabaja para quién y cuáles grupos son los que matan, especialmente en Ciudad Juárez.

"Algunos 'pushadores' (traficantes) me decían que trabajaban para el Chapo, y otros La Línea. Pero ahora se está dando un fenómeno nuevo, porque algunos no tienen ni idea de para quién trabajan", dijo el trabajador social Antonio Briones.

"La Línea" es el nombre que le dan al Cártel de Juárez.

El número de mexicanos adictos a las drogas se disparó en un 50% a alrededor de 500,000 entre el 2002 y el 2008, según un estudio gubernamental del año pasado.

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Los expertos dicen que la cifra real es mucho mayor, con un estimado de 200,000 adictos sólo en Ciudad Juárez.

"Ahora hablas por teléfono y te reparten las drogas como si fueran pizzas", dijo José Antonio Rivera, director de un centro de apoyo a la juventud en Ciudad Juárez.

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