Por qué Estados Unidos nunca se enamoró del futbol

El futbol está creciendo en Estados Unidos, pero todavía es considerado un deporte minoritario
1930  Sin Pie de Foto
James Montague
Autor: James Montague | Otra fuente: CNN
LONDRES (Reuters) -

Todavía es recordada como una de las grandes sorpresas de la historia del Mundial de Futbol, el día en que Estados Unidos conmocionó al mundo.

En la etapa de grupos del Mundial de 1950 en Brasil, el defensor central Walter Bahr condujo a una colección de semiprofesionales (en su mayoría carteros y mineros) a una victoria 1-0 en contra del considerado mejor equipo del mundo: Inglaterra.

El triunfo sobre los antiguos colonizadores generó titulares en todo el mundo. Pero uno de los recuerdos más significativos de Bahr sobre el evento fue el poco interés que hubo en su país. “La única persona que me encontré en el aeropuerto cuando volvimos fue a mi esposa”, recuerda Bahr, que era profesor de secundaria en Filadelfia.

“Inglaterra era el rey del futbol, todos pensaban que estaría en la final, pero los periódicos en Estados Unidos no sacaron nada sobre eso. El diario de Filadelfia —todavía tengo una copia— publicó un artículo de dos columnas. Creo que no hice ni una sola entrevista sobre la Copa del Mundo hasta 25 años después”.

Mientras el resto del mundo reaccionaba con incredulidad (el mito es que varios periódicos británicos ni siquiera reportaron el marcador al principio, temiendo que fuera un error de mecanografía y que Inglaterra en realidad había ganado 10-0), en Estados Unidos el logro del equipo se había encontrado con una casi completa indiferencia.

Es una clara ilustración de la larga y no siempre alegre relación que Estados Unidos ha tenido con el futbol (el de la pelota redonda y la mano prohibida, no el americano).

En tanto que casi todas las naciones acogieron la rápida propagación del deporte, Estados Unidos seguía siendo uno de los pocos reductos decididos de abstención. Pero, ¿por qué ha sido tan difícil para los estadounidenses llevar al futbol en sus corazones?

Legado colonial

Parte de la respuesta  puede encontrarse en el origen del futbol. Mientras los británicos usaban a los misioneros coloniales para difundir el futbol, Estados Unidos escogió inventar sus propios pasatiempos, en un intento de ayudar a la construcción de la nación.

“En la década de 1880 y de 1890 el deporte era exportado por los misioneros ingleses —o mercenarios, como muchos los veían—- a Estados Unidos”, explica David Wangerin, autor de Soccer en un mundo de futbol: la historia de el deporte olvidado de Estados Unidos (Soccer in a Football World: The Story of America’s Forgotten Game).

“El futbol fue relegado por la variación del rugby; los estadounidenses pensaban que era su destino crear deportes por su cuenta sin basarse en la madre patria. No había interés en deportes que fueran vistos como antiestadounidenses. Eso persistió hasta la década de 1970.

Así que cuando la nueva codificada versión de la asociación de futbol, o soccer, llegó a las costas de Estados Unidos, un tipo diferente de futbol ya estaba evolucionando. En cada una de las universidades de Princeton, Yale, Harvard y Columbia se jugaba una versión diferente del deporte, algunas usando las manos, otras usando los pies.

Pero fueron las reglas de Harvard basadas en el rugby las que ganaron con ventaja en la disputa histórica entre las universidades en Springfield, Massachusetts, en 1876, reglas que eventualmente llevaron a que el deporte tuviera un carácter “americano” con sus touchdowns, snaps y líneas de escaramuza.

Iniciativa inmigrante

“Había un deseo entre los inmigrantes de encajar”, dice Wangerin. “El multiculturalismo no estaba en la cima de la agenda estadounidense en ese momento. Querían encajar, así que jugaban futbol americano”.

Para el inicio del siglo XX, el futbol era mantenido por las comunidades inmigrantes en la costa este, concentrado en ciudades como Nueva York, Baltimore, Pittsburgh y Filadelfia.

Los equipos usualmente eran de las grandes empresas, como el exitoso pero fugaz Bethlehem Steel FC, y para 1921 un liga profesional pequeña —la Liga Americana de Soccer— había sido conformada.  Para el joven Walter Bahr que crecía en Filadelfia, en un tiempo en que el equipo estadounidense terminó tercero en la primera Copa del Mundo en 1930, sólo había un camino para seguir.

“En mi barrio, Kensington, los únicos dos deportes que se jugaban eran beisbol y soccer, y el beisbol era para el verano”, recuerda. “Filadelfia estaba dividida en grupos étnicos y muchas de las divisiones correspondían el tipo de trabajo disponible. Mi barrio era un área de producción textil, así que había gran influencia británica, así como escocesa e irlandesa. En San Luis había mucho soccer a través de la Iglesia católica porque tenían una orden de sacerdotes irlandeses y jugaban en su parroquia”.

Pasión de medio tiempo

Cuando tenía 15 se unió a los Philadelphia Nationals y, después de las interrupciones de la Segunda Guerra Mundial, ganó tres ligas con el equipo antes de ser seleccionado para el Mundial de Brasil. Pero para los jugadores de medio tiempo fue muy difícil encontrar un momento para jugar antes del torneo.

“En 1950 jugamos contra Besiktas de Estambul en San Luis. Nos dieron una dura paliza, 5-0. Era una práctica más que todo, y después nos enfrentamos al seleccionado inglés con Stanley Mathews jugando, en Nueva York, y ellos ganaron 1-0. Esas fueron las primeras veces que la selección mundialista jugaba como equipo. Al día siguiente nos fuimos a Brasil. ¡Y nos tomó dos días y medio llagar allá!”.

Después de la impactante victoria sobre Inglaterra, Bahr disfrutó de una larga carrera como jugador y como técnico, pero el triunfo sobre los antiguos rivales no consiguió meter al futbol soccer en la conciencia pública estadounidense.

“Nunca tuvimos estadios propios así que jugábamos en campos de beisbol como el Ebbests”, dice Bahr. “En 1953 jugamos contra una selección inglesa. Fue sólo tres años después la Copa del Mundo —los mismos dos equipos que jugaron en Brasil—, en el Yankee Stadium un domingo. Pero los Yankees tenían la última palabra; si hacía mal tiempo tenían el derecho de cancelar el partido porque arruinaríamos el campo. Hubo un aguacero torrencial esa mañana y pospusieron el partido hasta el lunes. Sólo fueron 7,000 personas”.

El extranjero incómodo

La normalidad había vuelto: Inglaterra ganó 6-3 en un estado casi vacío. La Liga Americana de Soccer tuvo varias versiones hasta la década de 1980, peleando brevemente con las superestrellas de la Liga Norteamericana de Soccer por la supremacía. Pero el futbol soccer nunca se pudo quitar su etiqueta de ser un deporte extraño y extranjero.

“El soccer nunca va a alcanzar la altura del beisbol o el futbol (americano) y probablemente nunca va a ser tan popular como el hockey en hielo”, sugiere Wangerin. “Pero encontrará su lugar. Una analogía que he leído es que el soccer será más como un café boutique que como un supermercado”.

Por ahora, sin embargo, Bahr y los otros sobrevivientes del equipo histórico deben responder las muchas peticiones de entrevistas de revistas, periódicos y cadenas de televisión estadounidenses ansiosos por contar su historia en el marco de la Copa Mundial de junio en Sudáfrica, donde Estados Unidos se enfrentará una vez más a Inglaterra. ¿Se sorprendió Bahr por toda la atención que ahora tiene en los medios?

“Uno puede decir que la victoria tiene 1,000 padres”, se ríe Bahr, parafraseando al ex presidente John F. Kennedy. “Pero la derrota es bastarda”.

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