El maravilloso Frankel, inmortalizado en una pintura y un poema

El caballo purasangre, más que ser un campeón de las carreras, inspiró al mundo del arte y la literatura
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Autor: Sheena McKenzie
(Reuters) -

A través de la historia, lo artistas más grandiosos han confiado en sus musas como objetos de inspiración, encantamiento y satisfacción.

Pablo Picasso inmortalizó a su amante Dora Maar en su pintura de 1937 La mujer que llora; Andy Warhol objetizó a la modelo Edie Sedwick al estatus de Joven cosa en sus películas avant-garde de la década de 1960, mientras que Leonardo da Vinci hizo a la mujer detrás de su Mona Lisa quizás la musa más famosa de todos los tiempos.

Pero la elusiva figura de la musa no siempre tiene que ser la de una mujer hermosa.

La belleza oscura con rizos al aire y un cuerpo monumental descrito en la última pintura del artista Michael Kirkbride no es precisamente una mujer voluptuosa, sino un caballo.

Y no cualquiera, sino probablemente uno de los más grandioso de todos los tiempos.

Desde que arrasó en la pista con su primer triunfo en el Royal Lodge Stakes en 2010, un aire de misterio ha seguido a Frankel, campeón mundial purasangre.

El corcel superestrella, que hasta tiene su propia cuenta de twitter, no solo ha ganado las 13 carreras, sino que ha logrado su victoria por márgenes enormes, destruyendo pistas de clase mundial y se ha llevado el título del mejor caballo de carreras en el planeta.

En su última carrera, Frankel ganó el campeonato Stakes en Ascot, con una venta de boletos agotadas gracias a las 32,000 personas asistentes que vivieron la experiencia de ver por última vez al 'caballo celebridad'. 

El 'Momento Frankel' inspiró al escritor Blaine Ward cuando el estelar equino corría sus primeras carreras, una experiencia que después abriría el camino a que el artista Kirkbride pintara su inusual trabajo surrealista.

“Observé la carrera del año pasado de las 2000 Guineas por televisión cuando Frankel arrasó con los otros caballos”, dijo Ward.

“Fácilmente ganó por seis cuerpos, ninguno de los otros se mantuvo cerca. En mente vi a Frankel atravesar la pantalla hacia mi sala, esta bestia poderosa, hermosa y casi mítica”.

Blaine, de 51 años, exabogado de Sunderland en el noreste de Gran Bretaña, estuvo tan conmovido por el triunfo de Frankel que escribió un poema acerca de la criatura tipo centauro que apareció en su casa suburbana en un resplandor de gloria. En un fragmento se lee:

“Después de un olor a aire quemado mezclado con piel de caballo, cuando la tele le explotó en la cara, mientras el centauro Frankel irrumpió, como una seda verde y rosa acompañada de una gracia fluida y poderosa”.

Fue un momento deportivo especial y tuvo un efecto profundo en Ward, quien describió el triunfo de Frankel como algo parecido a ver en acción al boxeador Muhammad Ali o al futbolista Lionel Messi.

“Fue uno de esos momentos extraños en los que sientes que acabas de ver a alguien o algo en el punto más alto de las proezas deportivas”, dijo.

“Más palabras nunca serán suficientes para hacerle justicia”.

Y entonces Ward contrató a Kirkbride, profesor en la Real Academia de Arte Dramático de Londres (RADA, por sus siglas en inglés) para que pintara al caballo campeón entrando a la sala de la casa en los suburbios, tumbando a Ward y a su esposa de sus sillas y derramando su trago del medio día al suelo.

“El resultado es un coctel surrealista de sus palabras y mi interpretación de forma de arte”, dijo Kirkbride.

Kirkbride pintó el trabajo llamado Armchair Ride, en tempura de huevo, una mezcla de pigmento coloreado y yema de huevo que data del siglo I.

El método, que da una calidad luminosa, fue sustituido después por una pintura al óleo alrededor del siglo XV.

“Parece vidrio pintado, como una luz que lanza su brillo desde atrás”, dijo Kirkbride. “Los rosas y azules de las sedas de Frankel son bastante fuertes, pensé que verdaderamente se entregaron al medio”.

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Kirkbride es probablemente más conocido por sus pinturas de escenas de fútbol inglés, como Chech Mates, que captura la inusual tradición de los fanáticos del Chelsea de aventar cilantro, o Bar Kick, que distingue al jolgorio deportivo de un pub.

Sin embargo, tras la hazaña de Frankel, Kirkbride no solo pintará al caballo que atraviesa la televisión, sino el récord de la historia.

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