Armstrong: el héroe que cayó del 'Olimpo' del deporte a la tierra

El ciclista estadounidense se encuentra inmerso en una serie de problemas y ya fue despojado de sus siete títulos
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Autor: Tom McGowan
(CNN) -

Lance Armstrong estaba en la cima del deporte del ciclismo como un coloso entre 1999 y 2005. Su hazaña de ganar siete títulos consecutivos en el Tour de Francia, posiblemente el evento deportivo más duro, fue como la del semidios Hércules completando sus “Doce Trabajos”.

Los logros de Armstrong parecieron más extraordinarios debido a su diagnóstico de cáncer testicular en 1996 y su recuperación contra viento y marea.

Su autobiografía best-seller, It’s Not About the Bike: My Journey Back to Life en 2000 ayudó a que naciera la leyenda de Armstrong, mientras relató su lucha para vivir contra una enfermedad que se había extendido a sus pulmones, abdomen y cerebro antes de que se sometiera a un tratamiento radical y ganara su primer Tour en 1999.

Esta fue una historia deportiva que dio esperanzas a millones en todo el mundo.

La batalla del texano con el cáncer lo llevó a establecer la fundación Livestrong en 1997, que según su sitio web recaudó cerca de 500 millones de dólares en la batalla contra la enfermedad; en gran parte gracias a las pulseras amarillas icónicas de la organización altruista.

Su heroica hazaña atrajo a un ejército de fanáticos y lucrativos acuerdos de patrocinios con grandes corporaciones como Nike y la cervecería Anheuser-Busch.

Pero luego vino la caída. Una muerte como en una tragedia griega, que ahora solo espera un acto de contrición o reconocimiento (anagnórisis) del deportista de 41 años mientras enfrenta el extraordinario cuerpo de evidencia que la Agencia Antidopaje de Estados Unidos ha reunido.

Una prueba positiva para una sustancia prohibida durante su primera victoria en el Tour de France en 1999 fue explicada por una prescripción de una crema para tratar dolores en el trasero, pero las dudas y rumores que rodean a Armstrong no desaparecieron.

El libro de 2004 L.A. Confidential: The Secrets of Lance Armstrong de los periodistas David Walsh y Pierre Ballester afirmó el uso de sustancias que mejoran el desempeño.

Un testigo clave para Walsh y Ballester, y luego la USADA, fue Emma O’Reilly; antes una asistente de personal de Armstrong y su equipo de ciclismo del Servicio Postal estadounidense.

Dijo a la agencia que se comprometió en viajes clandestinos para recoger y dejar lo que asumía eran productos de dopaje, y dijo que estaba en la habitación cuando Armstrong y otros oficiales del equipo sacaron un plan para un efecto retroactivo de la prescripción para corticoesteroides para un dolor y explicar un resultado positivo en las pruebas de esteroides durante el Tour de Francia de 1999.

“Ahora, Emma, sabes lo suficiente para derribarme”, dice que Armstrong le dijo después de la reunión.

“La cita se ha dramatizado un poco”, dijo. “La historia muestra que no tengo lo suficiente para derribarlo, y nunca quise derribarlo. Nunca, nunca, quise derribar a Lance”.

El dopaje era algo común en el ciclismo en la década de 1990, dijo O’Reilly, quien aseguró que intentó distanciarse de las actividades de dopaje pero sintió algo de presión para cooperar.

Contó que primero se encontró con el dopaje del equipo estadounidense en 1998, cuando dijo que un hombre le dio un paquete que describió como testosterona para el ciclista George Hincapie. El hombre, cuyo nombre está elaborado a partir de la declaración, le advirtió que no viajara a Estados Unidos con eso, dijo O’ Reilly.

Hincapie reconoció que utilizó sustancias prohibidas en su declaración a la USADA y en un comunicado lanzado ese mismo día.

Ese mismo año, dice, Armstrong le dio un paquete pequeño envuelto en plástico después de una carrera en los Países Bajos y le pidió que dispusiera de este. O’Reilly contó que Armstrong le dijo que “contenía algo con lo que se sentía inquieto viajando y no quería tirarlo en el hotel del equipo”.

O’Reilly también relató que compró maquillaje para Armstrong para disfrazar lo que describió como un moretón provocado por una inyección durante una carrera.

O’Reilly dijo que nunca vio a Armstrong utilizar sustancias prohibidas, aunque estaba segura de que lo hizo. Tyler Hamilton contó una historia diferente, diciendo “la primera vez que me dopé estaba con Lance” y aseguró que su compañero de equipo estaba muy consciente e involucrado con todo lo que pasó.

La publicación de L.A. Confidential llevó a una serie de demandas. Armstrong demandó al periódico británico The Sunday Times, que publicó un artículo haciendo referencia al libro, antes de que eventualmente alcanzara un acuerdo fuera de la corte.

Con el tiempo, una gran cantidad de ciclistas que corrió junto a Armstrong en el equipo del Servicio Postal de Estados Unidos entre 1998 y 2004 comenzó a generar dudas de sus logros sin precedentes.

En 2010 Floyd Landis, un excorredor que fue despojado de su título del Tour de Francia en 2006 por haber dado positivo de dopaje, afirmó que él y Armstrong habían tomado sustancias prohibidas mientras eran compañeros de equipo en el Servicio Postal de Estados Unidos.

Armstrong permaneció firme al negar las acusaciones de dopaje, pero excolegas como Hamilton continuaron haciendo acusaciones de mala conducta.

El estadounidense, quien fue despojado de la medalla de oro que ganó en los Juegos Olímpicos de 2004, admitió el dopaje mientras también acusó a Armstrong.

Las acusaciones no desaparecieron; por el contrario, se convirtieron en un torrente a principios de este mes con el informe lanzado por la USADA.

Lo acusó de ser parte del “programa de dopaje más sofisticado, profesionalizado y exitoso que el deporte ha visto”. El informe incluyó evidencia de 26 personas; 11 de las cuales fueron excompañeros de equipo de Armstrong.

Armstrong mantiene que fue sometido a 500 pruebas de drogas y no falló en ninguna, pero las consecuencias del informe de 202 páginas de la USADA han sido catastróficas para el estadounidense.

Además de perder los títulos del Tour que ganó entre 1999 y 2005, también podría ser despojado de la medalla de bronce que ganó en los Juegos Olímpicos de 2000.

Livestrong no salió indemne del escándalo, y Armstrong fue forzado a dejar su papel como presidente.

La situación de Armstrong podría empeorar, con informes sugiriendo que el organismo del ciclismo, la UCI, podría reclamar los millones de dólares que otorgó en dinero de premios durante sus años felices.

The Sunday Times podría también buscar recuperar el dinero otorgado a Armstrong en el caso L.A. Confidential.

A pesar de los días más oscuros que podrían avecinarse, Armstrong pone un rostro valiente, diciéndole a sus partidarios en un evento de caridad de Livestrong en Texas: “he estado mejor, pero he estado mucho peor”.

Las palabras de Armstrong pueden ser ciertas, pero no hay duda de que el deporte por el que aparentemente hizo tanto nunca ha estado tan mal como lo que su caída ha provocado.

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