Sindicatos hacen 'labor de campo'

Las agrupaciones sindicales de Brooklyn recorren las calles para verificar condiciones laborale para la agrupación Knickerbocker, lo importante es que la comunidad se identifique con ellos.
Los comercios hispanos de Brooklyn se unen para proteger sus
NUEVA YORK (AP) -

La diminuta y parlanchina mujer de Puebla, México, se ha pasado dos años visitando los comercios pequeños, las fruterías y las tiendas de venta de zapatillas en el barrio de inmigrantes de la avenida Knickerbocker en Brooklyn.

Recientemente, en una de sus rondas, abrazó a la mujer que vendía tamales frente a un carrito, señaló el taller lavacoches, que dice suele estar a cargo de menores de edad, y reveló que el comercio que sirve como lavandería y oficina de correos fue robado a pleno día.

''Cuando una está en la calle todo el día, sabe todo lo que ocurre'', dijo. ''Todo''.

Tapia es organizadora del sindicato de minoristas, mayoristas y tiendas por departamentos. Apenas dos de los aproximadamente 170 comercios de Knickerbocker están sindicalizados, pero organizar a los trabajadores es su segundo objetivo. Su prioridad es investigar las condiciones de trabajo, los accidentes laborales y las violaciones a salarios y horarios que afectan a los dependientes, cajeros y vendedores.

Es una de siete organizadores que trabajan en un barrio para el sindicato. Sus esfuerzos, parte de una pequeña pero creciente campaña sindical para luchar por trabajadores que podrían no incorporarse nunca a un sindicato, es tanto ingeniería social como organización.

La afiliación a los sindicatos ha declinado durante 25 años debido en parte a que estos han ''perdido conexión con las comunidades'', opinó Jonathan Tasini, director ejecutivo de la Asociación de Investigación Laboral, de financiación sindical. Las salas de los locales sindicales, que solían ser los centros comunitarios para la clase trabajadora urbana —el lugar donde conseguir empleo, jugar a los naipes, concertar una cita romántica— prácticamente han desaparecido.

''Un modo de pensar cómo nos conectamos con las comunidades es pensar hacerlo a nivel de calle, manzana y vecindario, y no sólo en el lugar de trabajo'', dijo Tasini.

El trabajo en Knickerbocker, donde la mitad de los comercios tenían trabajadores sindicalizados en los años 50, ''data de la época en que los sindicatos laborales eran vigorosos centros comunitarios'', afirmó.

Pero algunos promotores sindicales dicen que los esfuerzos comunitarios a pequeña escala no valen la pena; después de todo, los sindicatos tendrían que organizar cientos de miles de trabajadores para retomar la cifra de afiliados de los años 80.

''En el clima actual, el movimiento laboral no puede darse el lujo de dedicar sus recursos para uno o dos trabajadores por vez'', dijo Kate Bronfenbrenner, profesor de estudios laborales en la Universidad Cornell.

De todos modos, los sindicatos en todo el país, a menudo en combinación con grupos comunitarios, están tratando de contactar a los trabajadores no sindicalizados.

Una nueva organización nacional, la Sociedad para Familias Trabajadoras (Partnership for Working Families), asocia departamentos de investigación sindical con grupos comunitarios que tratan de atraer empleos para los trabajadores de vecindarios afectados por proyectos de desarrollo inmobiliario.

Sindicatos de California, en combinación con religiosos, han hecho campaña en favor de mejores salarios para los trabajadores pobres. Sindicatos de Nueva York han asistido una campaña en busca de mejor paga para los repartidores de restaurantes no sindicalizados.

Los grupos se han apuntado victorias. Trabajando con un grupo comunitario en Brooklyn llamado Haciendo Camino (Make the Road), el sindicato de trabajadores minoristas ha colaborado en casos civiles y arreglos extrajudiciales que han conseguido más de 600,000 dólares en salarios atrasados para trabajadores en Knickerbocker.

El sindicato de mayor crecimiento en la nación, el Sindicato Internacional de Empleados de Servicio (Service Employees International Union, SEIU, ha crecido promoviendo los derechos de porteros, guardias de seguridad y camareras de hotel mal pagos.

El SEIU ganó más de 200,000 miembros en dos años —para llegar a 1.9 millones de afiliados— a medida que negociaba contratos que, en algunos casos, duplicaron los salarios de los trabajadores. Uno de sus mayores éxitos en el 2007 fue cuando 22,000 empleadas domésticas pagadas por Medicaid de Massachusetts votaron en favor de organizarse. En otras campañas recientes, más de 8,000 trabajadoras de guarderías infantiles en Nueva York se incorporaron a la Federación Estadounidense de Maestros (American Federation of Teachers).

Jeff Eichler, coordinador del proyecto de organización sindical de 100,000 trabajadores minoristas, dijo que la mayoría de los esfuerzos sindicales tienden a aumentar el número de afiliados para después luchar por un contrato para los miembros. La tarea sindical en Knickerbocker, en cambio, se propone identificar el sindicato con la comunidad.

''Sólo un número reducido de gente pelea por contratos'', dijo. ''Un grupo mucho mayor es altamente explotado. Tenemos que participar teniendo en cuenta las necesidades y deseos de toda la fuerza laboral. Eso conduce a las luchas contractuales''.

El sindicato vino a Knickerbocker después que Haciendo Camino inició su esfuerzo por conseguir salarios atrasados y un amigo de Eichler le presentó al director de Haciendo Camino.

Tapia, de 38 años, se inició como organizadora hace siete años después que dirigió la campaña sindical en la fábrica textil donde trabajaba porque sintió que los propietarios trataban mal a la costureras envejecientes. Fue asignada a Knickerbocker, que recorre diariamente desde las oficinas de Haciendo Camino, para preguntar a cada trabajador con quien logra conversar acerca de salarios y lesiones.

Algunas victorias son pequeñas. De los dos comercios sindicalizados en la avenida, uno de ellos, Duane Read, es parte de una cadena sindicalizada. El sindicato organizó la tienda de calzado Footco, donde algunos trabajadores ganaban 4.75 dólares la hora. Ahora ganan por lo menos 8 dólares la hora, con seguro médico.

Otras victorias tienen mayor alcance. Un acuerdo en el 2005 ayudó a tres trabajadores a conseguir 70,000 dólares en salarios atrasados de Big Boss Discount Inc. Joel Flores, de 50 años, uno de ellos, dijo que había estado ganando 300 dólares por semana de 40 horas atendiendo las estanterías fuera del comercio en todo tipo de clima.

''Nos explotaban'', dijo. ''Nos pagaban muy poco''.

Flores sigue trabajando en la tienda, que no está sindicalizada. Con el arreglo, dijo que construyó una casa para su familia en México. Cuando se le preguntó si se afiliaría a un sindicato de poder hacerlo, respondió ''Por supuesto''.

Para Tapia, su actividad es vocacional. ''Mi esperanza es que, en el futuro, toda persona que venga en busca de trabajo no tenga que pensar ni preocuparse por su salario. Saben que serán bien pagos. Es lógico recibir días libres, días personales, días por enfermedad, beneficios. Es un derecho''.

 

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