Una empresa pegajosa

Fracasaron en la venta de caracoles para comer y ahora exportan la baba de caracol hecha crema. en una isla austral de Chile descubrieron cómo "ordeñar a los caracoles" para alcanzar el éxito
La baba de caracol podría convertirse en producto exportable
Alejandra del Solar / Chile
CHILE -

Seguro que si le preguntan cuánto demora la gestación del caracol, usted tendrá pocas posibilidades de acertar.

Al ser un molusco pequeño, dirá que días o meses. Pero sorpréndase: para que un caracol alcance la madurez pasan 14 meses. "O tal vez un poco menos, dependiendo del clima", dice Inés Hannig, que los produce en invernaderos en Chiloé, una de las islas más australes de Chile. "Los caracoles se ponen en jaulas o camas de tierra, y se alimentan con lechugas o un compuesto de varias harinas", explica Mónica Orellana, que al igual que Hannig se inició en este cultivo buscando producir caracoles como alimento, que tanto aprecian los franceses. Ella también fracasó y, como Fernando Bascuñán, ahora se abre paso en un nuevo negocio: la venta de baba de caracol.

La historia de Fernando Bascuñán es una que cualquiera querría repetir. Su esposa cultivaba caracoles y había notado que al contacto con la baba, las heridas y raspones tendían a sanar mejor. Y encontró referencias a que en la Grecia antigua y en la Edad Media ya la usaban con fines medicinales.

Por ese entonces, su hijo Fernando estudiaba medicina y le encomendaron investigar las propiedades del fluido. Así que su madre y él se concentraron en buscar una forma para extraer la baba. "El quid del asunto era que no se desnaturalizara", cuenta Bascuñán. Es decir, que no perdiera sus propiedades una vez fuera del caracol. "Descubrimos cómo ordeñar los caracoles" y, según ellos, ahí está el secreto de su éxito.

Igual que la Coca-Cola, los Bascuñán guardan su método bajo siete llaves. Su sistema está patentado bajo el nombre de Elicina, que viene del nombre científico del caracol, hélix. En 1989 obtuvieron la aprobación local y en 1993, el reconocimiento de la Organización Mundial de Patentes Industriales. Para 1995, los Bascuñán lanzaron la primera partida de cremas, que se agotó a los pocos meses.

La baba contiene alantoína, colágeno y elastina que atenúan las arrugas y le dan más flexibilidad a la piel, y tiene un exfoliante natural. Sin embargo, todavía está lejos de haber sido probada como medicamento. El presidente de la Corporación del Niño Quemado, Jorge Rojas, la investiga y hasta ahora no tiene resultados concluyentes, pero hay evidencia de algunos efectos beneficiosos. "Las cicatrices de las quemaduras tienden a ponerse negras y resecas. Cuando se usa la baba con determinados protocolos, se ha logrado aclarar el tono de algunas cicatrices", afirma.

Desde esa época hasta ahora mucha agua ha pasado bajo el puente. Bascuñán tiene un vivero con 13,000 caracoles y fabrica 45,000 cremas mensuales que exporta a 30 países. Cada una cuesta alrededor de 20 dólares y dice no temerle a la competencia, que salió al paso en abundancia.

Otros han buscado sus propios métodos para obtener la baba. Mónica Orellana, que produce la crema HeliDerm, dice que se requieren 40,000 caracoles para hacer rentable el negocio. Alejandro Jammet y su esposa, Maritza Flores, se sostienen con 20,000. Inés Hannig dice que ordeñando entre 60 y 70 caracoles obtiene lo necesario para un frasco de crema de 50 ml. Ella está en vías de exportar a Japón.

¿Qué será más rentable en el futuro? ¿La producción de cremas o la de baba para exportación? Un litro de baba certificada se vende en Chile por 300 dólares, el precio cambiará cuando más productores entren al mercado. Algo que ya está sucediendo, según Francisco Subercaseaux, del organismo promotor Prochile. "Las exportaciones de baba son un tema que recién está comenzando, todavía son montos muy pequeños y se vende en Sudamérica, España y Corea". Si de algo sirve la experiencia del pionero, no está de más saber que Bascuñán está duplicando su capacidad instalada.

Ahora ve
No te pierdas