Genio matemático gana récord y confianza

El calculista más rápido del mundo, de 39 años, fue un niño retraído y con problemas de adaptación; el asturiano Alberto Coto dice que su habilidad le hace ser buen administrador y conocer a la gente.
Alberto Coto  (Foto: Tomada de albertocoto.com)
Mariana F. Maldonado

“¿Cruz o cuernos?”, preguntaban varias voces desde el sillerío del auditorio a Alberto Coto, para corroborar que no veía nada. Le habían colocado un antifaz verde y negro para impedir que viera la multiplicación que tendría que realizar en menos de 56 segundos y cinco décimas, el récord Guinness que estableció en 2000. El cronómetro arrancó, y frente a más de 200 estudiantes, multiplicó 76 millones 480 mil 237 por 86 millones 819 mil 985. Fue dando cada uno de los dígitos del resultado, que aparecieron uno a uno de derecha a izquierda en una pantalla, y en 56 segundos y dos décimas tuvo la cifra completa: seis mil 640 billones 13 mil 29 millones 136 mil 445.

Además del Guinness en multiplicación, este delgado, sonriente y soltero asturiano de 39 años posee otro en suma, así como seis títulos de campeón mundial en cálculo. Es capaz de hacer siete operaciones por segundo.

Es asesor laboral, fiscal y contable, y dedica gran parte de su tiempo a dar conferencias alrededor del mundo. Estuvo en México para presidir el Primer Campeonato Metropolitano de Cálculo, organizado por el ITESM.

Para él, las matemáticas no son todo; corre maratones, y a pesar de que reconoce no ser el mejor, compite con la intención de desafiarse a sí mismo.

¿Quién te enseñó las tablas de multiplicar?
Tengo una vaga idea pero no lo recuerdo con exactitud. Las aprendí de una forma muy peculiar. A mí me preguntaban siete por tres y mi mente no veía 21 como único resultado, veía siete, 14, 21, es como si sumase tres veces siete en mi mente.

Es una forma diferente a la de los demás…
Sí, pero el resultado es el mismo. Es decir, memorizas las tablas y las grabas en tu mente, pero el proceso mental me agilizó mucho la velocidad sumando.

¿Cómo fue tu acercamiento con las matemáticas?
El principal desarrollo que tuve fue de pequeñito, jugando a la baraja en familia con mi padre. Al final de la partida contaba los puntos rápido y ya veía que aquello de sumar y de hacer cálculo mental me divertía, me gustaba. A través del juego ves a las matemáticas de una forma divertida y como algo bonito.

¿La ciencia ha estudiado tu cerebro?
Me han hecho exámenes de cociente intelectual. El resultado para la prueba Stanford–Binet fue 156 (arriba de 145 se considera genio). En otras escalas, puntuaría un poco más alto, depende la escala. Lo importante al final no es el cociente que tengas, sino el uso que le des.

¿Alguna vez te llega a aburrir tu talento?
La verdad es que no, me gusta lo que hago. Disfruto mucho cuando imparto conferencias y aunque casi en todas diga casi lo mismo, al ser grupos diferentes me divierto y retroalimento con el espectador. Llevo 11 años dando conferencias y disfruto ahora tanto o más que el primer día.

¿Has tenido que pagar algún precio por tu genialidad?
Cuando tienes una habilidad extrema corres el riesgo de vivir dentro de ella, y quedes en un proceso prácticamente autístico. En mi caso, en mi etapa infantil o adolescente, tuve bastantes problemas de adaptación porque me gustaba algo que no es lo habitual. Pero nunca hice alarde de mi habilidad.

Dijiste que cuando eras pequeño tenías inteligencia interpersonal reducida…
En esas edades sí, por eso hablo mucho de las inteligencias; mi último libro (Ayuda a tu hijo a entrenar su inteligencia) es sobre las inteligencias múltiples, y cuando hablo de inteligencia interpersonal, por ejemplo, me veo a mí mismo.

¿Te acuerdas de alguna anécdota en específico que pudiera retratar eso?
Sí, de estar en mi mundo. Tenía 15 años, estaba jugando con números mentalmente, estaba elevando números al cubo. Estaba pensando: x³– (x-1), parece que da número primo… los elevaba al cubo… los restaba, seguro con cara de interés y concentración. Había desarrollado la habilidad de parecer atento pero, en realidad, estar pensando en otra cosa. El profesor me preguntó algo con entusiasmo; sospecho que debió ver en mi rostro un rictus de mucha atención pero yo seguía elevando números al cubo…

¿Lo superaste? ¿Crees que has superado esa parte retraída?
¡Hombre! Contra esto te vacunas. En un momento tienes que tomar una decisión, ves que eres el récord Guinness de cálculo y que tienes la potencialidad para batir récords y ser el campeón del mundo. Entonces tienes que tomar la decisión de salir a la luz o no.

¿Cómo saliste?
Acudí a un programa de televisión en 1998 y logré el primer premio. Poco a poco, con práctica y con aprendizaje, fui solventando ese problema de aislamiento que tuve sobre todo en la infancia y en la adolescencia.

Además de dos Récord Guinness y seis títulos de campeón mundial, ¿qué más te dan las matemáticas?
Los premios son una cosa secundaria. Que sea campeón del mundo y Récord Guinness me lleva a tener más nombre. La presencia del récord Guinness es lo que más motiva a los alumnos, es la carta de presentación, pero las ventajas que te da en el día a día, son muchas. ¡A veces me cuesta trabajo explicarlas!

Las ventajas son de todo tipo, vivimos en espacio y tiempo, y eso tiene números; haces cálculos diferentes. Te puedo poner un ejemplo del día a día. Voy a un supermercado, y llego con la cuenta hecha. Ahora que estoy en México, mi moneda natural es el euro, transformo muy rápido los precios a euro. La economía es número.

Entonces cómo te va con las finanzas, ¿administras mejor?
Sí. Cuando manejas bien los números, eres muy buen administrador. Sabes lo que te va a convenir. Por ejemplo, si te conviene fumar o no. Haces cálculo, y llegas a la conclusión de que alguien que fume una cajetilla diaria durante 20 años se habrá fumado 144 mil cigarrillos. Analizas el número, continúas calculando y dices ¡caramba!, si dividimos esos 300 mil pesos entre esos 20 años, llegamos a la conclusión de que, por ejemplo, se pueden hacer unas vacaciones anuales de 15 días, todos esos años, sólo con el dinero de no fumar.

¿Cómo llevas los números a tus relaciones personales?
Mi mente está hecha de muchos números. Mi propia esencia de calculista me lleva a ver a los números como amigos, juguetes, aliados. Muchas veces empiezo a conocer a una persona y la puedo identificar con un número, con base en que un número tiene una personalidad. Cuando vas conociendo a una persona puedes ponerle un número, eso me pasa bastantes veces de forma inconsciente.

¿Desde el punto probabilístico, qué posibilidades hay de que encuentres a la mujer de tu vida?
(Se ríe) Podríamos hacer subsecciones, analizar por países, por cuestiones, pero al final, esto es una cuestión interna, más psicológica que matemática. Depende de mí y evidentemente de la otra parte. ¿Probabilidad? Muy alta, pero en función de mis necesidades psicológicas.

Siempre utilizas las matemáticas en tu vida, pero ¿qué hay más allá de ellas?
Hay muchísimo más. Lo que pasa es que las matemáticas están unidas. Sería como preguntar, ¿hay algo más que el lenguaje en una  persona? El lenguaje es la herramienta. En mi caso las matemáticas no son un todo, son una herramienta que yo aplico en diferentes situaciones de todo tipo. Pero tengo una vida lo más normal posible. Cuando era pequeño me gustaba mucho pasear en una zona de bosque, y me encantaba  observarlo todo.

Alguna vez dijiste que al calcular sentiste “estar poseído”…
Sé a lo que te  refieres. Fue hace un año, en el Campeonato del Mundo de Cálculo, en Leipzig, Alemania. Estaba con la tensión competitiva; es como el corredor de 100 metros planos: antes de salir lo único que quieres es correr, salir a toda velocidad.

Tienes que hacer los cálculos a toda velocidad, ahí no te valen miramientos, tienes que hacerlo muy rápido y muy preciso, porque si fallas una, alguien va a acertar todo y te va a ganar. Sí, realmente tuve una sensación de estar poseído, deposité mucha energía sobre los cálculos, lo hice a toda velocidad y la verdad me salió fenomenal.

¿En algún otro torneo lo has sentido?
Casi siempre lo siento, lo que pasa es que ahí fue de una forma especial.

Tienes 10 años de tu primer récord Guinness al de ahora… ¿Qué hay de diferente en ti?
Mucho. En la persona, básicamente eres la misma, pero la experiencia también te hace modelar, ver muchas cosas, cambiar algunas otras, y aprender mucho. Estos 10 años han sido muy intensos, de continuos viajes, de conocer a gente y de tener actividades laborales muy diferentes: desde dar conferencias a amas de casa sobre cómo prevenir el Alzheimer y cómo ejercitar la mente, hasta hacer charlas para niños de nueve años, para ingenieros, para superdotados. Si viajas mucho, abres todos tus sentidos y tratas con mucha gente, puedes aprender muchísimo. Te cambia.

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¿Eres lento en algo?
¡En muchas cosas! No sé nadar por ejemplo. Intento completar mi vida, pero hay cosas en las que soy malo. Para bailar… ¡No tengo ningún sentido absoluto del ritmo!… Tengo un poco de vértigo también.

¿Qué harías si tuvieras un hijo que no le gusten las matemáticas?
La probabilidad de que le gusten las matemáticas va a ser muy alta. Obviamente me gustaría que le gustasen y yo haría todo lo posible por ello; si resulta que no le gustan, tendría la sensación de haber fallado en algo. Pero al final, me gustaría que hiciese lo que él quisiera.

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