Lopez Lomong, el 'niño perdido' de Sudán que llegó a los Juegos Olímpicos

El velocista de EU que corrió hacia la libertad a los 6 años, ahora corre en Londres por una medalla olímpica
Jessica Ellis
Autor: Jessica Ellis | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: African Voices es un programa semanal que resalta las personalidades de África, explorando las vidas y pasiones de la gente que raramente se abren a las cámaras.

(CNN) — De escapar a las balas en Sudán del Sur cuando era joven a convertirse en estrella de la pista y campo estadounidense, el atleta Lopez Lomong ha corrido para desafiar los obstáculos durante casi toda su vida.

Lomong, quien cargó la bandera estadounidense en la ceremonia olímpica inaugural de Beijing 2008, estaba entre los miles de refugiados conocidos como "Los Niños Perdidos", víctimas de la larga y brutal guerra civil de Sudán.

A los seis años, Lomong, quien compite por una medalla en los Juegos de Londres, fue separado de su familia cuando lo secuestraron unos soldados durante una misa de domingo por la mañana en su país natal.

Lomong fue llevado junto con muchos otros niños a una prisión en donde los entrenarían para convertirse en niños soldados.

"Vi niños muriendo todos los días y decía, 'está bien, a lo mejor la próxima vez voy a ser yo'", recuerda Lomong de 27 años. "Básicamente eso cambió mi vida y desde ese momento ya no tenía seis años, me convertí en un adulto".

Pero unas semanas después Lomong pudo escapar del campamento-prisión con la ayuda de otros tres niños más grandes. Descalzo pero determinado, Lomong y sus amigos pasaron por un hoyo de la reja de la prisión y empezaron a correr lo más rápido que pudieron, en lo que Lomong describió como su carrera hacia la libertad.

Después de correr por tres días y sus noches los niños finalmente llegaron a Kenia, en donde Lomong pasó los siguientes 10 años de su vida en un campamento de refugiados.

En el 2001, el increíble viaje de vida de Lomong tuvo otro giro. A los 16 años, él estaba entre los 4,000 “Niños Perdidos” que fueron reubicados en varias ciudades de Estados Unidos como parte de un programa de la ONU y del gobierno de EU.

Fue adoptado por una familia en Tully, un pequeño pueblo en Nueva York, en donde asistió a la secundaria y por primera vez empezó a pensar en una carrera como corredor.

Se convirtió en ciudadano estadounidense en julio del 2007 y un año después entró al equipo nacional olímpico. Formó parte de la carrera de 1,500 metros en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Lomong no llegó a las finales pero fue honrado por sus compañeros de equipo que lo seleccionaron como el portador de la bandera de la delegación de EU.

"Eso es lo más increíble que me llevo de los Juegos Olímpicos", dice. "No es solo la pista y campo. También hay nadadores; luchadores; todos estamos unidos y caminamos juntos para llevar tantas medallas como podamos a nuestro país. Esas son las cosas que nunca olvidaré, estaba muy emocionado de ser parte de eso y portar la bandera de Estados Unidos durante la ceremonia inaugural".

El miércoles regresará a la justa olímpica por segunda vez, en la carrera de los 5,000 metros. Esta vez su meta es alcanzar el podio.

"Quiero hacer lo que no pude en el 2008", dice Lomong, un graduado de la Universidad del Norte de Arizona. "Quiero ganar la medalla. Sí, fui portador de la bandera, pero ahora quiero llevar la medalla de regreso a casa".

Determinado a ganar una medalla para el país que lo adoptó, Lomong también está enfocado en hacer la diferencia en Sudán del Sur. Ha establecido una fundación a su nombre para ayudar a la gente en su país natal.

"Necesitamos regresar y darles educación, agua limpia, nutrición, medicinas", dice Lomong, quien también se reunió con su familia en 2007. "Vivir, ver otro día, pensar que hay alguien ahí afuera en el mundo que se interesa por ellos para que pueden perseguir su sueño".

Lomong también escribió un libro llamado "Corriendo por Mi Vida: El Viaje de un Niño Perdido de los Campos de Muerte a los Juegos Olímpicos", en donde narra su largo y épico viaje de vida.

Quiere compartir esta inspiradora historia con el mundo para que la gente sepa de dónde viene y que entienda por qué corre.

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"Quiero ser yo el que cuente la historia de esas personas que antes no tenían una voz, porque hay muchos niños que en este momento aún viven lo mismo que yo. Todavía los secuestran, pasan hambre y no tienen familia", cuenta el atleta.

"Necesitamos poder decirle al mundo que detenga esta situación e impulsemos la educación en lugar de dar armas a los niños para pelear. Dejen que los niños vayan a jugar y que hagan lo necesario para cuidar su futuro".

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