Porfirio Díaz, el presidente cuya dictadura causó la Revolución Mexicana

Por:
Sandra Molina Arceo

El gobernante logró estabilidad política y la infraestructura creció por todo el país; pero se olvidó del campo, alentó el autoritarismo y conforme se hizo viejo, su poder fue decreciendo

Orden, desarrollo y prestigio para el país

1
Sin Pie de Foto
Porfirio Díaz  Sin Pie de Foto  (Foto: Especial)

Porfirio Díaz (1830-1915) logró durante 30 años de gobierno la anhelada paz en el país, concilió rencillas partidistas, se congració con el clero y dio fin a la inestabilidad política.

México se modernizó, comenzó el crecimiento económico, se favoreció la inversión extranjera, se reactivó la minería y la industria, abrieron los bancos y las compañías de seguros.

Las regiones aisladas del país comenzaron a comunicarse con miles de kilómetros de vías de ferrocarril.

En palabras de Díaz: “México pasó de la anarquía a la paz, de la miseria a la riqueza, del desprestigio al crédito y del asilamiento internacional al reconocimiento universal”.

Esclavitud para el pueblo y apoyo a los extranjeros

2
Porfirio Díaz
Porfirio Díaz  Porfirio Díaz  (Foto: México en fotos)

Porfirio Díaz domesticó y sometió a los poderes federales, desarrolló un régimen autoritario y su voluntad personal estaba por encima de la ley.

El glamour que se respiraba en la oligarquía porfirista ocultaba la miseria y la desgracia de una gran mayoría.

Los latifundios habían aumentado a costa de las tierras de los pueblos, se favoreció la inversión extranjera pero se pagaban salarios paupérrimos en condiciones de trabajo inhumanas.

Alentó la represión de Cananea y Río Blanco y consintió la existencia de Valle Nacional, donde las condiciones de vida eran prácticamente de esclavitud.

La dictadura envejeció

3
Porfirio Díaz
Porfirio Díaz  Porfirio Díaz  (Foto: Especial)

Porfirio Díaz y su dictadura comenzaron a dar muestras de debilidad cuando en 1908 declaró al periodista James Creelman que México estaba preparado para la democracia y que vería con buenos ojos a la oposición.

Díaz olvidó pronto sus palabras ante la popular campaña democrática de Madero, lo aprehendió y se reeligió por séptima vez.

En respuesta, Madero declaró nulas las elecciones y animó al pueblo a tomar las armas para defender sus derechos.  

El patriarca, que se creía insustituible, fue obligado a renunciar sin reconocer jamás culpabilidad alguna y sin entender los motivos de la “ingratitud” del pueblo mexicano.