El euro sube, como el champán

Si planea dar esta Navidad artículos importados de firmas italianas o españolas, piénselo dos v mientras el dólar cae, el precio de los artículos importados desde Europa aumenta.
Las importaciones de Europa, cada vez más caras. (Dreamstime
Suzanne Kapner

A medida que el euro continúe su marcha ascendente con respecto al dólar, los estadounidenses y países latinoamericanos deben prepararse para un significativo aumento en los precios de los artículos europeos importados, desde productos de diseñador hasta el champán.

Desde enero el valor del euro ha aumentado más del 10% en relación al dólar, que tocó un récord mínimo el lunes pasado. Hoy, un dólar equivale a 69 céntimos de euro, una cifra muy distante a la conversión del 2002, cuando obtenías 1.10 euros por un dólar americano.

El deterioro del dólar está causando estragos en las empresas minoristas de EU, cuyo presupuesto en dólares ahora alcanza para menos productos europeos. Eso se traduce para los consumidores en un alza en los precios, que en algunos casos llega al 50%.

“Vemos en los precios un aumento generalizado hasta de dos dígitos” afirmó Ron Frasch, jefe comercial de la tienda Saks, que actualmente hace pedidos a diseñadores europeos para la temporada de otoño.

Un traje de la firma italiana Ermenegildo Zegna que hoy cuesta 1,995 dólares costará el año entrante 2,195 dólares, explica Frasch. Otro artículo que ha registrado un alza considerable son los zapatos de diseñador, con un precio de 900 dólares el par, comparado con los 600 dólares que costaban el año pasado.

Los diseñadores de moda europeos no son los únicos que sufren la subida meteórica del euro, también sienten sus efectos los fabricantes italianos de muebles, la industria automotriz alemana, los viticultores de champán francés y los productores de oliva en España. “Observamos un aumento del 30% en nuestros costos” declara Loris Scagliarini, cuya empresa en California importa desde Italia una variedad de productos como vino y aceite de oliva.

Es algo sabido que el deterioro de la divisa de un país tiende a beneficiar las exportaciones, pues son más baratas alrededor del mundo, pero al mismo tiempo perjudica las importaciones, haciéndolas más costosas.

Según informes del Departamento de Comercio de EU, durante los primeros ocho meses del 2007 los estadounidenses importaron menos artículos de la Unión Europea (54 mil 600 millones de kilos, comparados con los 63 mil 600 millones en el mismo periodo del 2006), pero pagaron más por ellos (234 mil millones de dólares, contra los 222 mil mdd del año anterior).

La disparidad en las divisas ha convertido a EU en un centro comercial para extranjeros. “Claramente advertimos una afluencia de compradores extranjeros” sostiene Stephen Sadove, CEO de Saks. La tienda de la Quinta Avenida recibió en días recientes a un grupo de 25 mujeres provenientes de Islandia que viajaron a Nueva York en jet privado sólo para pasar un fin de semana de compras.

Hasta el momento, muchas empresas minoristas de origen europeo han absorbido el aumento del euro recurriendo a contratos de cobertura y trasladando la manufactura a Asia y EU. Mercedes-Benz, por ejemplo, que ha mantenido los precios a sus consumidores estadounidenses, fabrica en Alabama más de una cuarta parte de los autos que se venden en el mismo país.

Sin embargo, estas medidas que intentan refrenar los precios no funcionarán indefinidamente. Los contratos de cobertura expiran y hay un límite para la eficiencia que las manufacturadoras puedan exprimirle a su cadena de suministros. “Intentamos absorber el impacto de la desigualdad de las divisas, pero si el dólar continúa cayendo, no será factible para nosotros cargar con el 100% del costo extra” advirtió Robert Triefus, un portavoz de Giorgio Armani.

Los microempresarios están entre los más golpeados, el diseñador británico Nicholas Kirkwood dijo que se vio obligado a subir un 10% el precio de sus zapatos hechos en Italia para mantener los márgenes de beneficio. Costando hoy mil dólares, sus zapatos son muy caros incluso para tiendas de lujo como Saks y Jeffrey, ambas minoristas decidieron no incluir su línea en el catálogo debido al alto precio.

Linda Dresner, dueña de tiendas minoristas en Nueva York y Birmingham, viajó hace poco a París para comprar mercancía. Cuando convirtió los precios de unos vestidos de la marca suiza Compagnie Financiere Richemont se quedó sorprendida: “Costarían 5 mil dólares cada uno en EU, es demasiado caro para nuestros clientes.”

Algunas compañías automotrices esperan que los altos precios sean apetecibles si a los consumidores se les ofrece algo más. La Serie 3 del BMW y el Volvo S80 del 2007 son 6% y 11% más caros respectivamente que los anteriores modelos, pero han sido rediseñados y cuentan con motores más eficientes, de acuerdo a la guía Kelley Blue Book.

Otras empresas manufacturadoras están compensando los precios al usar materiales menos costosos. “Muchos fabricantes de muebles americanos que antes usaban armazones provenientes de Italia o España, ahora los consiguen en Asia” afirma Mark Bograd, propietario de una mueblería en Nueva Jersey.

Aún no está claro si los elevados costos están afectando la demanda, pero hasta el momento el gasto añadido no ha apagado la sed de los norteamericanos por vinos europeos. Las importaciones de licores franceses e italianos han crecido más de 4 millones de galones durante el año pasado, de acuerdo al Grupo Adam's Beverage.

No obstante, si los precios de los productos europeos siguen su escalada, los consumidores estadounidenses se verán obligados a abstenerse de tomar vinos y vestir con ropa de marca.

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