Las porristas de la NFL, tradición amada y criticada en el deporte de EU

Las animadoras consideran un "sueño" formar parte de los equipos de americano, mientras organizaciones consideran que degradan a la mujer
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Autor: Tom McGowan
(Reuters) -

Ojos brillantes, dientes blancos brillantes, mucho cabello y pechos apenas cubiertos, estas son las mujeres cuyas caderas giratorias dan un toque de glamour a las canchas de la Liga Nacional de Futbol (NFL por sus siglas en inglés) desde Nueva Inglaterra hasta California.

La antítesis de los hombres a los que apoyan desde las líneas de banda, las porristas son el postre que se sirve junto con el rib-eye de la NFL.

“Es entretenimiento, es Hollywood, es espectáculo”, dijo a CNN, Joanne Gerstner, una expresidenta de la Asociación de Mujeres en Medios Deportivos de Estados Unidos.

La naturaleza interrupción-comienzo del futbol americano -hay muchos descansos en el partido con juegos que duran hasta tres horas-, ofrece la oportunidad de que estas chicas con pompones ayuden a mantener los ojos de los fanáticos en la cancha.

“Creo que es el sueño de todas, si eres bailarina, seguir esa pasión a un nivel profesional”, dijo a CNN, Missy Mooty, una integrante de 26 años de las Porristas de los Vikingos de Minnesota (MVC, por sus siglas en inglés) antes del partido contra los Acereros de Pittsburgh en Wembley en octubre.

“Este es el momento de mi vida que funcionó, resultó ser un sueño que se volvió realidad así que fue un gran avance en mi carrera de bailarina”.

Mooty y su compañera de las MVC, Kaylee Munson, reciben un salario de los Vikingos, pero no lo suficiente para ganarse la vida, lo que significa que ser porrista se combina con una carrera, estudios de tiempo completo o se equilibra con responsabilidades familiares.

“Nos gusta decir que es un trabajo de medio tiempo, pero un compromiso de tiempo completo”, dijo Munson, quien trabaja como enfermera en escuelas y enseña a los niños una vida saludable.

Las porristas llegaron por primera vez a la NFL en 1954, cuando fueron presentadas por los Potros de Baltimore como parte de la banda de marcha del equipo.

El espectáculo creció y ahora la mayoría de las franquicias de la NFL se verían icompletas sin las porristas; 26 de las 32 franquicias actuales de la NFL tienen porristas.

Munson y Mooty han bailado toda sus vida, al tomar el camino trillado a la NFL en los bailes de preparatoria y universidad o al competir con un estudio.

“Siempre bailé al crecer, así que pensé que quizá lo intentaría para que los Vikingos expandieran mi carrera de bailarina”, dijo Munson. “Así que lo intenté, hice pruebas y terminé mi primer año, algo muy emocionante”.

El escaso vestuario que se le pide usar a una porrista es fácil para dos mujeres con antecedentes en el baile que trabajan duro para esculpir y tonificar sus cuerpos.

“En la cultura del mundo del baile, eso es solo el uniforme”, dijo Mooty. “Necesitamos poder movernos y nuestros cuerpos, nuestras líneas, necesitan estar definidos… (el uniforme) puede ser muy deportivo y ser halagador”.

“Por supuesto, mi abuela simplemente ama nuestro atuendo”, añade Munson. “Cree que es la cosa más linda y ama los brillos encima de este. Todos tienen un punto de vista diferente”.

Muchas porristas también se enorgullecen del trabajo que hacen con sus comunidades locales, mientras que algunos, como los Santos de Nueva Orleáns piden que las mujeres tengan habilidades para hablar en público así como una técnica para el baile.

Pero un punto de vista más duro de la industria de las porristas es que las mujeres que bailan en los márgenes del deporte competitivo son eco de una época de sexismo y misoginia.

“Cuando toda la esencia de tu trabajo básicamente es pasear con un bikini diminuto y una parte de arriba pequeña, de alguna forma socava el resto de tu argumento de que eres una persona completa”, dijo Gerstner, quien también es profesora de Medios y Deportes en la Universidad de Michigan en Estados Unidos.

Un video lanzado por las porristas de los Delfines de Miami en el que se mostraba a las mujeres en bikinis bailando la canción Blurred Lines de Robin Thicke con la mascota “TD” del equipo sin duda respalda el punto de vista de Gerstner.

“Es casi como en París, cuando las bailarinas hacían el cancán mientras la guillotina bajaba”, añadió Gerstner, quien ve el ser porritas algo así como convertir en accesorios a las mujeres.

Mooty y Munson permanecen sin inmutarse y mientras el fenómeno de las porristas entra a su séptima década en la NFL, no muestra señales de sacarse sus botas de vaqueras y terminar con todo.

“Las porristas tienen una larga tradición en la mayoría de los deportes estadounidenses tanto a nivel profesional como amateur”, dijo a CNN el director de comunicaciones de la NFL, David Tossell.

“Las porristas son parte de la cultura del futbol americano desde las ligas juveniles hasta la NFL y son parte de la experiencia en el partido para nuestros aficionados”.

La pregunta sobre si esa cultura es una que degrada a las mujeres se cierne sobre porristas como Mooty y Munson.

Hay muchos estereotipos negativos alrededor de las porristas, pero Mooty disfruta desafiar las preconcepciones de las personas.

“Creo que es un gran reto nuestro a superar”, dijo. “Nos enorgullecemos mucho de nuestros uniformes y nos gusta utilizarlos para representar al equipo. Es parte de nuestro espíritu de equipo y parte de la experiencia.

“Siento que si ofrecemos una interpretación elegante y equilibrada, entonces esperamos que esa sea la forma en la que es recibida. Como cualquier cosa, está en los ojos del espectador”.

Aunque la integridad de mujeres como Mooty y Munson es incuestionable, Gerstner todavía siente que las porristas alientan a que las personas juzguen a las mujeres solamente por su apariencia.

“Podrían ser mujeres inteligentes, increíbles con los pies en la tierra pero solo se nos deja juzgarlas por el exterior, que es cada vez más y más escaso a medida que las porristas evolucionan en Estados Unidos.

“Si las porristas son necesarias, ¿por qué no hay porristas para los deportes de mujeres?”. 

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