El 'rayo olímpico' y su recorrido en unos 100 metros históricos

Usain Bolt es el atleta que reina por segunda vez entre los corredores más veloces del mundo en los Juegos Olímpicos
Autor: Ben Wyatt
(Reuters) -

Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 han sido un evento impresionante —con dosis diarias de drama, valor y gloria—, pero su máximo esplendor siempre será el enfrentamiento entre los gladiadores de la pista en la final de los 100 metros varonil.

De todas las disciplinas olímpicas no hay otra tan original, pura y espectacular como este encuentro sagrado.

Original: Porque en los primeros juegos de la antigüedad, la disciplina de estadion era la protagonista de la justa. Consistía en una carrera de velocidad de corta distancia que iba de un lado a otro del estadio de Olimpia.  

Puro: Porque cada persona en el planeta respeta la audacia y la capacidad de los atletas más rápidos; es una conexión fácil de hacer.

Espectacular: Porque no hay otro momento en el mundo del deporte que sea tan intenso. 

La naturaleza sobrehumana de sus combatientes tiene una conexión única con la mente de los espectadores. 

El Estadio Olímpico estaba al tope de su capacidad con miles de personas que serían testigos del último capítulo en la historia del deporte mundial. 

Se estima que otros 2,000 millones de personas alrededor del mundo presenciaban el encuentro en vivo a través de la televisión.

Antes de iniciar el encuentro había mucha duda sobre el éxito de Usain Bolt. Es cierto que él fue el campeón olímpico de Beijing 2008, pero el aura de invencibilidad del atleta de 25 años había tenido grandes golpes en los últimos dos años.

Había preocupaciones acerca de si Bolt estaba en forma y de su estado físico; estas aumentaron cuando perdió frente a su compañero de entrenamiento y rival, Yohan Blake, en las pruebas de Jamaica solo un mes antes de los Juegos.

Las primeras indicaciones de la maravilla que sucedería llegó en las semifinales, en donde Bolt alcanzó la victoria al cubrir la distancia en un poco menos de 10 segundos y, aparentemente, sin pasar de segunda.

Al frente de la misma final, no hubo nadie tan calmado como el jamaiquino de 1.96 metros de alto. Mientras que 80,000 personas estaban nerviosas, inquietas y alborotadas al mismo tiempo, Bolt se mantenía sin presión. 

Él bromeó con las cámaras de televisión que seguían cada una de sus expresiones, gesticulando qué tan rápido podría correr con dos de sus dedos. Se encogió de hombros y sonrió.

Los hombres más veloces del planeta: Gay, Gatlin, Blake, Powell, Ryan Bailey y Thompson, se preparaban en sus carriles para escuchar el dísparo de salida. 

El atleta "relámpago", antes de ponerse en sus marcas, pidió siliencio a la multitud y el bullicio se calmó para dar inicio a la histórica carrera. 

“¡Listos!” … anunció el vocero del estadio

Un helicóptero solitario rompió el silencio, volando a millas de distancia. Todos contuvieron la respiración.

¡BANG! sonó el disparo de salida y ocho cabezas se levantaron en línea en la pista cuando una ola de sonidos y las cámaras fotográficas explotaron con un espectáculo de flashes, como un tsunami.

La reacción de Bolt fue lenta, Gatlin, Blake y Gay salieron más rápido de sus bloques, pero las piernas del carril siete empezaban a acelerar.

A los 20 metros la cabeza estaba en alto y las grandes zancadas estaban compensando el terreno perdido; para los 50, Bolt ya se había emparejado, ahora sus brazos bombeando como pistones, su torso inclinándose al tiempo.

Ahí estaba la presión. La línea de velocistas en carriles alternados de rojo y amarillo (Estados Unidos de rojo; Jamaica en amarillo) apretaron cada fibra para seguirle el ritmo al que lo estaba imponiendo.

Bolt se relajó, hizo más larga su zancada y dejó al resto en su estela.

Cuando cruzó la línea después de 9.63 segundos ya tenía un metro de ventaja. El tiempo —el segundo más rápido de la historia— fue récord olímpico y Bolt alcanzó lo que solo Carl Lewis había hecho: ganar dos medallas de oro consecutivas en unos Juegos Olímpicos.

Había vencido a otros tres atletas que corrieron por debajo de los 9.8 segundos, esta fue la carrera más rápida de todos los tiempos. 

Usain Bolt: El hombre considerado un superman de la vida real, el velocista más grandioso que haya vivido, el poseedor del récord mundial y el recién coronado nuevo campeón Olímpico.

El rey aún reina, y la pista de los 200 metros le espera. 

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