Copenhague: la cumbre de la esperanza

La Cumbre sobre el cambio climático representa una exigencia de cambio, recuerda Tania Mijares; es necesario un liderazgo comprometido y dinámico para salvar al planeta, afirma la especialista
copenhague-cambio-climatico-2-RT.jpg  (Foto: CNN)
Tania Mijares*
COPENHAGUE, Dinamarca -

"A menos que combinemos acciones decisivas, el cambio climático arrasará con nuestro planeta, con nuestra prosperidad y nuestra seguridad", así comienza la editorial común publicada este lunes por 56 periódicos en 45 países en el marco del inicio de lo que posiblemente ser la conferencia climática más grande e importante de la historia, la COP 15 (United Nations Climate Change Conference) que tendrá lugar desde el 7 hasta el 18 diciembre en la capital danesa.

Todo parece estar listo: más de cien jefes de Estado, la base para un texto legal, 20,000 delegados y un mundo que exige acción. No hay pretextos, la voluntad política debe hacerse presente y propiciar un cambio, no importa si pertenecemos a un país desarrollado o en vías de desarrollo, como se lee en la mencionada editorial colectiva: "El cambio climático ha sido causado por siglos, tendrá consecuencias que durarán mucho tiempo y nuestras posibilidades de mejoría serán determinadas durante los próximos 14 días".

Las organizaciones no gubernamentales a través de la Climate Action Network (CAN) publica todos los días un boletín, llamado ECO. Este lunes se leía en su titular: "Se espera que en Copenhague se llegue a un acuerdo FAB" Fair (justo), Ambitious (ambicioso), Binding (vinculante). Sin embargo, esto es más fácil decirlo que hacerlo cuando hay posiciones encontradas, y la brecha entre los países en desarrollo y los desarrollados se ha abierto, sobre todo, en la confianza que tanto se requiere para una acción conjunta.

La brecha se origina en el fracaso de reconocer el principio de "quien contamina paga" en las negociaciones sobre el cambio climático y el diálogo político. Es el resultado de décadas de compromisos sin cumplir en los campos de desarrollo y del comercio como de los temores de que los países en desarrollo con el rápido incremento de sus emisiones no estén haciendo lo suficiente para frenarlas. Indudablemente esta brecha podrá repararse cuando los países industrializados cumplan con sus compromisos y los países en desarrollo aseguren una gestión transparente de los fondos y el fortalecimiento de sus capacidades y comunidades.

En este momento, se necesita un liderazgo dinámico, ágil y competente que pueda superar esta crisis de confianza y ayude al cumplimiento de los compromisos establecidos, sólo así podremos avanzar.  La idea de movernos hacia sociedades de bajo carbono sin duda alguna es la máxima de esta reunión,  los países en desarrollo tendrán que hacer un esfuerzo mayor para lograr esta transición en el corto tiempo que se necesita. Se deben crear las capacidades de adaptación y definir las medidas adecuadas para lograrlo. Pensar en medidas exitosas de adaptación sin reducir la pobreza y mejorar el desarrollo humano de la población, además de inútil resulta en una postura ridícula. Para adaptarse se necesita infraestructura institucional relacionada con el desarrollo, así como una muy buena gestión de los fondos que fluyan hacia las naciones en desarrollo.

A penas han transcurrido unas pocas horas de la inauguración y la atmósfera que se vive aquí es optimista. Entre los negociadores parece respirarse un aire de conciencia de que los ojos del mundo están puestos en ellos, y que son ellos, y sólo ellos los que tienen en sus manos el futuro de la humanidad como la conocemos.

No se pierdan el video que se presentó durante la ceremonia de inauguración.Una proyección que desató lágrimas auténticas en muchos de los presentes. Después de verlo, no pude sino pensar en la urgencia de actuar. Todos podemos hacer algo, desde apagar las luces en nuestra casa, usar el transporte público, cambiar nuestros hábitos de consumo, apoyar a productores locales, hasta exigir a nuestros gobiernos que lleven a cabo los cambios institucionales necesarios para convertirnos en una economía de bajo carbono.

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Al terminar la proyección observé a varios de los participantes con lágrimas en los ojos. Entonces se escuchó el sonido de un arpa y de una trompeta al tiempo que un grupo de mujeres comenzó a cantar. Un momento especial, un mensaje positivo que tocó nuestras fibras más sensibles. Qué mejor símbolo de arranque para esta cumbre donde se abre un camino a la esperanza y se perfila el deseo de hacer de esta reunión en Copenhague, un verdadero ‘Hopenhaguen' (en alusión a la palabra esperanza en inglés: Hope).

*La autora es directora del Programa Aire y Energía del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. y vocera de México Haz Algo.

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