Lutz Pfannenstiel, el portero que murió... y revivió en las canchas

La vida de este arquero de origen alemán es peculiar: además de jugar en 25 clubes diferentes, puede decir que dejó la vida en un partido
Lutz Pfannenstiel
Lutz Pfannenstiel  Lutz Pfannenstiel
Autor: James Masters
(Reuters) -

Pasó tiempo en prisión, se robó un pingüino para ponerlo en su bañera y vivió en un iglú por una semana. ¡Ah! Y se murió en un campo de futbol.

 "No fue como un caleidoscopio –no había color, todo era en blanco y negro,” dijo Lutz Pfannenstiel a CNN, recordando el momento de hace 12 años cuando toda su vida pasó frente a sus ojos al sufrir una lesión que llevó al fisioterapeuta del club a creer que el alemán estaba muerto en Bradford Park Avenue.

No es en vano que el título del libro de Pfannenstiel sea “The Unstoppable Keeper” (El Portero Imparable)

Incluso ahora, el recuerdo de ese día en Bradford, Yorkshire en el norte de Inglaterra continúa vívido.

"Había diamantes negros y blancos y todo estaba muy silencioso” dice Pfannenstiel, cuyos pulmones colapsaron luego de que la rodilla de un jugador del equipo contrario se impactara contra su pecho, impidiéndole respirar. "En el fondo veía figuras, pero no podía distinguir quiénes eran. No sentí frío, sentí calidez. Sentí que estaba flotando y no era algo atemorizante, para nada.”

Al despertar del accidente en el hospital, Pfannenstiel le gritó a las enfermeras, convencido de estar paralizado.

El porter estaba enojado por haber abandonado el partido, por lo que estaba de regreso en entrenamiento una semana más tarde.

Reflexionando sobre ello, dice que se comportó ‘irresponsablemente’ y que el incidente probó ser un momento de cambio para su carrera, en la que jugó para 25 clubes en todo el mundo por dos décadas.

En su  juventud, Pfannenstiel fue un jugador de alto rango y representó a Alemania en el equipo juvenil en la Sub-17.

A pesar de que el club más grande de su país, el Bayern Münich, le hiciera una oferta, Pfannenstiel prefirió perseguir su sueño de jugar en el extranjero.

Así que en 1993, salió de Alemania para jugar en Malasia con Penang FA antes de mudarse a Inglaterra donde disfrutó el tiempo en la Liga Premier con los equipos Wimbledon y Nottingham Forest.

En Sudáfrica, Pfannenstiel se convirtió en un héroe local con Orlando Pirates en Johannesburgo, su fama incluso persuadió a un asaltante a disculparse por la inconveniencia causada en una tiendita que el futbolista visitó por una botella de agua.

Pero fue en Singapur donde sucedió el episodio más traumático de la carrera de Pfannenstiel tras ser acusado de conspirar con los corredores de apuestas.

En ese entonces, el alemán disfrutaba la vida, modelaba para Armani y era presentador de un programa de momentos destacados de futbol, pero fue declarado culpable de arreglar partidos y fue sentenciado a 101 días en prisión.

Protestando por su inocencia, Pfannenstiel dice que los cargos no fueron por amañar un partido, sino por un intercambio verbal corrupto.

Lo que siguió fue “uno de los momentos más difíciles” de su vida, pues tenía que ajustarse a estar con asesinos, narcotraficantes y violadores.

"La prisión no tenía cama, ni escusado, ni papel sanitario, ni cepillo de dientes. Dormía en el piso,” dijo. “Había gente en pena de muerte. Gente que fue colgada.”

"En el desayuno no te daban los buenos días, te golpeaban en la cara. Tuve que sobrevivir en ese circo. Si fueron 101 días, parecieron 25 años.”

El tiempo en prisión y su experiencia cercana a la muerte llevaron a Pfannenstiel a la conversión.

Con el fin de distanciarse de lo que él percibía como un estilo de vida superficial y materialista, Pfannenstiel creó la idea de 'Global United' – una organización de caridad para crear consciencia sobre el cambio climático.

Es un proyecto que ha llevado a Pfannenstiel a pedir la ayuda de otros futbolistas famosos como Zico, Lothar Matthäus y Jari Litmanen.

La beneficencia ya ha realizado eventos exitosos en África, particularmente en Namibia, tocando problemas como el VIH/SIDA, la hambruna y la educación.

Ahora Pfannenstiel espera llevar a sus amigos futbolistas, quienes juegan partidos para recaudar dinero, a la Antártica para acarrear atención a los efectos del cambio climático.

Él espera tener el partido a finales d 2015 o principios de 2016, cuando el clima es un poco más apto para convivir y usar el aeropuerto de la isla King George para asegurarse que el hábitat local no sea afectado adversamente.

"Jugar en la Antártica hace pensar a la gente en jugar en nieve frente a montañas y así era hace 50 años.  Ahora no es así, las tierras altas siguen blancas, con nieve y hielo, pero el lugar donde jugaremos es verde, café y sucio.”

Pfannenstiel ya ha ayudado a crear consciencia sobre los efectos del cambio climático al pasar una semana viviendo en un iglú- una hazaña que fue transmitida en línea.  

Él espera planear el Amazonas más tarde este año y pasar tiempo viviendo en las copas de los árboles en un esfuerzo por crear consciencia sobre la destrucción de la selva.

"Yo nací en una aldea, que ahora es un resort de esquiar, pero siempre estaba hermoso y limpio," recuerda.

"Siempre que voy a visitar a mi padre, todo es tan natural.Cuando empecé a viajar, mi cerebro empezó a escanear las cosas y a comparer lugares como Londres o cualquier ciudad grande con el lugar en el que crecí. Es sucio.”

"Si vas a China, la idea del cambio climático ni siquiera parece estar registrado en la consciencia.

"Si vas a las Maldivas, sabes que ya no van a existir en 10-15 años por que se van a hundir.

"Es un problema real el que queremos atacar.”

No es solo el medio ambiente lo que apasiona a Pfannenstiel –el ama a los animales también.

Durante su tiempo en Singapur, tuvo un mono de mascot que causó problemas en su departamento.

"Quiero dejar todo como si nada hubiera pasado” dice Pfannenstiel.

"Vamos a limpiar el campo con aplanadoras de nieve, usaremos cinta amarilla para las líneas y nosotros construiremos las redes. En 10 minutos, se quitan las líneas y las redes y nada va a existir". "No quiero oír que digan 'este idiota va a ir allí' y él destruyó el hábitat natural. Hay muchas plantas creciendo cerca de la zona y es muy importante. Tendremos a científicos asesorándonos y si ellos dicen que podemos jugar en otro lado, muy bien, pero por ahora jugaremos en el campo de aviación".

Pfannenstiel siempre ha tenido pasión por el medio ambiente dado que creció en la zona del bosque bávaro, en Alemania le fascina la naturaleza y la tranquilidad y limpieza de la vida en el campo es una parte integral de su vida. "Si te quedas ahí, puedes ver la verdadera Antártida, pero, al mismo tiempo, puedes ver todo lo que ha pasado ahí,” él dice. Ya está convirtiéndose en verde y eso, en verdad, no debería suceder.

En Nueva Zelanda tuvo otra mascota, una que casi hace que lo deportaran. Otago, famoso por sus pingüinos, se convirtió en un lugar de fascinación para Pfannenstiel, quien tenía una larga admiración para el animal.

Una noche, con el abrigo de la obscuridad, se puso un traje y tomó prestado un pingüino temporalmente para su casa.

"Ví a este pingüino y me dio mucha curiosidad, así que lo adopté como mi mascota,” rió Pfannenstiel.

"Me dijeron que no podía hacer eso. Así que unos días después fui y saqué uno.”

"Lo traje conmigo y lo puse en una bañera fría, pero no era feliz y de verdad apestaba a pescado.”

"El presidente del club vino a comer y vio que tenía al pingüino. Él dijo que era peligroso y que yo podía ser deportado por tener un pingüino en la bañera.”

Cuando no secuestra pingüinos o busca salvar al mundo, Pfannenstiel pasa su tiempo trabajando para el club alemán Bundesliga 1899 Hoffenheim.

Como cabeza de scouting y relaciones internacionales, el viaja por el planeta buscando jugadores talentosos que pueda llevar al club Bundesliga.

Él es analista de futbol en la televisión alemana y se ha convertido en una cara raconocida en la televisión del Reino Unido.

Él también trabaja con la FIFA y para la Asociación Alemana de Futbol como instructor de entrenamiento, enfocándose en educar a entrenadores de todo el mundo.

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"He tenido que pelear por todo desde que salí de prisión,” dice “Cuando regresé, me costó una fortuna. No tenía mucho dinero –lo único que tenía era un par de chanclas, un par de shorts, una playera y una bolsa llena de deudas.”

"Pero no me puedo quejar –al menos no estoy muerto.”

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