La historia 'olvida' a la primera mujer en ganar oro en Juegos Olímpicos

Betty Robinson logró la medalla dorada en Ámsterdam 1928, hecho que pocos recuerdan pero abrió paso a las mujeres en el deporte olímpico
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Autor: Tom McGowan
(CNN) -

Tras 116 años, parece que el movimiento olímpico por fin ha abrazado la igualdad. Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos de verano, cada una de las 204 naciones competidoras en Londres 2012 está representada tanto por hombres como mujeres.

Estrellas mundiales como la heptatleta Jessica Ennis, la sensación de la natación Missy Franklin, y la campeona de velocidad Shelley-Ann Fraser-Pryce disfrutan de una difusión en los medios que rivaliza con la de sus homólogos masculinos.

Junto con la histórica decisión de permitir que mujeres atletas de Qatar y Arabia Saudita compitieran por primera vez en los Juegos Olímpicos, esto muestra hasta dónde ha llegado el movimiento olímpico, desde los Juegos de Amsterdam 1928.

Esa fue la ocasión en que por primera vez se dio la oportunidad a las mujeres de competir en los Juegos Olímpicos.

Se pensaría que estas campeonas puntas de lanza serían de renombre mundial por sus esfuerzos pioneros, pero se estaría equivocado. Solo hay que tomar el notable caso de Betty Robinson, una de las heroínas olvidadas de las pistas.

“Ella ya no importa”, dijo a CNN el expresidente de la Sociedad Internacional de Historiadores Olímpicos, Bill Mallon. “Probablemente tuvo un poco de influencia en ese entonces, en su papel de primera mujer en ganar una medalla de oro en atletismo, pero fue muy poco conocida.

"El atletismo femenil no era muy popular en ese momento en Estados Unidos, y no logró mucha publicidad, por lo que quedó eclipsada".

El que ella esté tan olvidada es algo extraordinario dada su asombrosa vida. Imagine que Usain Bolt empezara a correr apenas cuatro meses antes de su sensacional récord mundial en la competencia de los Juegos Olímpicos de 2008.

Ahora imagine que la estrella de Jamaica apenas tuviera 16 años cuando asombró al mundo en Beijing, y entonces empezará a hacerse de una idea de lo que la estudiante estadounidense Robinson logró hace 84 años.

Robinson, de Riverdale, Illinois, alcanzó el oro en los 100 metros vistiendo una falda y un chaleco, atuendo muy alejado de las ceñidas vestimentas de velocidad utilizadas hoy, en su apenas sexta carrera competitiva. 

Sin embargo, esa victoria tan solo fue el inicio de una historia más extraordinaria. En abril de 1931, tres años después de ese triunfo histórico, Robinson estuvo involucrada en un accidente aéreo en Chicago.

Después de ser descubierta en el borde de la carretera por un transeúnte que la dio por muerta, Robinson fue puesta en la parte trasera de un coche y trasladada a una morgue.

El error fue finalmente descubierto y permaneció inconsciente durante siete semanas, pero sus heridas eran tan graves que no pudo competir por tres años y medio.

Incluso cuando regresó a las pistas, el daño en la pierna de Robinson era tal que ella no podía ponerse en cuclillas en la parrilla de salida. No importa. Robinson se las arregló para correr en el relevo 4x100 metros en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

Ocho años después de irrumpir en la escena olímpica, Robinson corrió la tercera etapa del relevo para el equipo de Estados Unidos, ayudándoles a ganar la presea dorada bajo la atenta mirada de Adolfo Hitler y los gobernantes nazis de Alemania. La cuarteta alemana, la cual clasificó para la final en un tiempo récord mundial, fue descalificada después de tirar el bastón.

Fue el destacable ascenso, caída y nuevo ascenso de Robinson lo que hizo de su vida algo aún más inconmensurable, si se tiene en cuenta que fue descubierta como atleta cuando uno de sus profesores de la escuela la vio correr para tomar un tren.

Tras cuatro competencias de atletismo y seis carreras después, Robinson fue campeona olímpica y poseedora del récord mundial

“Hasta donde sabemos, ella corrió su primera carrera en marzo de 1928”, dijo Mallon. “Era un talento natural. Terminó segunda en esa carrera detrás de la poseedora del récord estadounidense, Helen Filkey. En su segunda carrera en la vida empató el récord de los 100 metros, lo cual la llevó a las pruebas olímpicas, donde terminó en segundo lugar”.

A pesar de su referencial medalla, el bajo perfil de Robinson no estuvo en concordancia con sus logros, tanto durante su vida como desde su muerte por cáncer, en 1999.

El accidente que daño su pierna también le robó sus años cumbre. Cuando tenía que haber estado consolidando su posición como la mujer más veloz del mundo, Robinson observaba a otras velocistas ocupar su lugar.

“En 1932 Babe Didrikson (medallista de oro en salto de vallas y jabalina en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932) llegó y se hizo de un gran nombre y envió a todas las demás a un papel marginal”, dijo Mallon.

Los honores atléticos de Robinson podrían no haberle brindado la fama y la fortuna que sus equivalentes modernos disfrutan, pero eso no disminuyó su pasión por el deporte en el cual ella había dejado una huella indeleble.

“Se casó y formó una familia”, dijo Mallon. “Siguió involucrada en ese deporte con la Unión de Atletismo Amateur en Estados Unidos, haciendo cronometrajes en los encuentros y también dio algunas pláticas”.

Quizá el relativo anonimato de Robinson es una consecuencia triste e inevitable del paso del tiempo.

“Es una pena”, dijo el historiador estadounidense. “En Gran Bretaña la gente conoce a medallistas de oro como Bradley Wiggins y Steven Redgrave, pero podría decirles sobre atletas de la década de 1920 y 1930 a los que la mayoría de la gente británica conoce”.

Pero, al cruzar en primer sitio la línea en Ámsterdam hace tantos años, ella aseguró su lugar en los libros de historia, aunque no esté en la primera página.

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