8 películas para entender, idealizar y criticar la historia de México

Por: Fernando Delmar
Por: Uriel Gordon

La época de oro del cine mexicano fue prolífica en cintas que ayudan a vislumbrar otro México, el de las películas épicas

El compadre Mendoza, 1933

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compadre mendoza  Sin Pie de Foto  (Foto: Especial)

El 5 de abril de 1934 se estrenó en la Ciudad de México la película El compadre Mendoza que, de acuerdo con el historiador cinematográfico Georges Sadoul, se puede considerar como uno de los grandes logros del cine mexicano.

La cinta la dirigió Fernando de Fuentes con la colaboración de Juan Bustillo Oro, y contó con un reparto en el que destacan las actuaciones de Alfredo del Diestro, Carmen Guerrero y Antonio R. Frausto.

La película narra la vida de Rosalío Mendoza (Del Diestro), un hacendado oportunista durante la época que va de 1913 a 1919. Mendoza simula ser amigo de todos los bandos; cuando los zapatistas llegan a su hacienda, celebra su llegada, como si fuera una ocasión muy especial: saca el pulque y el coñac, alimenta a las tropas y cena con los oficiales de alto rango; en la pared, resalta una fotografía de Zapata. Con los huertistas hace lo mismo, pero en este caso se trata de una fotografía de Huerta. Con los carrancistas, la historia se repite. El tiempo pasa y la situación comenzará a volverse insostenible.

Para el profesor de historia del cine, Carl J. Mora, El compadre Mendoza se puede entender, entre otras cosas, como la crítica a una clase social emergente y oportunista que sólo se interesa por mantener su posición económica por encima de todo. El egoísmo desembocará en consecuencias desastrosas.

El final de la película fue muy comentado por lo crudo y macabro que resulta. Al respecto, el director Fernando de Fuentes platicó lo siguiente en una entrevista que concedió al periódico El Universal, en abril de 1934: “Creemos al público latino suficientemente culto y preparado para soportar toda la crueldad y dureza de la realidad. Nada nos hubiera costado el desenredar la trama en forma tal que el desenlace fuera feliz como estamos acostumbrados a verlo en las películas americanas; pero es nuestra opinión que el cine mexicano debe ser fiel de nuestro modo de ser adusto y trágico, si es que pretendemos darle perfiles verdaderamente propios, y no hacerlo una pobre imitación de los de los que nos viene de Hollywood”.

¡Vámonos con Pancho Villa!, 1935

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vámonos con pancho  pelis revolución  (Foto: Especial)

La película ¡Vámonos con Pancho Villa!, dirigida por Fernando de Fuentes, se estrenó en la Ciudad de México en 1936. El escritor Emilio García Riera comentó que esta cinta representa la primera superproducción del cine mexicano: “Costó un millón de pesos, entonces una cifra astronómica, y marcó la introducción de equipo cinematográfico moderno en el cine nacional”.

El filme retrata la historia de los Leones de San Pablo, un grupo de norteños que decidieron unirse a las tropas de Pancho Villa para luchar por una mejor situación social en su pueblo. Después de algunas batallas, el grupo original es reducido a dos personas.

El investigador John Mraz sostiene que esta película, en lugar de celebrar los logros de la Revolución Mexicana, demuestra su parte oscura: al principio, los Leones idealizan a Villa como un verdadero justiciero social; la primera vez que lo ven está distribuyendo maíz a los pobres y prometiéndoles tierras. En ese momento, los norteños quedan cautivados con el héroe revolucionario. Sin embargo, a medida que continúa la película se reduce la admiración y acaba por transformarse en decepción.

Mraz señala: “En contraste con la gran mayoría de películas sobre Villa, el filme de Fernando de Fuentes es antiépico. Nos enfrenta a la crueldad legendaria de Villa”.

La película no fue censurada por el gobierno de Lázaro Cárdenas. ¿Por qué? De acuerdo con Salvador Elizondo, “el periodo cardenista suele considerarse como uno de libertad considerable y relativamente poca interferencia gubernamental en el cine”.

No obstante, Adolfo Gilly, doctor en Estudios Latinoamericanos, añade otra perspectiva: planteaba que para Cárdenas, Villa no formaba parte del “panteón revolucionario”. Este hecho podría indicar que la crítica que hace esta película del Caudillo del Norte en realidad podía responder a intereses oficiales.

De cualquier manera, en 1936 existió una necesidad por desmitificar la imagen de Villa y enseñar la otra cara de la Revolución Mexicana: la parte cruda de los héroes que no enseñan los libros de texto.

La virgen que forjó una patria, 1942

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la virgen que forjó  pelis revolución  (Foto: Especial)

“Todo se lo debo a mi manager y a la Virgencita de Guadalupe”, dijo alguna vez Rubén “El Púas” Olivares. Pareciera que la Virgen morena era responsable no sólo de sus éxitos y fracasos dentro y fuera del ring, sino también de todos los del pugilismo nacional.

En esta cinta, el director Julio Bracho parece retomar esta idea tan mexicana. Si la virgen es razón primordial para el box mexicano, también lo fue para la consolidación del país. Por lo mismo, describe dos episodios fundamentales en la historia de México donde la Virgen de Guadalupe fue el estandarte: por un lado, su milagrosa aparición frente al indio Juan Diego (Ramón Navarro) y, en épocas más recientes, la lucha independentista guiada por Miguel Hidalgo (Julio Villareal) con el icono religioso como bandera principal.

Narrativamente, ambas historias se ligan gracias a las pláticas que el padre Hidalgo tiene con, ni más ni menos, Ignacio Allende, interpretado por Ernesto Alonso. Conforme ocurre la primera historia ocurren las historias que llevarían a nuestros héroes (incluido Juan Aldama, interpretado por Víctor Urruchúa) a consumar la gesta de Independencia.

Es una película con altas dotes de producción (vestuario, locación, extras, actores) que resultó ser un fracaso en taquilla.

Se trata de una película que iba en contra del régimen oficial y de la ideología de mucha de la población mexicana, uno de los primeros intentos de hacer cine a contracorriente.

El Padre Morelos / El Rayo del Sur, 1942/1943

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el padre morelos  pelis revolución  (Foto: Especial)

Ambas películas de Miguel Contreras Torres se basan en la vida de José María Morelos. La primera, filmada en 1942, trata al futuro general (Domingo Soler) antes del sacerdocio y cualquier encargo militar, enfocándose en sus múltiples deslices amorosos y en una juventud de aparente descontrol y libertinaje.

Finalmente es enviado a la iglesia de San Agustín de Carácuaro en Michoacán, ya como sacerdote, donde entrará en conflicto con los más ricos del lugar por tratar de ayudar, sin concesiones, a los más necesitados. Pronto Morelos entraría de lleno a la gesta de Independencia.

Esta segunda faceta se retrata en la otra película citada, El rayo del sur, filmada un año después pero con un reparto distinto: Luis Alcoriza hace un Morelos ya concentrado únicamente en la transformación del país y dibuja a un personaje comprometido no sólo con la Independencia, sino con un cambio radical en las condiciones de vida de todo el país.

Las películas echan luz positiva a la figura de Morelos de formas distintas. En El padre Morelos se deja respirar a la figura del “héroe” patrio para denostar a un ser humano que peca de cierto hedonismo pero no deja de entender las realidades del país y sentirse responsable de ellas.

El rayo del sur es un retrato que no deja de convencer a la audiencia de que el compromiso de Morelos era quizá mayor al de todos sus compañeros de lucha, algunos tal vez más involucrados por intereses personales que por el bien común.

Sin embargo, otra realidad es que los héroes, en la mayoría de los casos, tienen que morir para cumplir su condición histórica. En la segunda película, como en los registros oficiales, es apresado finalmente por el ejército español y ejecutado. Así acaba la vida de José María Morelos, el hombre retratado en ambas cintas de manera minuciosa, y empieza la leyenda, que gracias a la historia aún no se ha apagado.

México De Mis Recuerdos, 1943

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méxico de mis recuerdos  pelis revolución  (Foto: Especial)

Joaquín Pardavé es considerado uno de los genios de la comedia mexicana. Cualquier película suya entretiene, no envejece, hace reír y nunca de una forma barata y vulgar.

En esta ocasión interpreta a Susanito Peñafiel y Somellera, secretario particular de nadie más que del mismísimo Porfirio Díaz. El presidente escucha el vals “Carmelita”, dedicado a su esposa, y fascinado manda a Susanito a buscar a Chucho Flores (Fernando Soler), el compositor de la pieza, para regalarle un piano.

El personaje de Pardavé se encuentra a un Chucho Flores borracho, parrandero y jugador, un bohemio como parisino que habría de cambiarle la vida: de pronto, Susanito Peñafiel se convierte en el patrono oficial de los artistas y de los músicos, enamora a alguna muchacha y pervierte su buena conciencia.

En medio de canciones, chistes, lágrimas, risas y baile, sucede una película en la que Díaz enternece por emocionarse tanto con un vals, Susanito no da una pero divierte en todos sus intentos, el país se antoja opulento y tranquilo, muy distante de las cruentas batallas revolucionarias que llenarían las pantallas de cine en adelante.

Es, pues, una cinta de la “Época de Oro” del cine mexicano que resalta la mexicanidad sin exagerarla ni politizarla. En este sentido, pareciera reflejar esos rincones de la historia de México donde la paz y tranquilidad permitían que la sociedad pudiera reírse sin cinismos.

Indirectamente, la cinta narra la historia de Juventino Rosas, famoso compositor mexicano de las épocas del Porfiriato conocido por la creación del vals “Sobre las Olas”. Porfirio Díaz sí gustó tanto del vals que regaló un piano a Rosas, que lo usó para pagar todas sus deudas.

Enamorada, 1946

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enamorada  pelis revolución  (Foto: Cortesía IMCINE)

Las tropas del general José Juan Reyes, interpretado por Pedro Armendáriz, toman la ciudad de Cholula en el marco de la Revolución Mexicana. Piden a los hombres fuertes del pueblo alojo y comida, exigiéndolo todo sin aceptar un no como respuesta. Don Carlos Peñafiel, uno de estos hombres, le niega el asilo, lo mete en problemas y es encerrado.

Al poco tiempo, el general Reyes se encuentra a una mujer de hermosura impresionante, Beatriz (María Félix) que resultaría ser la hija de don Carlos. Trata de seducirla, pero es rechazado tajantemente frente a sus tropas, pues ella está ya comprometida.

Poco a poco, la curiosidad entra a la cabeza de Beatriz por la figura, hombruna y aparentemente impenetrable, del general Reyes. Inicia un cortejo romántico que los encamina, sin que lo sepan, a los senderos del verdadero amor. Ella, mujer fuerte e independiente, termina cediendo terreno ante esta suerte de modelo del machismo mexicano, que a su vez sufre al no encontrar respuesta a sus clamores.

La película sucede con una serie de imágenes impactantes que han perdurado en la memoria del cine mexicano. Fotografiada por Gabriel Figueroa, catapultaría a María Félix como la actriz más graciosa y bella de la cinematografía nacional. Lo que es más, es considerada por muchos críticos como el culmen creativo del Indio Fernández, quizá el director de cine mexicano más reconocido de la “Época de Oro”, donde la figura simbólica del México profundo, la del macho rural interpretada por Armendáriz, adquiere una profundidad inusitada en el momento en el que es rechazado por una mujer.

Fue tal el éxito de Fernández con la cinta que Enamorada terminó por tener una versión hollywoodense, titulada The Torch. En esta nueva edición, Armendáriz repetiría su papel hablando en inglés y la intachable interpretación de María Félix habría de ser reemplazada por Paulette Goddard, esposa de Charles Chaplin; tuvo muy poco éxito en comparación a la original, lo que llevó a Fernández seguir trabajando en territorio mexicano.

La sombra del caudillo, 1960

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la sombra del caudillo  pelis revolución  (Foto: Especial)

Basada en la novela homónima de Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo, narra las dinámicas políticas del México contemporáneo, fundamentalmente aquellas relacionadas con el periodo presidencial de Álvaro Obregón.

En la película se observa cómo un caudillo en el poder se encuentra en un aprieto para elegir a su sucesor presidencial: tiene la posibilidad de nombrar al general Jiménez (Ignacio López Tarso), ministro de Gobernación, o a Ignacio Aguirre (Tito Junco), su ministro de Guerra. Este último decide retirarse de la contienda (los tiempos políticos no son buenos para él) aun cuando tenga gente todavía apoyándolo y tenga que decidir entre acceder al poder o callarse y apoyar las decisiones del régimen.

Aunque Guzmán haya protegido todas las identidades de sus personajes, es evidente que el caudillo retratado refiere a Obregón, Jiménez es Plutarco Elías Calles y Aguirre, una suerte de mezcla entre Adolfo de la Huerta y Francisco Serrano. La historia, con todos sus dimes y diretes, termina siendo casi la misma.

Su ejecución cinematográfica estuvo a cargo de Julio Bracho padre, connotado cineasta mexicano que rebasaba por sus dotes culturales e intelectuales a muchos de los realizadores de la época. Fue fotografiada por Gabriel Figueroa, mantiene una de las mejores interpretaciones en la historia del cine mexicano (la de López Tarso) y su ritmo fuerte e intenso mantiene al espectador al borde del asiento.

Por su contenido político y su dureza crítica, fue prohibida por las autoridades oficiales al momento de su estreno en 1960. La decisión vino por parte de los cuerpos militares y el Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz. “Desprestigiaba la historia militar del país”, se dijo.

Desaparecieron entonces las cintas de una película que era la “mejor película mexicana realizada hasta ese momento” y que podía haber rescatado al cine mexicano de la “peor década de su historia”.

Mina, viento de libertad, 1976

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mina viento libertad  pelis revolución  (Foto: Especial)

La pretensión del presidente mexicano Luis Echeverría de identificarse con los ideales de la izquierda llevó al gobierno de México a coproducir con Cuba, en 1976, una película sobre la historia de Francisco Javier Mina, considerado como uno de los primeros guerrilleros españoles.

La cinta se llamó Mina, viento de libertad; está dirigida por el español Antonio Eceiza y, entre sus actores principales, destacan José Alonso, Pedro Armendáriz Jr. y Héctor Bonilla.

Francisco Javier Mina abandonó la carrera de derecho para luchar en contra de la invasión napoleónica a España; después, se opuso al despotismo de Fernando VII, por lo que tuvo que huir y refugiarse en Londres. Ahí conoció a fray Servando Teresa de Mier, quien lo convenció de viajar a la Nueva España para continuar, desde ahí, la batalla por la libertad.

La película retrata el momento en el que Mina desembarcó en Soto la Marina, Tamaulipas, el 15 de abril de 1817, listo para ayudar al movimiento insurgente. Partiendo de ahí, la cinta hace un recorrido de la campaña militar de Mina a lo largo del país, hasta el instante en que es fusilado por órdenes del mariscal Pascual Liñán.

Ernesto Guevara, conocido como “El Che”, planteaba en su libro, La guerra de las guerrillas, que algunas de las características esenciales que debía tener un guerrillero eran ser un reformador social que empuñara las armas respondiendo a la protesta airada del pueblo contra sus opresores y que, además, luchara por cambiar el régimen social que mantenía a todos sus hermanos reprimidos. El Francisco Javier Mina que retrata la cinta tiene similitudes con lo que describe el “Che”. No obstante, las películas a veces simplifican la historia y el drama humano de los libertadores.