Los retos de Raúl Plascencia en la CNDH

Luis Eduardo Zavala de Alba pide que el nuevo Ombudsman anteponga la interacción a la victimización; el investigador en derechos humanos del ITESM lo llama a ser moneda de justicia social, no...
José Luis Soberanes y Raul Plascencia.  (Foto: Notimex)
Luis Eduardo Zavala de Alba *

La designación del Ombudsman nacional no debía ser asunto de ética consecuencialista a partir de la cual se enfatizan los buenos resultados como la base para evaluar acciones.

La idea principal es lo que hace una acción políticamente correcta que lleve consigo la mejor consecuencia que cualquier otra alternativa. Éste es el acercamiento ético de muchos de nuestros representantes en la Cámara Alta, salvo sus honrosas excepciones. Mucho menos un asunto de cuotas o cotos de poder propios de la política en nuestro país.

La designación del Ombudsman nacional es un asunto enraizado en dos principios: el de la política pública que distribuye recursos y valores que conforman el proceso de la vida social y política del país; pero, sobre todo, el de la justicia. Algo de lo cual es muy difícil hablar pero imposible de permanecer callado. Sobre este último principio no es  asunto sólo de razonamiento, sino de ser apropiadamente sensible y tener un olfato para la injusticia. En palabras de Amartya Sen "los requerimientos de (una teoría sobre) la justicia incluyen traer a la razón la relación entre la justicia y la injusticia" (Sen, Amartya, The idea of justice, Harvard University Press, Cambridge, MA 2009, 6).

Si partimos de la idea hobbesiana del "institucionalismo trascendental" el cual en sus dos distintas acepciones identifica, por un lado, la perfecta justicia antes que la comparación relativa entre la justicia y la injusticia, y, por otro, la búsqueda de lo perfecto en las instituciones que permita un análisis de los imperativos morales y políticos propios de la conducta social, de ahí  podemos afirmar que lo propio de una Comisión Nacional de Derechos Humanos es cualificar la justicia en un país, implementando una política pública de derechos humanos que sea capaz no sólo de revertir la percepción de muchos ciudadanos sobre la protección de los delincuentes, sino principalmente que el argumento de la justicia no sea indiferente en la vida de los ciudadanos y prevenga  de las mas severas injusticias.

Para ello se requiere decir la verdad al poder, defender a los oprimidos, los desaventajados, los marginados, los pobres y a los que no tienen quien los represente. Esto significa hacer de México -que está lleno de violaciones a los derechos humanos y desigualdades- un lugar mejor. Un Ombudsman debe ser un líder con un profundo compromiso con la justicia.

A manera de retroalimentación y no de crítica, pienso que la tarea que tiene ante sus ojos Raúl Plascencia, primero, es la de examinar honestamente sus actividades y los resultados prácticos que tuvo como primer visitador, de tal modo que pueda incluir diferentes y mas integrales modos de activismo. Con eso me refiero a un activismo que interactúa con las víctimas de violaciones de derechos humanos sobre una base horizontal, no jerárquica, que realmente coopera con ellos y que no sólo "aboga" en su nombre.

Segundo, bajo ninguna circunstancia perpetuar la victimización. Normalmente la víctima también es considerada como alguien que no es responsable de su condición, que es débil, sumiso, compasivo, derrotado e impotente. Al reproducir  imágenes sobre incompetencia, dependencia y debilidad se puede construir una victimización así como reforzar los estereotipos de algunos grupos (por ejemplo, las mujeres, los discapacitados, las minorías) en los ojos de la opinión pública.

De hecho, puede ocurrir muy fácilmente que las víctimas sean, en cierto sentido, manipuladas y abusadas doblemente cuando el foco de atención no es la víctima, sino una ideología ajena a ellas. Así sucedió en el caso de Roe vs Wade, una de las decisiones mas importantes de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Ella ha criticado públicamente a sus abogados por ser incapaces de defender sus intereses. Lo que ella buscaba era un aborto pero nunca lo logró porque no habría sido bueno para el caso (Bukosvá, B, "Perpetrando el bien: Las consecuencias no deseadas en la defensa de los derechos humanos", en, Sur, Revista Internacional de Derechos Humanos, 7-17).

Tercero, el nuevo Ombudsman debe de ser la moneda de la justicia social en este país y no un mercader de derechos humanos que entienda sobre las situaciones graves de los grupos de individuos oprimidos solo como una mercancía, ya que debilitaría la posibilidad de cualquier actividad de política pública esencial para resoluciones de largo plazo sobre las desigualdades que cargan las víctimas de los abusos.

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Un defensor de derechos humanos como él, e insisto, a manera de retroalimentación, debe reformar su manera de pensar sobre sí mismo y sobre las víctimas. Este enfoque abarca un mayor respeto por el poder de los marginados y de los individuos y las comunidades oprimidas; una más profunda atención al impacto de la raza, género, clase y cultura en la defensa de los derechos humanos. Dentro de los siete ejes de la filosofía del trabajo que propone en esta "nueva etapa" está el reforzamiento de la atención a la víctima, pero de una manera que mejore la autonomía de las víctimas y el derecho a controlar sus propias vidas. Al final, después de todo, los instrumentos de derechos humanos fueron diseñados para proteger los derechos de las personas y no para servir a los intereses de sus defensores o las organizaciones, aunque sea esta la CNDH.

* El doctor Luis Eduardo Zavala de Alba es profesor Investigador EGAP/RZC del Tecnológico de Monterrey y titular del Proyecto de Investigación "Derechos Humanos: Impacto, Evaluación y Generación de Indicadores en Materia de Política Pública"

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