La ciencia desenmascara a los fantasmas

Los fenómenos paranormales y el conocimiento científico no están tan alejados el uno del otro; la Parapsychological Association busca encontrar explicaciones racionales a estos fenómenos.
Mascara fantasma  (Foto: Archivo)
Ernesto Murguía

Ante la incapacidad de explicar y probar la existencia de ciertos acontecimientos paranormales como los fantasmas, la telepatía o la clarividencia, muchas personas han acudido a una especie de dogma o prueba de fe que descarta las investigaciones científicas, en favor de un conocimiento supersticioso ajeno a la metodología científica. Sin embargo, muchos especialistas se han sumergido en el reto de desentrañar los supuestos "misterios" escondidos en los fenómenos sobrenaturales; así, la lucha entre "creyentes" y "escépticos" se ha trasladado al campo de la ciencia, donde temas relacionados normalmente con la ciencia ficción y las películas de espantos pueden ser cuestionados a la luz de la razón.

Según la revista New Scientist, los últimos 20 años han estado marcados por "verdaderos esfuerzos" por parte de los investigadores de lo paranormal para cumplir con los estándares y condiciones exigidos por la comunidad científica. La Parapsychological Association (PA), se define como "una organización de científicos y estudiosos trabajando en el estudio de experiencias psíquicas. El objetivo principal es lograr el conocimiento científico de estos fenómenos". Marie D. Jones, autora de PSIence: How New Discoveries in Quantum Physics and New Science May Explain the Existence of Paranormal Phenomena, comenta que si bien apenas hace unos años las palabras "ciencia" y "paranormal" no eran compatibles, la popularización de la física cuántica ha permitido que estudiosos y científicos salgan del clóset y reconozcan públicamente su interés por lo desconocido.

Nobel paranormal

El poder de la mente es uno de los temas sobrenaturales por excelencia. La percepción extrasensorial, término acuñado en 1880 por el francés Paul Joire para describir la capacidad de percepción más allá de los cinco sentidos, incluye telepatía, clarividencia, psicoquinesia y precognición. A partir de entonces se han desarrollado diversos estudios en todo el mundo, desde la adivinanza de cartas hasta cámaras de privación sensorial o hipnosis.

Durante los 70 se llevaron a cabo numerosos proyectos secretos supervisados por el ejército norteamericano para preparar "agentes psíquicos" capaces de descubrir a larga distancia los planes enemigos. El gobierno estadounidense continuó con este programa hasta 1995, cuando los resultados se hicieron públicos. Brian D. Josephson, premio Nobel de Física 1973 por sus descubrimientos sobre los llamados "superconductores", comenta en un ensayo titulado "Lo paranormal: la evidencia y sus implicaciones en la conciencia", que una vez que el gobierno de Estados Unidos "desclasificó" los resultados de las investigaciones llevadas a cabo en su programa de investigación psíquica, se demostró que más del 40% de los estudios sobre clarividencia donde se usaron "sujetos dotados" fueron exitosos y, contrario a diferentes críticos que descartaron los resultados de los experimentos debido a su "irrepetibilidad", Josephson insistió en integrar los fenómenos mentales dentro del marco de la ciencia.

Universos divididos

Si la posibilidad de la clarividencia puede sonar para muchos absurda o increíble, no se compara en absoluto con los postulados de la física cuántica, un campo donde la realidad (o irrealidad) supera por mucho cualquier ficción. Se trata de un universo de partículas que se suman a los tradicionales protones y electrones: leptones, fotones, muones, gravitones, hadrones, y muchas otras que se mueven en el mundo de las probabilidades: imposible "determinarlas" con exactitud, dado que para localizarlas sólo se puede prever dónde se encontrarán en determinado momento y esperar que estén allí.

La Convención de Copenhague, formulada por Niels Bohr y Werner Heisenberg en 1972, postula que nada es real hasta que se le observa... y la actividad del observador influye en el comportamiento de lo observado. De ahí el famoso experimento del "gato de Schrödinger", donde un felino era mantenido una hora dentro de una caja con uranio, con iguales probabilidades de que alguna partícula "saltara" y lo envenenara o no. Según este experimento, sólo hasta que se abriera la caja y se observara al gato, éste se mantendría en un "estado sobrepuesto" entre la vida, la muerte o cualquier cosa intermedia (Schrödinger no usó un gato real: fue un ejercicio teórico).

Como apunta Marie D. Jones, las complejidades de la física cuántica incluyen la posibilidad de un universo dividido que se prepara y reacomoda a cada instante de acuerdo con las decisiones que tomamos y dejamos de tomar. Como observadores de nuestra propia vida, esto implica también la existencia de diversas versiones de nosotros mismos, formando una cadena de universos habitada por estas diferentes copias. Estos mundos ocupan el mismo tiempo y espacio que nosotros; no los vemos porque se mueven en una dimensión oculta a nuestra capacidad espacio-temporal de percepción.

Explicaciones fantasmales

Una vez aceptada la idea científica de universos divididos y mundos paralelos, la posibilidad de un humilde fantasma deambulando por las ruinas de una casa embrujada suena a juego de niños. Según Víctor Zammit, autor del libro A lawyer presents the case of the afterlife, la palabra poltergeist viene del alemán y significa "espíritu ruidoso". Zammit cita el caso de Matthew Manning, autor de The Strangers, donde narra sus experiencias poltergeist en una casa "habitada" por uno de sus antepasados. Manning fue investigado por el profesor George Owen, autoridad en el tema, y otros científicos, incluido el mismo Josephson, quienes según el autor confirmaron que las experiencias eran verdaderas. La comunidad científica no se mostró interesada en el tema y los resultados fueron ignorados.

Hasta ahora, las explicaciones racionales con estos fenómenos incluyen infrasonido y campos magnéticos: investigaciones de la NASA, por ejemplo, demuestran que nuestros ojos tienen una "frecuencia de resonancia" de 18 ciclos por segundo, pasados los cuales comienzan a vibrar (lo que provoca errores en la visión: la creencia de que "vemos" fantasmas). Según un texto publicado en el Journal of the Society for Psychical Research, una onda de ultrasonido (incapaz de ser percibida por nuestros oídos, pero sí por nuestro cuerpo) provocaría diversos efectos fisiológicos, como temblores, falta de aliento y miedo.

Los especialistas de lo paranormal insisten en la existencia de los fantasmas. Tom y Lisa Butler, autores de There is no death and there are no dead, mencionan que estas entidades están formadas por "energía residual", la cual repite cíclicamente determinadas acciones. Por otro lado, Hans Jolzer, autor de The Supernatural, define a los fantasmas como entidades atrapadas entre dos mundos, el nuestro y el "más allá". Esta visión coincide con la idea generalmente aceptada de que los fantasmas se encuentran "perdidos" entre mundos. Según Marie D. Jones, aplicando los postulados de la física cuántica, estos mundos podrían ser en realidad universos paralelos, incluso dimensiones espacio temporales distintas a la nuestra. Estas supuestas entidades podríamos, pues, ser nosotros mismos realizando acciones paralelas.

Misticismo cuántico

El problema de la interpretación cuántica a los fenómenos paranormales es que son tantas sus posibilidades y sabemos tan poco al respecto que cualquier suceso paranormal puede justificarse a través de esta vía. "Es verdad que ciertas interpretaciones referentes a la física cuántica han provisto de bases científicas a diferentes alegatos relacionados con la medicina alternativa o la percepción extrasensorial -escribe Victor J. Stenger, columnista de la Skeptical Inquirer Magazine-. Sin embargo, mientras los mismos físicos desconocen sus misterios y paradojas, los seguidores del ‘misticismo cuántico' se han apurado a adaptar estas teorías para sustentar sus creencias".

El punto vital de este debate es la capacidad de aportar evidencia científica comprobable. Un encuentro auspiciado en 2004 por la London's Royal Society of Arts, entre el biólogo Lewis Wolpert y Rupert Sheldrake, químico biólogo y parapsicólogo, autor de The Sense of Being Stared At, estudio relacionado con la telepatía, ejemplifica la situación actual. Sheldrake presentó argumentos supuestamente científicos; Wolpert, por su parte, consideró estas pruebas como "ciencia patológica". Según el biólogo, sus objeciones no intentaban descalificar los estudios ni considerarlos "fraudes" o "engaños", sino exigir que los resultados se validaran y se ampliaran las investigaciones antes de argüir la existencia irrefutable del fenómeno. Y es precisamente ahí cuando el gato de Schrödinger tuerce el rabo.

En los años 20 y 30, Harold Saxon Burr, investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, sugirió que las enfermedades podían ser detectadas a través del campo de energía que emana del cuerpo, antes incluso de que aparezcan los primeros síntomas. Burr consideraba que alterando este campo energético, los padecimientos podían tratarse y prevenirse.

En 1965 se inventaron los llamados SQUID (Superconducting Quantum Interference Devices), aparatos capaces de medir pequeñísimos campos magnéticos. Entre otras cosas, los SQUID se han utilizado para cuantificar la actividad cerebral. De acuerdo con William Pawluk, autor de Magnetic Therapy: the Eastern European Research, "el cuerpo humano tiene una compleja actividad eléctrica que produce campos magnéticos. La combinación de ambos regula los procesos de nuestro organismo". Pero, si bien la ciencia reconoce la existencia de estos procesos, las energías supuestamente utilizadas en la sanación psíquica, como el "qi o chi" o el "prana", no pueden cuantificarse. "No hay jules ni calorías ni electrovoltios en ese tipo de energía -aclara Robert Todd Carrol, autor del Skeptic´s Dictionary-. Se encuentra fuera de los límites del control científico y sólo ‘sanadores' con poderes para desbloquear, armonizar, unificar, alinear o manipular esta energía pueden ‘sentirla' o ‘medirla'".

Para entender el recelo con que la comunidad científica aborda los temas paranormales, hay que reconocer la gran cantidad de fraudes y engaños que las supuestas "manifestaciones sobrenaturales" han generado. Pero esto puede cambiar. Lo importante será el enfoque que en el futuro se dé a estas investigaciones. "La ciencia moderna no está al día con el enigmático y misterioso mundo de lo paranormal -escribe Jones-. Todas las cosas tienen ‘ciencia' y estructura y un porqué. Todo, incluidos la percepción extrasensorial y los fantasmas, tiene una explicación válida y entendible".

El gran desafío de la investigación científica es dar respuesta a estos misterios.

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