Goya Kong, una luchadora mexicana que 'quiebra' prejuicios y críticas

Le han dicho que debería estar en la cocina, en lugar de en un ring, pero ella quiere emular los éxitos de su padre, 'Súper Porky'
Goya Kong, una luchadora que 'quiebra' prejuicios
Autor: Melva Navarro | Otra fuente: 1

Nota del editor: Esta historia forma parte de una serie en la que mujeres destacan en deportes de riesgo que se creía solo eran masculinos.

(CNNMéxico) — Goya Kong aplica llaves, lanza patadas y resiste los golpes que le dan sus rivales, por los que ha dejado sangre sobre el ring.

La rudeza que aplica en la lucha libre, al utilizar el poder de su complexión rotunda para aplastar rivales, contrasta con la sonrisa y las miradas pícaras que muestra al charlar, o con sus bailes coquetos.

En ambas facetas, como una mujer común de 27 años y como luchadora, ha enfrentado el reto de sobreponerse ante prejuicios o inseguridades. 

"Soy Goya Kong, como King Kong", presume Gloria Alvarado Nava en entrevista en la Arena México, donde pelea dos veces a la semana. Desde 2010 forma parte de los luchadores técnicos del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL).

A lo largo de su carrera, dice que la mayoría de burlas o comentarios críticos por el hecho de ser mujer en un deporte 'masculino' han sido de sus propios colegas.

"Uno que otro nos dice 'ay, ustedes deberían estar en la cocina', pero pues a nosotras la verdad eso no nos importa, nos ha tocado luchar con hombres y hemos demostrado que no somos el sexo débil", comenta.

En el ring ella baila, envía besos al público y agita de un lado a otro su larga cabellera. Se siente cómoda consigo misma. Yo las críticas "como mantequilla, dejo que se me resbalen".

'El peso' de un linaje

Alvarado Nava viene de una familia de luchadores.

A su abuelo, Juan Alvarado Ibarra, se le conoció como Shadito Cruz.

Y su papá es... nada más y nada menos que José Alvarado Nieves, llamado Brazo de Plata o Súper Porky, un famoso luchador mexicano que también destacó por su carisma y su tonelaje.

Digamos que Goya Kong hizo 'relevo' con Súper Porky para continuar con el legado luchístico. 

Cuando de niña veía entrenar a su abuelo y a su padre se dio cuenta de que también quería pisar el ring. Comenzó a entrenar a los 18 años, y debutó un año después a lado de su hermana, la luchadora Muñeca de Plata.

"Mi papá fue el único que nos apoyó a mí y a mi hermana, fue el único porque mi mamá, mi hermano, todos estaban bien molestos, decían: 'ese es un deporte para hombres, así que no, ustedes a otra cosa’ y nosotras nos aferramos”, asegura.

"Nos agarraron pollitas"

Sus entrenamientos los comenzó al terminar una carrera técnica en diseño gráfico, un requisito que su padre le puso como condición para poder entrar de lleno a la lucha libre.

Recordar su debut aún la emociona.

Ocurrió en 2006 "en Tultitlán, con otra empresa, faltaba un luchador y me dijeron 'qué onda, te avientas con hombres, y yo pues órale’, a mi hermana también”, recuerda.

Cada una luchó junto con dos hombres de compañeros, en un duelo de tercias. "A mi hermana la dejé a un lado, pero me fui contra los hombres". En esa ocasión su equipo ganó.

Antes de entrar al Consejo Mundial de Lucha Libre (en 2010), volvió a luchar contra varios hombres, para tratar de abrirse camino y forjar una carrera. 

"Salía toda lastimada, me reventaron una silla en la cabeza y todo, y sangré, pero son experiencias que uno va aprendiendo. Estábamos novatas, como dicen. Nos agarraron pollitas, pero pues ahorita si me los vuelvo a encontrar me los surto a todos", comenta.

Sobre por qué una persona decide una carrera donde recibirá golpes y piquetes de ojo, ella tiene una respuesta simple: es por la adrenalina, la emoción de estar en sitios como la Arena México, con los reflectores sobre su actuación.

"Cuando ves que la gente te grita, te ovaciona, es una adrenalina por dentro, la verdad, a flor de piel", expresa. 

Dos caras

La feminidad y la lucha libre no están peleadas, dice Goya Kong.

En su traje de luchadora hay color rosa, y en sus enfrentamientos intenta agregar una parte coqueta. "Cuando doy un golpe y de repente empiezo a bailar la gente se emociona".

El reto más difícil de su carrera, asegura, ha sido levantarse después de perder la máscara en 2012, en una lucha en reja en la Arena México. Aquella vez sucumbió ante Princesa Blanca y tuvo que quitarse la burka que le cubría el rostro.

Desde entonces decidió seguir luchando con la cara descubierta, y en 2014 ganó la copa del 70 aniversario de la Arena Coliseo, lo que considera uno de sus principales logros.

"Ahí viene Miss Simpatía, es una verdadera luchadora, completa", dijo sobre ella alguna vez un narrador de lucha libre en Guadalajara.

Máscaras y campeonatos

Las mujeres son una parte importante en la vida de Goya Kong. Cuando le toca pelear siempre están en las gradas su mamá, su hermana, su sobrina y su prima.

"Mi mamá ya se resignó a ver que me golpeen y todo, más que nada era esa su preocupación", dice.

Con ese apoyo y su ambición, ella descarta la idea de contemplar un retiro de la lucha libre, para hacer otro tipo de actividades.

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"Pienso a futuro en las cosas que quiero obtener, pienso en campeonatos, máscaras, cabelleras, quiero dejar un legado, que se diga: la primera mujer en la lucha libre que obtiene tantas cosas y también en el linaje Alvarado", dice.

"A futuro no pienso si me voy a retirar, o por una lesión, será lo que Dios diga. Yo siempre voy a estar avante, aferrada a mi trabajo y hasta donde se pueda, hasta me subo con el bastoncito, viejita, no importa".

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