Matanza de Acteal, una herida abierta

La comunidad exige justicia al Gobierno, pues cree que todavía hay "paramilitares" culpables libres; la situación social en Los Altos de Chiapas sigue dominada por la miseria y disputa por el poder.
Antonio Ortega
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Nada ha cambiado en Acteal, a doce años de la matanza de 45 indígenas, se "ha transformado un poco la escenografía, se han abierto caminos y hay más comunicaciones, pero la pobreza y el olvido político y social son iguales en Los Altos de Chiapas", señala el investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) Gerardo González.

El clima político que reina en la comunidad es de temor, desconfianza y desesperanza, describe Sebastián Pérez Vázquez, presidente de Las Abejas, organización católica a la que pertenecían las víctimas.

Piensa que "en México la justicia del Gobierno está muerta "tenemos que construir otra como la de nuestros antepasados" que evite las confrontaciones y procure la concordia.

Dice que "las cicatrices no cierran" y en "la memoria está fresca la masacre" del 22 de diciembre de1997, cuando hombres armados, "paramilitares" supuestamente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) atacaron con rifles y maches a más de un centenar de habitantes de Acteal que rezaban en el centro de la población.

El saldo fue de 45 muertos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos.

En el poblado del municipio de Chenalhó, al que pertenece Acteal, cuenta González a CNNExpansión, "la justicia en lo jurídico y social es materia pendiente, los gobiernos local y federal siguen una lógica perversa sustentada en los programas asistenciales que no sacan a la gente de la pobreza y no solucionan los conflictos de fondo", donde se da una lucha por el poder comunitario en medio de la marginación.

Amarga realidad

Meses antes de la masacre, el entonces obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, advirtió que entre los pobladores del municipio de Chenalhó se daba una enconada lucha que ya había cobrado casi una veintena de muertos entre militantes del PRI, simpatizantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y gente de Las Abejas. La disputa de un banco (mina) de arena y control político en la región eran las causas.

Doce años más tarde, dice Gerardo González, "sigue dándose una lucha por el poder, se da con el transporte público, las tierras y la política, lo cual es preocupante en una región en la cual hay desplazados (zapatistas que se dicen perseguidos), temores de venganzas (por la liberación de los indígenas condenados indebidamente como autores de la matanza) y las condiciones de pobreza".

En Acteal, se ha dado una marcada división, un grupo de indígenas pretende dar vuelta a la página y aceptar abiertamente ayuda del gobierno, mientras otro que se identifica como seguidor de los "mártires" (asesinados) insiste en que no se ha hecho justicia, a pesar de que unas 180 personas han sido procesadas. La Suprema Corte liberó en 2009 a 29 de los sentenciados, después de que comprobó que fueron juzgados con pruebas falsas.

El investigador del Ecosur comenta "no creo que todos los detenidos y acusados de paramilitares sean culpables, pero es posible que entre los liberados por la Corte se encuentren dos o tres".

Hace doce años, los gobiernos federal y local lanzaron una cacería de brujas, "detuvieron a todos los que consideraron sospechosos, no buscaron hacer justicia, sino responden políticamente al suceso,  y por eso los familiares y amigos de las víctimas piden justicia, lo mismo que los cercanos a los inocentes que fueron juzgados y condenados injustamente".

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Pérez Vázquez asegura que Las Abejas y otros habitantes de la región piensa que los liberados son "paramilitares" y comienzan a volver a sus casas en Chenalhó y sus alrededores, a pesar de que existe un acuerdo con el gobierno de Chiapas para que los indígenas que pasaron más de diez años presos y fueron liberados no retornen a sus comunidades, lo que crea temores.

Mientras tanto, un portavoz del gobierno de Chiapas, asegura que "todo está en calma", la gente de Acteal recuerda a sus "mártires", pero no hay signos de riesgos de violencia.  

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