Tres viajes al pasado de México

Por:
Uriel Gordon
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Alejandro Fuentes

Imagina las paradisíacas playas de Tulum llenas de nativos hostiles, el Valle de México con lagos ideales para regatas de remo y una Venecia en pleno Paseo de la Viga. Así era México en el siglo XIX.

El Caribe mexicano en el siglo XIX ¿infierno o paraíso?

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caribe mexicano siglo XIX- bicentenario  Sin Pie de Foto  (Foto: Especial)

Para viajar al Caribe en el siglo XIX se necesitaban pantalones. Este lugar se regía bajo su propia ley. El sureste de la República Mexicana estaba prácticamente desconectado, a tal grado, que cuando la gente rica de Yucatán necesitaba ir al doctor o al dentista, le era más conveniente ir a Nueva Orleans que a la Ciudad de México.

El Caribe mexicano no era un lugar concurrido por los viajeros en ese tiempo. Quienes lo visitaban eran principalmente fotógrafos, científicos y arqueólogos que se dedicaban a investigar y a descubrir los territorios inexplorados. Los que se aventuraban por estas tierras, no llegaban a un destino para relajarse y disfrutar del sol. Era un lugar peligroso.

La fotógrafa y arqueóloga inglesa, Alice Dixon Le Plongeon, describió con las siguientes palabras el miedo que sintió cuando llegó en 1874 a lo que hoy se conoce como la Riviera Maya: “Desembarcar en Tulum puede costar la vida, porque los nativos son sumamente hostiles y es necesario siempre estar alerta y listo para huir o para luchar”.

La travesía por el Caribe tenía su precio. No sólo llegabas a un destino inhóspito y olvidado por el gobierno mexicano, también te podías topar con la amenaza pirata, como la banda de los hermanos franceses Jean y Pierre Laffite. Te podían matar o, en el mejor de los casos, únicamente robarte.

¿Te hubieras atrevido a visitarlo?

El Paseo de La Viga: la Venecia mexicana

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paseo de la viga- bicentenario  paseo de la viga  (Foto: Especial)

A finales del siglo XVIII, en la Ciudad de México existió un canal llamado La Viga, que unía los lagos de Xochimilco y Chalco con el puerto lacustre de San Lázaro.

El virrey Juan Vicente de Güemes encargó la construcción de un camino que lo bordeara; la sociedad novohispana lo conoció como el Paseo de la Viga.

De acuerdo con la historiadora Virginia González, en este espacio se colocaron por encargo puestos con antojitos, pulquerías provisionales y un gran número de trajineras con música a bordo que se encargarían de transportar a los visitantes por el canal: el lugar se convirtió en toda una atracción.

Gracias a los textos que escribió Madame Calderón de la Barca, esposa del primer embajador de España en el México independiente, durante 1839 y 1842, hoy se puede dar un recorrido por lo que fue el Paseo de La Viga.

Para Calderón de la Barca, este paseo es uno de los más bellos que se pueden imaginar; “con la agradable sombra de sus árboles y el canal, por donde desfilan las canoas, cubiertas de toldos verdes con ramas y flores, se da ahí un espectáculo inconfundible: se ven a los indios con sus guirnaldas de flores y sus guitarras, sus bailes y canciones, y aleando las fragantes brisas, mientras su canoas se deslizan al filo del agua”.

Ella decía que en el canal también podían verse embarcaciones que traían fruta, flores y legumbres para ser comerciadas en el mercado de la ciudad.

Madame Calderón planteaba que ahí no acababa la función: faltaba contemplar el glamour que envolvía al Paseo de La Viga.

Se podía observar a las damas luciendo los mejores vestidos y joyas al transitar por el lugar en sus carruajes.

Lo que uno daría por viajar de regreso en el tiempo para encontrarse con la Venecia a la mexicana.

Las regatas de Chalco

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regatas de cgalco- bravo mexico  regatas- bravo mexico  (Foto: Especial)

Aunque hoy las regatas de remo no se encuentran entre los deportes más populares de México, sí forman parte de la tradición deportiva del país.

Los aztecas, por ejemplo, celebraban cada año la Acalli, una competencia de velocidad entre embarcaciones profusamente ornamentadas en el lago de Texcoco. El ganador recibía el nombramiento de acallachiani y se convertía en una celebridad.

Esta tradición se perdió durante la Colonia y no fue sino hasta el Porfiriato cuando nuevamente comenzaron a organizarse competencias en aguas mexicanas.

En 1888 se fundó “Lakeside”, el primer club de remo en México (para muchos el primer club deportivo del país) en las orillas del lago de Chalco, en lo que hoy es Ayotla, Estado de México. El club inició con 200 socios, un éxito si se considera que no existía precedente alguno.

Paradójicamente, esta zona, que hoy es identificada como un cinturón de pobreza, en aquella época era el sitio de reunión de personas de la clase acomodada, que medían su fuerza y habilidad con los remos.

Los impulsores de este club fueron Thomas Phillips y el reverendo Thomas Sherlock. Ambos formaban parte de la inmigración inglesa fomentada por la explotación minera en Hidalgo.

Sin embargo, para aquella época, el lago ya había comenzado a secarse y los socios decidieron iniciar un proceso de mudanza que los llevó primero al Peñón de los Baños, que entonces formaba parte del lago de Texcoco, después a la zona lacustre de Mexicaltzingo y finalmente a Xochimilco, un sitio donde hoy todavía se asienta la principal escuela de remo del país.