Sin límite de velocidad

Un empresario de Los Ángeles prueba el auto con la producción más exclusiva del mundo; e invita a Sue Callaway de Fortune a disfrutar de un paseo nocturno.
Sue Callaway en el Veyron, afuera de The Abbey en West Holly
Sue Zesiger Callaway

Se trata de superiores. Un auto, el Bugatti Veyron, que es un auto con una producción única en el mundo. Y un empresario, Sam Nazarian, CEO de SBE Entertainment, que sale a transformar la vida nocturna que conocemos.

Primero lo primero: las llantas. En un movimiento corporativo riesgoso, el Grupo VW restableció la marca en 1998 y se encaminó a construir el auto mejor producido –en aspecto, refinamiento técnico, en exclusividad. Su fundador Ettore Bugatti, quien murió en 1947, es legendario por desarrollar autos de alto funcionamiento que se manejaban bien en la calle y con gran arte al volante. Su lema: “Nada es demasiado caro, nada es demasiado bello”.

A la fecha, el Bugatti VW ha tomado 135 órdenes y entregado 52 de los 300 Veyrons que se harán. Bajo la visión de Ettore, el auto de dos asientos cumple todas las promesas, desde sus componentes hasta la hechura de máximo calibre. El costo: 1.4 millones de dólares.

Quería saber quién compra este auto y lo que es tener uno. Entonces conseguí un paseo con Nazarian, quien acababa de recibir una preciosa versión del auto en rojo y negro. Si no pasas tiempo en Left Coat, seguramente no has oído de Nazarian. Hijo del cofundador de Qualcomm, Younes Nazarian, Sam tiene 31 años y es ambicioso. Está construyendo una cadena de restaurantes con clase, clubes, discotecas, desarrollos de bienes raíces y hoteles diseñados por Philippe Starck.

También tiene una casa productora de películas; su proyecto más reciente, “Mr. Brooks," con Kevin Costner, Demi Moorey William Hurt, sale en junio. Y todo lo hace con la velocidad de un Bugatti. (Para poner lo anterior en perspectiva, el auto alcanza los 100 kilómetros en 2.5 segundos, más rápido que muchos autos Fórmula Uno).

“En cuanto a hoteles, quiero construir el Four Seasons de nuestra generación –una experiencia sabrosa y chic”, explicó. “Y quiero la llave de tu habitación para darte acceso a nuestros clubes y restaurantes”.

Nazarian y yo tomamos un tour nocturno, en sábado, de sus lugares exclusivos. Mientras nos subíamos con cuidado al Veyron, se rió. “Es como los tacones –ponértelos es difícil, pero te ves muy bien cuando lo logras- al menos eso he escuchado”.

Estaba asombrada admirando el sonido del motor, la piel color crema austriaca, el botón de ENCENDER llamando mi nombre. Nazarian manejó primero.

La primera parada: su restaurante Katsuya (piensa en Nobu combinado con Philippe Starck, quien decoró el interior). Después de deleitarnos con el paseo, entramos por la puerta trasera, donde Nazarian registró sus huellas digitales. “Podrás tener tu marca favorita de vodka esperándote en la habitación y tu aperitivo preferido en la mesa cuando te quedes aquí”, explica.

Una vez afuera, fue mi turno para experimentar el manejo al volante. Cuando abrí la puerta, miré detenidamente el segundo botón de encendido a un lado del asiento. Es con una segunda llave que el Veyron puede alcanzar su máxima velocidad de 407 km/hr, sin  ella, la velocidad se limita a 375 km/hr. Avancé hacia la noche mientras la multitud se desmayaba, con los 16 cilindros encendidos y un sonido parecido al de un jet.

Finalmente, con la calle vacía al frente, mantuve el pedal presionado –y recliné mi cabeza en el asiento mientras avanzábamos. Se sintió como una eternidad, la fuerza G nos dio una dosis de velocidad, pero después de tres segundos revisé el velocímetro: 117 km/hr. Poder de los caballos de fuerza utilizado: 449 –la mitad de su potencial.

El poder demente del Veyron necesita de mucha ayuda para alcanzar la máxima velocidad. A pesar de sus piezas pesadas, el auto se siente ligero y te suplica que lo lleves hasta el límite. Créeme, no puedes ver los límites con binoculares, no importa que seas el mejor conductor.

Siguiente parada, el Abbey, un antro popular que, incluso en una noche lluviosa, tiene una fila de más de 100 personas, esperando entrar. Después de un rápido tour, nos dirigimos a Area, uno de los antros hippies del momento en Los Ángeles. Jóvenes admiradoras de Paris Hilton esperaban afuera y no pudieron pasar la cadena a pesar de su poca ropa.

Última parada: el Hyde, un lounge tan exclusivo que un sitio web muestra qué celebridades no logran entrar. Nazarian y yo comimos una hamburguesa mientras hablábamos.

Le pregunté por qué quería el Bugatti, si era dueño de cualquier otro superauto que se ha hecho. “Este auto se trata de dedicación para la perfección, justamente lo que yo quiero lograr en mis negocios”. Le envió a Ivanka Trump una botella de Cristal antes de regresar a nuestro paseo: un último destello celestial de tres segundos.

¿Este regocijo vale 1.4 millones de dólares? Para la mayoría de la gente, quizá no. Pero puedo decirte, habiendo manejado todo modelo posible, que no puedo imaginar una sensación que se le parezca.

Y así fue, me fui con mi nostalgia y caminé alejándome del Veyron al terminar la tarde. Y con maña freudiana, olvidé entregar la segunda llave. Cuando Nazarian me preguntó educadamente que cómo haría para recuperar la llave, respondí con la mejor solución: renta una pista. Así podré presenciar los caballos de fuerza galopando al máximo.

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