Unidos por el destino: la historia de los rebeldes de la selección libia

Mientras su país sufría una guerra civil, la selección nacional de Libia vivió su propia lucha para llegar a la Copa Africana de Naciones
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Autor: James Montague
(CNN) -

Han pasado 10 minutos después de que se escuchara el pitido final, pero nadie sabe todavía si su esfuerzo fue en vano.

La selección nacional de futbol de Libia se sienta en el vestuario en el estadio Nchanga –en Chingola, una pequeña ciudad de minas de cobre en la frontera con Zambia, Congo – y aguarda silenciosamente en espera de noticias en medio de la niebla de sudor y aroma de las pomadas.

El equipo acaba de empatar 0-0 con Zambia en su partido final de clasificación para la Copa Africana de Naciones 2012, una campaña de clasificación que se inició con el país bajo el gobierno del coronel Muamar Gadhafi, continuó durante la guerra civil y terminó antes de la muerte del famoso exlíder.

La victoria era necesaria para asegurar su avance en el torneo de enero próximo en Guinea Ecuatorial y Gabón. El empate significó que tendrían que esperar los resultados de otros partidos.

A medida que su campaña para el campeonato bienal de África continental avanzaba con la guerra como telón de fondo, algunos jugadores declararon que el equipo apoyaba a Gadhafi. Otros dejaron al equipo para ir y combatir en el frente con los rebeldes.

De alguna manera, lograron clasificar, una noticia que en breve sería recibida por el equipo cuando la confirmación de los resultados de otros partidos fue divulgada.

Seis días antes, el entrenador Marcos Paqueta estaba de buen ánimo en el vestíbulo de su hotel en Túnez. El entrenador brasileño, alguna vez famoso por ganar las Copas del Mundo sub-17 y sub-20 en el mismo año para su patria, firmó para Libia en junio de 2010, cuando la Federación de Futbol de Libia era dirigida por uno de los hijos de Gadhafi, Mohamed.

“Cuando estuve allí por primera vez, me puse en contacto sólo con la federación, y luego una vez tuve una reunión con el médico Mohamed”, explica Paqueta acerca de sus relaciones con el régimen de Gadhafi.

“Él estaba feliz por el proyecto que hice para la selección nacional y para el futbol de Libia. Me enfoco solo en los deportes. En ese momento, no sabes nada acerca del país”.

En el pasado, las relaciones de la familia Gadhafi con el futbol y sus jugadores habían sido mucho más directas. Su hijo Saadi jugó para el Al Ahly Trípoli y se impuso como capitán de la selección nacional. Entonces, el equipo se desplomó al sitio 186 en ranking de la FIFA.

Pero también utilizaron el futbol como una herramienta política. En 2000, El Al Ahly de Saadi viajó a Trípoli para enfrentar al Al Ahly Bengasi para un partido de liga. Bengasi había estado asociado durante mucho tiempo con la oposición en Libia y los aficionados del equipo hicieron desfilar a un burro que llevaba la camiseta de Saadi.

El coronel Gadhafi estaba tan indignado que ordenó que el terreno de entrenamiento del Al Ahly Bengasi fuera destruido. Al club también se le prohibió participar en las competencias nacionales durante cinco años. Cuando la Interpol emitió un 'alerta roja' por Saadi Gadhafi en septiembre, la justificación declarada fue: “Apropiación indebida de propiedades a través de la fuerza e intimidación armada cuando encabezó la Federación de Fútbol de Libia”.

Los primeros resultados de Paqueta fueron alentadores. Libia venció a Zambia, uno de los mejores equipos de África, en Trípoli. Pero entonces, en febrero estalló la guerra civil, dividiendo a los jugadores. Después de que Libia derrotara a las Islas Comoras en marzo, el excapitán del equipo, Tariq Taib de 34 años de edad, declaró que los jugadores respaldaban cien por ciento a Gadhafi. Incluso etiquetó a los rebeldes como “ratas y perros”.

Walid El Kahatroushi no estuvo de acuerdo. El centrocampista de 27 años de edad anotó en ese juego, pero cuando el equipo se reunió de nuevo en junio, decidió abandonar el campo y luchar por los rebeldes cuando se enteró de que un amigo había sido herido en la violencia.

La vida en la línea del frente era difícil. Sus amigos lo protegían de lo peor de la lucha hasta que, al final, el sintió que no tenía otra opción.

“Cuando estuve allí estaba a punto de olvidarme del futbol, porque lo más importante entonces era cómo proteger tu vida y asegurar la vida de tus amigos. Si hubiera sido por mí, yo no hubiera vuelto, nunca me encontrarías aquí jugando futbol, pero mis amigos en la línea de frente me dijeron: 'Éste es tu futuro, tienes que ir allí. Esto también es como una guerra para ti'”.

Otros fueron a la línea del frente también, como el portero Guma Mousa, pero no todos tuvieron la misma suerte. Ahmed Alsagir recibió un disparo en el hombro y pasó un mes en el hospital antes de regresar a la línea del frente. A finales de agosto, Gadhafi había sido destituido. Una semana después, el equipo tuvo que jugar su penúltimo partido contra Mozambique, a puertas cerradas, en Egipto.

Aparte del problema de sacar a los jugadores del país, existían algunas preocupaciones más prácticas. Por un lado, Paqueta tuvo que realizar una reunión franca con el equipo. Los antiguos jugadores proGadhafi brillaban por su ausencia. Un nuevo equipo tuvo que ser diseñado, con la bandera de los rebeldes cosida en los uniformes. Los libios combatieron en un empate 0-0.

“El último partido (contra Mozambique) tuvo un gran impacto en la gente de Libia. Todo el mundo estaba feliz y todo el mundo estaba hablando de nosotros”, recuerda Kahatroushi.

El viaje hacia el sur de Zambia tardó casi 24 horas, pero los jugadores estaban listos cuando llegaron a la cancha del retacado estadio Nchanga. El nuevo capitán de Libia, el portero Samir Abod de 39 años de edad, fue el héroe, realizando tres paradas de clase mundial. El partido terminó 0-0. Algunos de los jugadores de cayeron al suelo llorando. Otros oraron antes de regresar a los vestidores.

Allí esperaron.

La tranquilidad fue rota cuando uno de los entrenadores dio las noticias, casi sin aliento. La habitación pintada de azul irrumpió en celebraciones y cantos. El himno nacional rebelde fue cantado a medida que la nueva bandera era sostenida en alto.

La victoria de Ghana y un empate de último minuto de Guinea contra Nigeria significaban que Libia, contra todo pronóstico, clasificó para la Copa de Naciones. A medida que una nación se recupera a miles de kilómetros de distancia de los estragos de la guerra civil con un nuevo gobierno interino, Walid Kahatroushi dirigía las celebraciones y los cantos.

“La sangre de los muertos”, cantaban, “no será derramada en vano”.

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