Tesoro fantasma crea lucha internacional

Caza-tesoros de EU pelean en Colombia por el tesoro de un barco hundido que no han encontrado; el oro, plata y esmeraldas que supuestamente están al fondo del mar valen 2,000 mdd actuales.
A Harbeston ya no le sorprende nada, sigue buscando su tesor  (Foto: )
BOGOTA (AP) -

El galeón español San José estaba intentando escapar de una flota británica cerca de costas colombianas el 8 de junio de 1708 cuando una misteriosa explosión lo envió 210 metros al fondo del mar con oro, plata y esmeraldas valuadas actualmente en 2,000 millones de dólares.

Tres siglos después, la Corte Suprema colombiana se pronunciará esta semana en torno a un amargo litigio legal y político entre el gobierno nacional y un grupo de inversionistas estadounidenses que aspiran a quedarse con una parte de lo que se considera el tesoro más valioso de la historia hallado en un barco hundido.

Uno que espera ansiosamente el fallo es Jack Harbeston, el director de la compañía de rescate de tesoros Sea Search Armada, quien ha enfrentado en los tribunales a siete presidentes colombianos a lo largo de dos décadas para reclamar la mitad del tesoro submarino.

''De haber sabido que iba a tomar tanto tiempo, no habría empezado todo esto'', dijo Harbeston, de 75 años, residente en Bellevue, Washington, Estados Unidos.

En 1982, Sea Search anunció al mundo que encontró el San José reposando a más de 210 metros de la superficie del mar a pocos kilómetros de la costa de Cartagena.

Bajo leyes marinas, quien localice los restos de un naufragio tiene el derecho de recuperarlo.

Harbeston alega que junto a unos 100 inversionistas estadounidenses destinaron 12 millones de dólares a encontrar el galeón amparados por un trato suscrito en 1979 con Colombia que les permitía la búsqueda del tesoro.

Pero todo cambió en 1984, cuando el presidente colombiano Belisario Betancourt firmó un decreto reduciendo la participación de Sea Search del 50% al 5% como cuota para el descubridor.

Los sucesivos gobierno han argumentado que la agencia marítima colombiana nunca tuvo potestad de autorizar exploraciones a Sea Search porque el barco hundido es parte del patrimonio cultural del país. El despacho del actual presidente, Alvaro Uribe, declinó discutir la decisión judicial pendiente.

Harbeston calculó que si se vende a coleccionistas y museos, el tesoro del San José podría recaudar hasta 10.000 millones de dólares, más de un tercio de la deuda externa de Colombia.

El valor real es imposible de determinar porque los documentos del buque desaparecieron. Pero el San José era parte del único convoy español que intentó traer lingotes de oro y plata al rey Felipe V de Borbón durante la guerra de Sucesión con Inglaterra de 1701-1714.

''Sin duda el San José es el Santo Grial de los tesoros de barcos hundidos'', dijo Robert Cembrola, director del Museo del Colegio de Guerra Naval, en Rhode Island, Estados Unidos.

Tres cortes inferiores dictaminaron a favor de que Sea Search conservara la mitad de lo que se recupere. Varios congresistas estadounidenses y el Departamento de Estado han tomado parte, advirtiendo a sucesivos presidentes colombianos que una expropiación ''de facto'' pondría en peligro los privilegios comerciales que concede Estados Unidos a Colombia.

Un ex abogado en el caso, Luis Felipe Barrios, dijo que la presión de Washington era tan intensa que a finales de los 90 recibió un fax del ex senador Jesse Helms, por entonces jefe del comité de Relaciones Exteriores del Senado, amenazándolo con revocar su visa.

''Era una alerta de que tenía los ojos puestos en el caso'', dijo Barrios.

Sumado a este drama moderno de piratas yace un misterio: algunos cuestionan que se sepa donde está el buque.

En 1984, Colombia contrató al cazador de tesoros Tommy Thompson para verificar las coordenadas de Sea Search y regresó sin nada. Thompson, un estadounidense, se encuentra desaparecido desde que supuestamente se quedó con un lote millonario de inversionistas que patrocinaron otra búsqueda submarina.

Otro oceanógrafo, Mike Costin, que trabajó en un submarino comercial contratado por Sea Search en una de sus primeras expediciones, también duda.

''Encontramos algo, pero no creo que sea el San José'', dijo.

Un video subacuático tomado de los supuesto restos del buque muestra lo que parece una pila de tablas cubiertas por arrecife de coral.

''Pero si bebes una copa de vino, puede verse como cualquier cosa'', dijo Tony Dyakowski, un buscador de tesoros basado en Vancouver, Canadá. Dyakowski alegó haber descubierto bitácoras marinas que ubican al San José kilómetros más cerca de la costa.

Harbeston se encoge de hombros ante sus detractores y dice: ''si alguien está tan seguro que (el galeón) no está ahí, entonces ¿por qué no nos dejan concluir lo que hemos empezado?''.

En donde sea que repose el barco, arqueólogos marinos dicen que los avances en el buceo, la tecnología de sonares y detectores de metales permiten hallar cualquier barco hundido hoy día.

El problema es alejar a otros rivales para quienes el brillo del oro es irresistible.

''Es como cuando enciendes una linterna en el bosque y descubres todos los insectos que no sabías que estaban ahí y ahora están abalanzándose sobre tí'', dijo Peter Hess, un abogado que representa a buscadores de tesoros de naufragios.

Aparte de Sea Search, buscadores de tesoros rivales y el gobierno colombiano, España también exige soberanía sobre naves hundidas que llevaban su bandera. La semana pasada, reclamaron en una corte federal estadounidense hasta unos 500 millones de dólares por un tesoro colonial encontrado por una firma de Florida en el océano Atlántico.

A los arqueólogos también les preocupa la suerte de los barcos hundidos y dicen que una convención del 2001 de la Unesco prohibe la explotación comercial de herencia cultural sumergida en el mar.

''La gente olvida que el San José es una tumba marina de 600 hombres'', dijo Carla Rahn Phillips, una historiadora de la universidad de Minnesota y autora del libro ''El tesoro del San José''.

Con su fallo, la corte colombiana también afectará a otras compañías de búsqueda de tesoros deseosas de hallar más de 1.000 galeones y naves mercantes que se cree se hundieron en los arrecifes de coral de Colombia durante más de tres siglos de la colonia española. Casi ninguno ha sido descubierto por el limbo legal que ronda el caso del San José.

Daniel de Narvaez, un buceador que espera rescatar los restos de un naufragio cerca de la isla de San Andrés, dijo que dada la larga y tortuosa batalla legal, el fallo puede favorecer a cualquiera.

''Después de una experiencia tan trágica y risible, ya nada me sorprende'', dijo.

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