El mejor Bentley

Si eres un devoto del Continental GT de Bentley, prepárate para traicionar tu fidelidad; llega el nuevo Continental GT Speed, el chico más veloz de los Bentley.
Vale la pena llevar una vida austera con tal de manejar este
Sue Zesiger Callaway

Querido lector, es hora de que comparta contigo los placeres de un vehículo que no aparece en ninguna lista programada, se trata del auto que conduzco todos los días: el Continental GT de Bentley.

Pude costearlo por dos razones, lo compré de segunda mano y porque, entre mis prioridades, el mejor dinero es el que se invierte en un coche, lo que significa que estoy dispuesta a llevar una vida austera siempre y cuando pueda conducir un excelente vehículo. Y eso es justo el Continental GT, es el mejor auto que he tenido. El GT es raro, multitalentoso y satisface todas mis necesidades.

La culpa la tiene su motor W12 de 552 caballos de fuerza, o quizá su elegancia. La culpa es de su esencia espaciosa, o el chapado en madera. Podemos culpar también la perfección de los autos alemanes (el grupo Volkswagen es ahora dueño de Bentley).

Lo que sea, pero cuando quiero sentirme agresiva, el GT relampaguea -como Daniel Craig, el 007. Y cuando prefiero ser elegante y afable, el GT asume la serenidad de Jude Law. En corto, el GT es el ‘no va más’ automotriz.

Así que imaginen mi reacción cuando Bentley anunció la llegada del aún más poderoso Continental GT Speed. Con una potencia de 600 caballos y alta ingeniería que se traduce en 325 kilómetros por hora, el Speed es el auto más veloz que Bentley ha liberado en la carretera.

Conducía a casa desde Los Ángeles cuando lo vi por primera vez: cardando el pavimento justo frente a mí, era la unidad de prueba que entregarían en mi propia puerta. Al llegar y apearme se me hizo un nudo en la garganta. Era como verte en un espejo 10 años más joven y más delgada: grandes ruedas de 20 pulgadas, frenos cerámicos de fibra de carbón, la inscripción “Bentley” en los radios de la rueda, una parrilla más vertical y una altura más baja.

Mi asombro siguió aumentando al entrar en su interior, revestido en piel color Newmarket Tan (ese tono marrón anaranjado distintivo de Hermès) que complacería a la misma Coco Chanel. El nuevo volante tallado de tres rayos se sentía tan deportivo; los imponentes pedales de  aluminio, e incluso el nuevo reloj suizo Breitling, todo el conjunto era inspirador.

Y, desde luego, el desempeño del GT Speed es igual de impresionante. He pasado cientos de kilómetros felices en mi GT, siempre les digo a mis amigos que es el garbo y  la belleza de ese auto lo que me han salvado de la locura en el tráfico de Los Ángeles. El nuevo Speed mantiene esa gracia, acentuada  si cabe por más perfección.

En mi GT, hay una pequeña demora en la reacción del acelerador; en el Speed no existe esta minúscula pausa, su inmediatez es sorprendente. Su torque de 750 Nm (553 libras-pie) representa un incremento del 15% con relación al modelo GT estándar. Los frenos cerámicos de carbono tienen el agarre de un auto de carreras sin la severidad que he sentido en otros autos.

La marcha es digna de la realeza, pero gracias a una suspensión mejorada puedes conducirlo agresivamente sin que pierda el aplomo. ¿Cómo lo consigue Bentley? Podría responderles con muchos argumentos técnicos, pero basta decir que es una magia costosa, diferente a todo lo que hayan conducido antes.

Tanto me gustó el Speed de prueba que temía volver a mi leal GT, sus asientos me parecían más oscuros, más aburridos comparados con los del Speed. Pero cuando encendí a mi “niña”, su máquina W12 me dejó sorprendido por milésima vez. Es verdad que el Speed de 200,000 dólares es una mejora en cualquier categoría, pero una mejora moderada.

Mi vieja GT (que cuesta 176,000 nueva) aún puede derrotar a casi cualquier auto de cuatro plazas del planeta. Hay una razón por la cual Bentley ha vendido más autos GT que cualquier otro producto suyo, 16,328 unidades a la fecha.

Sólo un consejo: no lo conduzcas a menos de que planees comprarlo, sino te arruinará la vida para siempre.

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