La presión o la falta de dinero, ¿qué le falló a Australia en Londres?

La escasez de títulos olímpicos del equipo australiano ha provocado fuertes críticas de los medios y especulaciones al respecto
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Monica Attard
Autor: Monica Attard
Sindey, (Reuters) -

Gracias a los Dioses Olímpicos por Tom Slingsby. Antes de esta semana, pocos australianos sabían algo de él. Y ahora es un héroe nacional por haber ganado la segunda medalla de oro para Australia en vela. 

Australia vive angustiada desde que empezaron los Juegos Olímpicos de Londres, ya que el desempeño de sus atletas ha sido lamentable, sobre todo en las que siempre destacaban como la natación.  

En Londres solo tienen un oro en el evento de relevos de estilo libre de 4x100 metros femenil y nada para los nados individuales.

Los australianos se jactan de tener mejores logros que los británicos y en esta justa se ubican por debajo de ellos. Y pensar que Nueva Zelanda se lleve más medallas a casa sería soportar demasiado. 

Algunos argumentan que un bajo registro de medallas de oro es un penoso reflejo de la destreza deportiva australiana.

Otros opinan que el solo hecho de haber llegado a los Juegos Olímpicos es un logro. Ser los perdedores agraciados es tan importante como ser los grandes ganadores. Y que la gran esperanza de Australia, James Magnussen, se merece una medalla de honor por quedar a una centésima de alcanzar el oro en los 100 metros estilo libre.

El público australiano criticó el desempeño de su equipo cuando Mitchell Watt se llevó la medalla de plata por sus esfuerzos en salto de longitud. 

“La gente necesita entender que no es fácil ganar una medalla de oro y no hay nada malo con ganar una de plata”, dijo Watt.

El problema, según Watt, es que los medios ven la plata y el bronce como resultados decepcionantes.

“El equipo está contento, el entrenador está contento. Recibo miles de mensajes de casa que dicen que están contentos. Los únicos que no están conformes son ustedes. Entonces necesitan despertar”, los exhortó.

Aún así las críticas no pararon. Con Slingsby los medios fueron amables pero no evitaron los comentarios disfrazados de vergüenza. 

“Los remeros llegan al rescate olímpico de Australia” apuntó el Special Broadcasting Service (SBS) en línea. “Los remeros podrían evitar el sonrojo de un contingente australiano que se ha desarrollado de una manera sólida sin haber podido convertir segundos y terceros en títulos olímpicos”.

La cartera de oro casi vacía ha inspirado a una revisión del desempeño en natación del equipo australiano. El Swimming Australia estará dirigido por el exentrenador en jefe Bill Sweetenham y la campeona olímpica Suzie O’Neill.

La meta será llegar a una fórmula para prevenir otra humillación nacional en los Juegos de la Mancomunidad en Glasgow, dentro de dos años, y descubrir qué fue lo que salió mal en Londres.

¿Habrá sido falta de unidad del equipo? ¿Tal vez la ética laboral actual no es la que debería? ¿China se estará llevando a los mejores entrenadores australianos con sumas cuantiosas de dólares? Y una pregunta igualmente ridícula: ¿Deberían hacer que se rasuren los nadadores con barba? ¿Pudo haber sido la barba de Magnusson lo que acabó con su carrera por el oro? Todo está abierto a investigación, aunque Suzie O’Neill dice que no será una cacería de brujas.

En una nación acostumbrada a ganar en los deportes, las expectativas son inevitablemente altas.

El peso de la expectativa está sobre tus hombros, es una presión extenuante. Así lo declaró el tenista Sam Stosur, ganador del Abierto de EU. A Stosur le costó haber perdido en la primera vuelta del Abierto Australiano. 

“Por supuesto que te afecta físicamente, ese es probablemente el signo que ve más fácil la gente de afuera”, dijo en una conferencia de medios después de su pérdida. “A lo mejor es fácil ver que te tensas, tus hombros se ponen rígidos, no le pegas a la bola”.

John Coates, presidente del Comité Olímpico Australiano cree que el problema no es de altas expectativas. Eso viene con el paquete de ser deportistas de élite.

Para Coates, el problema de Londres puede erradicarse en el futuro con volver a impulsar el deporte obligatorio en las escuelas. Aunque en noviembre pasado se advirtió que no había el dinero suficiente para las instituciones deportivas.

Coates no piensa que el dinero sea un problema en la natación australiana.

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“Creo que hay dinero suficiente en el sistema, solo que no lo están gastando sabiamente”, le dijo a los medios locales.

Kevin Gosper, el australiano mejor clasificado en el Comité Olímpico Australiano, no está de acuerdo. El dinero, dice él, es la diferencia entre el oro y la plata.

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