Ratones se mudan al New York Times

No dejan de lloverle críticas al nuevo edificio del periódico neoyorkino que costó 600 mdd; los empleados se quejan de los ratones, goteras o de los pocos ascensores que cierran muy rápid
El New York Times tiene extraños colaboradores en el nuevo e

El New York Times se acaba de mudar a un nuevo edificio de 600 millones de dólares, con 52 pisos, y de lo único que la gente quiere hablar es de los ratones. O de las goteras. O de los pocos ascensores.

"Habrá problemas (con un nuevo edificio). Y un tema muy típico son los ratones", dijo David Thurm, responsable de información de la compañía que supervisó el proyecto del edificio.

Diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano, el edificio domina el horizonte del lado oeste del centro de Manhattan y su antena sobresale a 348 metros de altura.

Incluso antes de que el último empleado del Times abandonara el viejo edificio a la vuelta de la esquina el 25 de junio, sitios de Internet de chismes y tabloides informaron acerca de los problemas con una estructura que la compañía elogió por ser excepcionalmente inteligente y ecológica.

La oficina del editor en jefe Bill Keller, en el tercer piso, tuvo una gotera luego de una tormenta, pero Keller lo minimizó. "Goteó durante aproximadamente una hora", observó.

Las últimas informaciones de www.gawker.com y el New York Post apuntaron a una plaga de ratones, un hecho común en Nueva York.

"Es algo fácil de qué ocuparse y nos estamos ocupando", dijo Thurm. "No es que el Flautista de Hamelín viene a nuestro hall de entrada", agregó.

Bajo un titular en el que se leía "Terror en el Times", el Post aseguró que los empleados estaban tapándose la nariz ante el olor a ratones muertos en estado de putrefacción, pero Thurm dijo que no había escuchado acerca de dichas quejas.

Thurm está orgulloso de los techos altos, la amplia luz natural y el aire acondicionado automático y de persianas que aseguró reducen en un 30% la cuenta de electricidad de la compañía. Una planta generadora en el lugar provee del 40% de la energía del edificio.

Pero los empleados se quejan sobre los escasos ascensores, que dejan a muchos preguntándose en qué piso están y cuyas puertas les dan apenas unos segundos para subir o bajar antes de cerrarse.

Sin embargo, la mayoría elogió la cafetería, que dicen que tiene buenos precios y calidad.

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