Lecciones de gestión: los libros que no te puedes perder

Desde cómo acabar con el sexismo en el trabajo, a la importancia de tener trabajadores felices o aprovechar las lecciones de la diplomacia internacional. Estos son los libros recomendados esta semana.
Imprescindibles.  Lecciones de negocios para disfrutar en el tiempo libre.  (Foto: Por: Gustavo Díaz Montañez)
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

Para ejecutivos, áreas de recursos humanos, aquellos que reconocen (o aún no) la importancia de lograr la igualdad de género, emprendedores e interesados en las relaciones internacionales y cómo se trasladan estas a las empresas... Estos son los libros recomendados de la semana.

Feminist Fight Club: An Office Survival Manual for a Sexist Workplace (Harper Collins, 2016)

Un día, cansada de comportamientos sexistas en el trabajo, Jessica Bennett, periodista y escritora, inició una hermandad de mujeres en un McDonald’s de Manhattan. Allí, jóvenes de profesiones diversas se desahogaron de todas las situaciones que enfrentaban en la oficina. Desde hombres que se apropiaban de su crédito por trabajos o ideas brillantes, acosos sexuales, explicaciones condescendientes (el conocido mansplaining) y paga inferior por el mismo trabajo.

Pronto, el local de comida rápida no fue suficiente y comenzaron a reunirse en los departamentos de las integrantes.Así, surgieron las primeras reglas del grupo: “Hablar sobre el Club de Batalla Feminista (FFC, por sus siglas en inglés). ¡Hablar sobre el FFC! (sí, lo repite). Pelear contra el patriarcado, no contra otras mujeres. Ser miembro del FFC implica apoyar a otras mujeres y verlas como socias de su movimiento. El FFC es incluyente y libre de jerarquías. Si alguien te dice que detengas tu lucha, no lo hagas, dile que te detendrás cuando las mujeres alcancen la equidad. Quizá la batalla dure mucho tiempo, por lo que será mejor que lleves un suéter. No hay espacio para la timidez, todas deben luchar”.

Sí, Bennett se asume como feminista, un concepto que define como “una persona que cree en la igualdad entre hombres y mujeres”. En esas reuniones, las profesionistas comenzaron a desarrollar técnicas para combatir a los ‘machos’ de sus oficinas. El resultado, o al menos el más significativo hasta ahora, fue el libro Feminist Fight Club, un material de combate que cualquier mujer trabajadora debe traer en la bolsa.

Bennett comparte algunas técnicas para combatir las conductas sexistas de la oficina, pero no es un libro antihombres o que pretenda extinguirlos. La autora es muy clara al decir que la batalla por la equidad no es cosa exclusiva de las mujeres. Si hay aliados hombres, será más fácil tener espacios de trabajo influyentes, diversos y equitativos.

Feminist Fight Club ofrece consejos útiles para lidiar con las situaciones que todos los días viven (“vivimos” puede ser una palabra más precisa) las mujeres en espacios de trabajo donde aún en pleno siglo XXI, los hombres tienen la voz de mando.

Quizá, por eso, a muchos no les sorprende que una mujer gane hasta 30% menos por el mismo trabajo, que los hombres obtengan más ascensos que las mujeres o que ellos se sientan con el derecho de interrumpir a una mujer cuando está tomando la batuta de una reunión, o que intente explicarle conceptos de manera condescendiente.

Bennett reconoce que no está haciendo nada innovador. Esta batalla la han librado ya otras mujeres, gracias a quienes podemos ir a la universidad, trabajar y votar.

Con gran sentido del humor, la autora plantea, de manera sencilla, estrategias prácticas para combatir el machismo y el patriarcado, es decir, el sistema que por varios siglos ha dado privilegios a los hombres.

En múltiples ocasiones, la autora no teme crear nuevos conceptos como ‘amivaginismo’, ‘vagfirmación’ o ‘club de vaginas’. Puede que para algunos lectores esto sea muy disruptivo, pero lo mismo enfrentan las mujeres al tener que pretender que les resultan graciosos los chistes machistas o de alegorías fálicas. De hecho, la autora usa esas palabras porque asegura que esos mismos argumentos se han utilizado para ofender a otras mujeres. Pone el ejemplo del periodo y como los hombres e, incluso, otras mujeres lo utilizan para señalar cuando una mujer parece “muy hormonal” ante sus compañeros o jefes.

Bennett cree que aunque los avances son grandes, el patriarcado sigue replicándose por todas partes. Seguramente, muchas lectoras se sentirán identificadas con las situaciones que el libro plantea y, precisamente por eso, se sentirán más seguras de actuar ante cualquier mansplaining, robador de ideas o acosador de su espacio de trabajo.

No es tan difícil. Quizás el primer paso sea llevar en la bolsa, el portafolio o la mochila un ejemplar de Feminist Fight Club y actuar como convenga en cada caso. El segundo, y tal vez el más importante, es reunirse con amigas y colegas y empezar su propia hermandad.

Especial para: ejecutivos, trabajadores y cualquier persona que defienda la equidad de género en los espacios de trabajo.

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El poder suave, la clave del éxito en la política internacional

El dictador norcoreano Kim Jong-il, fallecido en 2011, disfrutaba comiendo pizza y viendo videos estadounidenses, a la vez que ponía en marcha programas nucleares y ofrecía discursos contra el capitalismo. Más allá de la política, una parte de la cultura de Estados Unidos había permeado también en uno de los regímenes más cerrados del mundo.

La idea de seducir a otros países a través de mecanismos, como la cultura o los valores, fue introducida por el profesor de Harvard Joseph Nye, en los años 90, y desarrollada en su libro El poder suave. La clave del éxito en la política internacional, recientemente editado por primera vez en español desde que vio la luz en 2004.

Desde entonces, el uso del concepto ha cobrado creciente impulso, incluso fuera de los círculos diplomáticos, alcanzando sectores que esperan extraer lecciones de esta alternativa para ejercer influencia. El libro se centra en la diplomacia internacional, pero también ofrece claves para aplicarlo en ámbitos como el de las organizaciones civiles y, desde luego, en el medio empresarial.

Para la iniciativa privada, este tipo de actividades trasciende el plano de la responsabilidad social, explica el académico, y a la vez es útil para cuidar que las iniciativas puestas en marcha por las compañías no se vean comprometidas por acciones que atenten contra su prestigio. Ejemplos de esto son las crisis derivadas de denuncias de organizaciones civiles contra la labor de una empresa o contra sus productos. “Estas campañas a veces tienen éxito porque pueden plantear creíblemente la amenaza de acabar con el poder suave que tienen las corporaciones gracias a sus valiosos nombres de marcas internacionales”, indica el texto.

Las marcas, además, corren el riesgo de quedar señaladas por la política exterior de sus países de origen, así como por el éxito o el fracaso de los gobiernos en su propia búsqueda de poder suave. Por eso, Nye, con experiencia en las áreas de Defensa, Relaciones Exteriores e Inteligencia del gobierno de EU, lo ilustra con un estudio que indica que los consumidores de 30 países señalaron su desilusión en torno a Estados Unidos y se mostraron menos proclives a comprar productos de marcas vinculadas a esa nación, como Nike o McDonald’s.

Especial para: directivos e interesados en las relaciones internacionales

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An everyone culture (Hardvard Business Press, 2016)

Para cualquier empleado, se ha vuelto común hacer un segundo trabajo de manera simultánea: cuidar su reputación ante los demás, ocultar las deficiencias e, incluso, cabildear para asegurar el puesto. Hoy no basta tener un sueldo fijo, seguro médico ni limitadas horas de trabajo; las empresas están descubriendo un nuevo ‘ingreso’determinante del éxito: la felicidad.

Robert Kegan y Lisa Lahey –académicos de la Harvard Graduate School of Education– y Andy Fleming –CEO de Way to Grow– recorrieron empresas y organizaciones por todo Estados Unidos, que tuvieran al menos 100 empleados en nómina y cinco años de existencia, gubernamentales o privadas, con y sin fines de lucro. Durante tres años, entrevistaron a ejecutivos, consultores y expertos en busca de modelos de desarrollo humano que entretejieran el crecimiento personal con el trabajo diario. Pronto, concibieron un término: “Deliberately Developmental Organizations” (DDO).

“¿Qué pasaría si la gente dejara de sentir la necesidad de este segundo trabajo?”, escribió Kegan en la Harvard Business Review en 2014, cuando tenía en marcha el proyecto. “¿Qué pasaría si las compañías crearan una cultura donde la gente viera sus errores no como vulnerabilidades, sino como oportunidades de crecimiento?”. Las conclusiones de este estudio terminaron en An Everyone Culture: Becoming a Deliberately Developmental Organization, que edita la Harvard Business Press. Una obra que, a partir de tres casos, expone cómo lograr la excelencia empresarial y, al mismo tiempo, el crecimiento personal de los empleados.

Bridgewater Associates, una firma de inversiones, Decurion Corporation, que maneja salas de cine y bienes raíces, y Next Jump, una comercializadora digital, descubrieron que su visión de expansión se limitaba a los ingresos, acciones, beneficios y líneas de negocio. Fue así que empezaron a hablar de “miembros” y de “comunidad”, donde las imperfecciones, la vulnerabilidad y la culpa por falta de méritos fueron quehaceres que se resolvieron dentro de la oficina.

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